sábado, 17 de mayo de 2014

LA SOSTENIBILIDAD, UN CONCEPTO NO TAN SENCILLO

El término sosteniblidad se hizo popular a partir del  Informe Bruntland[1], elaborado en 1987 por la Comisión  Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, para las Naciones Unidas.

El Informe Bruntland definió el desarrollo sostenible como:

Aquel que satisface las necesidades de las presentes generaciones sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”.

Aparentemente, la definición es clara y sencilla, pero  un análisis  más profundo pone  de manifiesto algunas dificultades.



Algunos economistas[2] han criticado la poca  aplicabilidad práctica del enunciado, debido a la falta de indicadores cuantificables. De hecho, una interpretación literal puede conducir a absurdos, como tener que preservar todo tipo de recursos no renovables para garantizar todas las opciones de las generaciones futuras. 

Como alternativa, se han ido proponiendo definiciones  más operativas que vinculan, por ejemplo,  la sostenibilidad con el hecho de que la reserva total de recursos no decrezca con el tiempo. La reserva total incluye no sólo los recursos no renovables, sino también el capital humano. En este supuesto, el uso de recursos es admisible mientras no disminuya la reserva total. Ahora bien, este concepto es también en sí mismo problemático, y requiere disponer de métodos  precisos para la evaluación de recursos.
Ciertamente, en los años siguientes a 1987  algunos autores[3] trabajaron sobre este tema buscando indicadores empíricos que cuantificasen la relación entre economía y ecología. Sin embargo, es indicativo del punto al que llega la cuestión el hecho de que BRINK (1991)[4] afirme que  la sostenibilidad requiere de elecciones políticas que tienen que ser continuamente ajustadas como resultado de nuevos conocimientos, de cambios en los requerimientos sociales, o de desarrollos imprevistos de los sistemas económicos o ecológicos.

REDCLIFT, desde una perspectiva neo-marxista,  pone el acento en la atención  a las necesidades esenciales de los pobres del mundo. Utiliza parte del aparato conceptual marxista para realizar un análisis histórico de la interrelación entre desarrollo y medio ambiente que  denuncia las limitaciones de aquellos enfoques que se centran solamente en  el problema del crecimiento económico. Existe un proceso histórico, dice REDCLIFT, en el que la utilización de los recursos por parte de las naciones más industrializadas ha ido unida a la explotación de los recursos de los países del sur. El desarrollo no puede continuar en los términos actuales, a no ser que se infrinjan daños ambientales inaceptables, como consecuencia de que la economía globalizada  ignora los objetivos ambientales de los países subdesarrollados.

REDCLIFT[5] afirma que sólo cambios profundos en los poderes políticos locales, nacionales e internacionales pueden conducir al desarrollo sostenible, y que el  medio físico no es el factor fundamental,  y que por lo tanto, es  el control del poder político el que resulta determinante, concluye de esto que hace falta que la clase trabajadora en los países en desarrollo alcance el poder político, porque es esperable que los objetivos de desarrollo que se fijen los trabajadores a sí mismos sean sostenibles.

En contraste con REDCLIFT, STANLEY CARPENTER[6] hace de la protección del medio ambiente, en sí misma, el aspecto más importante del desarrollo sostenible. CARPENTER afirma que el Informe Brundtland trata de conciliar dos metas que son irreconciliables: intensificar el crecimiento y evitar la degradación ambiental. Apoya esta afirmación en una reflexión basada en las aportaciones que provienen de la filosofía de la ciencia.

Existe, dice CARPENTER, una inconmensurabilidad[7] estructural entre un modelo económico basado en el crecimiento y otro basado en la estabilidad.[8]. CARPENTER cita  a MARK SAGOFF[9]  para caracterizar la inconmensurabilidad entre dos enfoques económicos distintos. Por un lado, la economía puede concebirse como el dominio de las teorías micro y macroeconómicas, con modelos sofisticados cuantitativos, situados sobre el trasfondo de la epistemología positivista, de lo que se sigue una dicotomía clara entre hechos y valores, y la procedencia de excluir las cuestiones éticas. Por otra parte, la economía puede concebirse como una práctica cargada de valores que surgen de las contribuciones de la religión, de la literatura, de la ciencia y de todo pensamiento humano que resulta de la cooperación. La racionalidad, en este segundo planteamiento, tiene que ver con ser honesto, no coercitivo,  evitar el dogmatismo;  consiste, por ejemplo,  en: “No reclamar que los resultados que uno ha obtenido deben ser aceptados porque  se corresponden con la realidad”.

