martes, 17 de diciembre de 2019

LOS SOFISTAS DE ATENAS SIN SIMPLIFICACIONES

Atenas, siglo V ANE.  Una multitud de grandes nombres y obras deslumbrantes: «el siglo de Pericles». Después de su papel en las guerras médicas, Atenas es la ciudad más poderosa de Grecia.  Su marina le asegura el dominio del mar y está a la cabeza de un verdadero imperio marítimo. 

En el último tercio del siglo la guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta. Durante la guerra, una guerra larga, Sófocles y Eurípides escribieron sus tragedias y Aristófanes produjo sus comedias. 

Sócrates frecuentaba las calles de la ciudad, discutiendo con jóvenes aristócratas y descubriéndoles ideas nuevas que hoy conocemos por dos de sus discípulos: Platón y Jenofonte. 

Toda esta actividad intelectual se prolongó hasta el final del siglo. La derrota ateniense puso fin a la guerra en el año 404. Por entonces hacía veinticinco años que Pericles había muerto y, poco después, morirían Sófocles y Eurípides.

Sócrates sería condenado a muerte en el año 399 y Tucídides, el autor de una historia audazmante lúcida de la guerra del Peloponeso, desaparecería alrededor de esa misma fecha.
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 Los grandes sofistas en la Atenas de Pericles 

JACQUELINE DE ROMILLY de la Academia Francesa

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Este siglo y este contexto es también el de los sofistas, de lo que tenemos muy pocos textos, apenas una veintena de folios, y cuya referencia principal es Platón, que los presenta siempre para ser refutados por Sócrates.

Aun en la visión transmitida por Platón queda claro que los sofistas fueron grandes maestros, la pregunta es si fueron malos maestros.

Dice Romilly:

"...se les ha acusado de todo: de haber deteriorado la moral,
de haber rechazado todas las verdades, de haber sembrado
la mala fe, de haber soliviantado las ambiciones, de haber
perdido a Atenas. Platón tuvo su papel en este movimiento
de protesta; pero no fue el único. Y el resultado fue que este
bello título que habían adquirido al llamarse «sofistas», es
decir, especialistas en sabiduría, se convirtió en seguida, y
así ha continuado hasta nuestro tiempo, en sinónimo de
hombres retorcidos. ¿Por qué? ".

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Resultado de imagen de trasimacoDistinguimos para empezar tres perfiles distintos: el sabio, el filósofo y el sofista.

Ser sabio sugiere un estado en el que se está respecto del saber. El filosofo se presenta más bien como un aspiración paciente que requiere de un recorrido por un camino largo. El sofista, sin embargo, es un profesional.

El listado de los grandes sofistas es el siguiente:

Protágoras, que venía de Ábdera, en el Norte, lindando con Tracia; Gorgias, que venía de Sicilia; Pródico, que procedía de la pequeña isla de Keos; Hipias, que venía de Elis, en el Peloponeso; Trasímaco, que procedía de Calcedonia, en Asia Menor.


El sofista es un profesional de éxito, que cobra por enseñar, en algunos casos, sumas importantes.

¿Qué enseñan?: hablar en público y defender sus ideas con argumentos ante la asamblea o ante un tribunal. Habilidades fundamentales en una ciudad en la que las decisiones importantes se toman en la asamblea.

Ninguno de los grandes sofistas es originario de Atenas, pero todos ellos confluyen en Atenas. Eso significa que el impulso de las nuevas ideas está por todo el territorio griego, pero el catalizador de su éxito es la Atenas de Pericles.

Las razones de la convergencia intelectual en Atenas son varias: primero el poder, obtenido tras la victoria en las guerras médicas. En este caso. po
der va unido a riqueza, y la riqueza se traduce en lujo y belleza, que son en definitiva un polo de atracción. Por otra  parte, Atenas encarna la libertad política, sobre todo después de las reformas del 460, cuando Pericles accede al poder. En realidad, la victoria en la guerra y las reformas democráticas tienen un denominador común: la flota, formada por marineros del pueblo, que se sienten  y son protagonistas de la hegemonía de Atenas. 

(Los remeros de la flota no parecen tener un protagonismo en el arranque de la democracia en tiempos de Clístenes, pero sí en su consolidación, después de que Temístocles ponga a la flota en el centro de la estrategia durante la guerra contra los persas). 
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Añade Romilly:

"Atenas era una democracia directa: todos podían esperar,

si sabían expresarse, hacerse un nombre y adquirir
influencia. Quienquiera que tuviese la posibilidad de ser
escuchado debía cultivar sus talentos a toda costa: de este
modo podría intervenir en la asamblea o defender una causa
ante un tribunal. En cuanto a los demás, se entrenaban
para comprender, criticar, apreciar: ya que al final podrían
votar, también ellos, sobre las cuestiones de política o sobre
las causas jurídicas. Saber debatir o juzgar era esencial
para el ciudadano de una urbe semejante. Y aún lo era más
para los jóvenes dotados, capaces de tomar parte en las
luchas políticas".