La nueva economía de la sotenibilidad, de acuerdo con CARPENTER,  debe asociarse con este segundo modelo en el que la sostenibilidad es algo más que una definición técnica.

En definitiva, lo que quiere destacar CARPENTER es que las diferencias entre la concepción económica basada en el crecimiento, y la que se basa en la sostenibilidad, son más profundas de lo que deja traslucir la definición al uso.  La diferencia fundamental no está en el uso eficiente o ineficiente de los recursos, sino en una distinta concepción sobre aquello en qué consiste la prosperidad del ser humano.

Tiene que ver con lo que se entiende por  “buena vida”, algo que va más allá de la economía y la política, y que implica cambios de mentalidad, lo que convierte en  un asunto muy complejo formular políticas y acciones tecnológicamente sostenibles.

El crecimiento indefinido, añade, amenaza la autopoiesis, es decir, la capacidad de la vida en la tierra para auto-regenerarse; por ello, lo que propone, en consecuencia, es cambiar radicalmente el modo de pensar consumista de los países desarrollados, como único camino hacia una sociedad sostenible.

En la misma línea se sitúa  VANDANA SHIVA[10], es decir, en la crítica abierta a los modelos económicos neoclásicos. Cita a ROBERT SOLOW para argumentar que lo que algunos tratan de sostener es el desarrollo, no de sostener la naturaleza. Sostener la naturaleza significa mantener la integridad de sus procesos, ciclos y ritmos; cuestiones que no están tenidas en cuenta en los modelos económicos estándar.

WOLFGANG SACHS[11] se ha ocupado también de los aspectos más estrictamente filosóficos de la cuestión. Se ha referido al desarrollo como un “monumento a la inmodestia”,  y añade, junto con Esteva:

“La sostenibilidad es una utopía que se basa en el alto valor que la cultura occidental  da al concepto de desarrollo. Falta de desarrollo se identifica con estancamiento. A su vez, desarrollo se identifica con crecimiento, evolución, maduración o modernización[12].

Oponerse al desarrollo, defiende SACHS, no es reaccionario, puesto que: “Las culturas no occidentales pueden enseñarnos que la limitación de los niveles de producción material  no limita la gama de futuros abiertos a las sociedades. Futuros que incluyen el cultivo de los ideales que emergen de las distintas herencias culturales”.

Hablar de sostenibilidad, no es pues tan sencillo.





[1] “Our common future”, 1987.  Se le conoce como informe Bruntland.
[2] Bojo, Maler, Unemo (1990):” Environment and Development: an economic approach”
[3]  Kuik, Verbruggen, In search of indicators of sustainable development, 1991a. in search of sustainable development. An overview, 1991b

[4] Brink, B., (1991): ”The AMEBA approach as a useful tool for establishing sustainable development”
[5] Redclift, M., (1987): “Sustainable Development: Exploring de Contradictions”
[6] Carpenter, S.,  (1991): “Inventing sustainable technologies”
[7] Este tipo de inconmensurabilidad se da cuando dos sistemas conceptuales fallan al evaluar una misma situación, de tal forma que no hay una correspondencia uno a uno entre los conceptos de los dos sistemas. Los desacuerdos no se producen tanto en las respuestas que se dan sino en las preguntas que pueden hacerse legítimamente y en si estas se  consideran o no cruciales desde cada punto de vista. Los investigadores pertenecientes a un sistema son incapaces de hacerse una imagen adecuada de las concepciones de la otra parte en los términos de referencia de la suya propia.
[8] Carpenter toma esta caracterización de Joseph Margolis.
[9] Sagoff, M:, “The economy of the earth”, N. York, Cambridge U. Press, 1988
[10] Vandana Shiva (1988): “Staying alive: women, ecology and survival in India”
[11] Sachs (1989): “Bygone  Splendor. On the archeology of  the development idea”
[12] Esteva, G., “Development”, 1992. Esteva es colaborador de Sachs. 

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