Para cultivar esos talentos, para saber debatir o juzgar, es para lo que era sumamente útil el profesor sofista.

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Lo que enseñan los sofistas es sin duda una novedad, puesto que no había en Atenas nada parecido a un enseñanza superior universitaria. A los niños se les enseñaba educación física, música y gramática; y con eso ya estaba todo lo necesario. 
Resultado de imagen de palestra griega
Que la enseñanza continúe más allá de la niñez es nuevo, pero es todavía más novedoso, revolucionario, el para qué de la esa educación. Les resulta a  muchos desconcertante que en vez de la gimnasia que prepara para la guerra, se eduque en habilidades intelectuales que preparan para la política: ¡¿argumentar con la palabra en vez de usar el argumento de la fuerza?¡

Hay ahí, sin duda, una tensión entre lo nuevo y lo tradicional. Aristófanes se burlará de los nuevos jóvenes intelectuales, de cara pálida; y Eurípides hará lo mismo con los deportista de lengua corta. 

Pero hay algo mucho más profundo en la novedad de la propuesta de los sofistas.  La verdadera revolución de los sofistas es
precisamente haber alzado la enseñanza frente a la naturaleza
y contra ella, y haber considerado que el mérito se

aprendía con su contacto. Es una carga de profundidad lanzada contra la aristocracia de sangre, que hereda sus virtudes por nacimiento, por lo cual el aristócrata es grande por su naturaleza. 

El diálogo de Platón el Menón, versa de
principio a fin sobre el mismo problema; las primeras palabras
son: «¿Podrías decirme, Sócrates, si la virtud se
adquiere por medio de la enseñanza, o por el ejercicio, o si
no resulta ni de la enseñanza ni del ejercicio, sino que viene
dada al hombre por la naturaleza, o por alguna otra causa?". 

Sócrates cree con los sofistas que la virtud puede aprenderse. La diferencia es matizada:  no con la celeridad que pretenden los sofistas ni con el fin que persiguen: el éxito, sino para el servicio de lo justo. Qué es lo justo, ese es otro problema. 

Más aun, esta controversia trasciende los límites de Atenas. Durante la guerra del Peloponeso, entre Atenas y Esparta, Tucídides presenta la guerra dominada por la oposición entre dos normas de excelencia y dos formas de valor: los atenienses representan el valor lúcido, nacido de la experiencia y de una técnica razonada; el de los lacedemonios se basa en la valentía innata y en la tradición: el valor de lo nuevo contra el valor de lo de siempre. No es extraño que el punto más alto de la sofistica se produzca durante la guerra, alrededor del año  424. Y que perdida la guerra se cuestione todo lo que pudo hacer que se perdiera.  


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Si lo anterior trata del para qué: enseñar para el éxito superando las carencias naturales si la hubiera; falta ahora decir el qué. 

El qué de la retórica. 

La retórica de los sofistas Suministraba
marcos, ejemplos de argumentos, tipos de razonamientos,
lugares comunes; ofrecía modelos y esquemas. 

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Los sofistas más grandes: Gorgias y Protágoras

Gorgias dejará un marca en los estilos de la retórica: las «figuras a lo Gorgias».
Intentó recalcar efectos como la antítesis mediante toda clase de procedimientos: las asonancias finales, o rimas, la igualdad del numero de silabas, el empleo de términos paralelos, ya sea en su formación, ya en su sonoridad, ya en su valor métrico... Una prosa tan trabajada da, tanto como la poesía, la impresión de que ni una sílaba se ha dejado al
azar.

"Con su muerte, el pesar que inspiran no
está muerto: inmortal, sobrevive en seres no inmortales,
mientras ellos no sobreviven".

La magia de la palabra para jugar con las pasiones. Para alentarlas o para calmarlas. Esto ya presagia bastantes características alarmantes. Las pasiones son peligrosas, y este juego con las opiniones supone un desprecio de lo verdadero y lo justo. El más alarmado es Sócrates.

Protágoras sentará las bases dialécticas de toda argumentación.

Pero más importante, se ocupa del tema de la verdad.

Es autor de un tratado titulado La verdad. En el principio de este tratado declara: 

«El hombre es la medida de todas las cosas: para las que son, medida de su
ser; para las que no son, medida de su no ser» : no hay verdad fuera de la sensación y de la opinión, nuestras apreciaciones son subjetivas y relativas; sólo valen para nosotros".

Declaraciones revolucionarias: después de siglos religiosos, después de las filosofías del cosmos, inauguraban un relativismo total que no dejaba subsistir nada trascendente o asegurado.

¿Pero hasta qué punto este relativismo deja las cosas en suspenso?

En las piezas oratorias del teatro, o en la investigación histórica de Tucidides, 

"los pares de discursos, los «lógoi
opuestos», y el arte de fortalecer el argumento débil, es
decir, los dos elementos del programa de Protágoras, se
convierten en un medio de investigación y evaluación que
permite delimitar de la manera más objetiva posible una
verdad de elementos complejos que a partir de entonces se
tornan inteligibles". 

En cierto modo, el programa de Protágoras y la mayéutica dialógica de Sócrates no están finalmente tan alejadas. 

La diferencia puede estar en que en el programa de Protágoras permite, o a veces exige, si así conviene, tomar partido desde el principio y defender lo que el llama el argumento más débil. En el caso de Sócrates no hay en principio un prejuicio y se está a lo que resulte de la argumentación. que suele no ser finalmente concluyente.

Es esta falta de conclusión, la falta del cierre de la definición, cuyos límites quedan finalmente borrosos, de lo que se ocupará Platón prácticamente durante toda su vida, buscando una objetividad inatacable en un elemento objetivo externo, separado, no subjetivo: las ideas. 


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lunes, 9 de diciembre de 2019

ARISTOTELES. LA ESTRUTURA RELACIONAL PROS HEN. La solución a las aporías platónicas.

Resultado de imagen de causalidad aristotelesUno de los motivos por los que la filosofía de Aristóteles ha sido interpretada de muy distintas maneras es la objetiva dificultad que presenta la lectura de los 14 libros de la metafísica (filosofía primera). 

Se plantea, sin duda, un arduo problema cuando se trata de componer un argumento cerrado a partir del material que se expone en esos textos.

Lo que no hay que perder de vista, para acercarnos a una mejor compresión de estos libros, son los problemas que Aristóteles trata de resolver. Sólo entonces van apareciendo con más claridad los aparatos conceptuales que utiliza para resolverlos. Uno de esos aparatos es la estructura relacional pros hen.

Siempre en Aristóteles hay que acudir primero a PLatón, pues en definitiva el aristotelismo es un platonismo crítico. Es con Platón con quien discute. Un problema básico con el que se encuentra Platón, a partir de la crisis que se inicia con el dialogo Parménides, es la relación entre las ideas y el mundo sensible. Vaya por el camino que vaya, siempre acaba apareciendo el problema del "tercer hombre". Siempre hace falta indefinidamente, hasta el infinito,  un elemento relacional más, un conector más.

El primer paso que da Aristóteles es desde luego prescindir de las ideas separadas. Pero eso no es suficiente para resolver los problemas de conexión,  que aparecen ahora entre las categorías y la ousia,  y entre los distintos modos de ser de la ousia (cuya mejor traducción es la de entidad). Para resolver estas conexiones introduce la estructura relacional pros hen, a la que los manuales suelen mezclar con la relación por analogía. Veremos que esa estructura es fundamental para resolver varios tipos de conexión, y que se distingue de la relación por analogía.

Homónimos, sinónimos, analogía y estructura pros hen.

Una misma palabra puede designar dos cosas totalmente distintas. Un gato puede hacer referencia a un animal o a una herramienta. Es una homonimia que constituye una  relación equívoca. La expresión "Tráeme el gato", puede inducir a equívocos en determinadas situaciones en las que no queda aclarada la referencia por falta de contexto. 

Por otra parte, dos palabras distintas  pueden hacer referencia a una misma cosa. Son los sinónimos, que establecen un relación de sinonimia.

Pero existen otras posibilidades. Con la palabra león se puede hacer referencia a un animal o un hombre valeroso. Parece en principio una homonimia, pero no lo es del todo porque existe una relación entre las dos referencias: el valor. Podemos decir que el león y el hombre al que llamamos león son semejantes por ser ambos valerosos. Para esta semejanza podemos emplear la expresión analogía. Podemos decir que al hombre valeroso le llamamos león por analogía. 

Podemos reservar finalmente la calificación de relación pros hen (hacia uno) a otro tipo de relación en la que precisamente el modo de relación es lo diferente.

Resultado de imagen de cesto de frutasUn ejemplo es lo que puede ser más clarificador en este caso.

Dos cosas tan diversas como un cesto de fruta y la fiebre pueden aparecer ambas relacionadas con un polo relacional: el estar sano

En el caso del cesto de frutas la relación con el polo (estar sano) se produce porque puede contribuir a ello; en el caso de la fiebre la relación se produce porque tenerla o no tenerla es un síntoma de estar sano o no estarlo. 

El esquema es el siguiente: tenemos unos elementos E1,..En; que se relacionan mediante relaciones R1,...,Rn; con un polo relacional P. 

(La expresiones polo relacional o focal meaning son discutibles y existen otras alternativas mejores como unidad de convergencia). 

La relación pros hen como solución a los problemas de conexión platónicos

La relación pros hen es propuesta por Aristóteles como la estructura relacional  que le va a servir para salvar ciertos problemas graves de conexión que habían estado presentes de forma pertinaz en el platonismo: la conexión entre las ideas y las cosas. Por otro lado, es también solución a la búsqueda del limite como unidad indivisible, principio y causa. 

El pros hen categorial 

Entre la categoría sujeto (la entidad sustancial) y las categorías  predicado que se aplican a ella existe una conexión modal, es decir, una relación pros hen, en la que la unidad de convergencia es la entidad. 

Las categorías del predicado están relacionadas con la entidad, unas por el lugar, otras por el tiempo, por lo cantidad, la posición, etc. 

El pros hen de la entidad y la búsqueda de la primera entidad.

La entidad es múltiple. El ser se dice de distintas maneras, Se nos presenta aquí entonces con toda claridad la homonimia del ser. 

Entidades son tanto los géneros como las especies, como los individuos. Y lo es también el alma. Son modos de ser de la entidad, que no es entonces una unidad indivisible. Podemos pensar, en consecuencia, si estos distintos modos de ser tienen una unidad de convergencia pros hen y si este es el camino para la búsqueda del límite como unidad indivisible.  

Los géneros y las especies se nos presentan como claramente divisibles en número. La cuestión es si el individuo es la unidad indivisible que buscamos. la respuesta para Aristóteles es que la entidad individual es un compuesto de materia y forma, potencia y acto, movimiento y acción. 

Para la homonimia que se da en la entidad individual se tiene una relación pros hen autorreferencial. La materia, la forma y el compuesto convergen hacia la forma. 

Avanzamos por este camino para hallar el límite, unidad indivisible. 

En los seres vivos, la forma es el alma. Este es desde luego un asunto crucial. Si la entidad es un compuesto de materia y forma, cuál el modo de conexión de la materia y la forma. No puede introducirse aquí un tercer elemento que sirva de enlace, pues de este modo caemos ineludiblemente en el problema del tercer hombre, con el que se había encontrado Platón postulando las ideas separadas ( si el enlace es algo distinto de la forma y de la materia, ¿cómo se une ese enlace con la materia que es distinto de él?).

Tanto la materia, como la forma, como el compuesto convergen hacia la forma, en cada caso de un modo distinto, es decir con una relación pros hen. 

De ahí se deduce que la primera entidad no es el individuo, ni mucho menos el universal. la primera entidad en los seres vivos es el alma. 

Ahora bien, el alma se dice de dos maneras, por lo que aún no hemos encontrado realmente la primera entidad, la primera causa del ser, el límite de la homonimia. El alma se dice como alma potencial, vida potencial, y como vida actual, en acción. El alma potencial no puede ser primera entidad porque muere con el cuerpo.

Pero hay un alma en acción comunitaria, y este alma comunitaria es acción, es praxis, no es movimiento: es acción y se da en la unidad de obra que se manifiesta como Verdad ontológica . De manera que la homonimia de la entidad encuentra el límite en el alma en acción, no en el alma individual. Este alma en acción, enérgeia , unidad de obra. Esta es por fin la primera entidad. 


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Más sobre este enfoque de la cuestión en:

LECCIONES ACTUALES DE ONTOLOGÍA GRIEGA
ARCAICA Y CLÁSICA

TERESA OÑATE Y ZUBÍA CON LA COLABORACIÓN DE FRANCISCO ROMERO MARTÍN
ALBERTO MORÁN ROA (Editor y Transcriptor)

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Estamos pues en Aristóteles resolviendo los problemas de conexión, pero también deshaciendo los equívocos de la homonimia, tan gratos a la sofistica, en tanto que permite utilizar las palabras según convenga. Tampoco se resiste Aristóteles a la univocidad absoluta, que estaría buscando Platón. El lenguaje no es un arma sino un lugar para la acción comunicativa. 

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CAMBIO CLIMÁTICO Y PODER. UNA MIRADA DESDE LA HERMENEUTICA DE LA SOSPECHA.


La especie humana siempre se ha visto sometida a las inclemencias del tiempo. 

La arqueología, la antropología, la geología y otras ramas del conocimiento, dan cuenta de numerosos episodios de variación climática, así como de los efectos que éstos tuvieron, en la evolución de la vida en el planeta y la evolución de nuestra especie.

Ciertamente, parecía que era ahora, en la sociedad contemporánea, cuando el clima se había convertido en un simple motivo de conversación menor.  Salvo episodios puntuales que afectaban a tal o cual colectivo, daba la impresión  de que el problema general estaba resuelto. Todo era cuestión de canalizar ciertas ayudas, o gestionar sistemas de seguros,  para paliar los daños producidos por algún meteoro más o menos extraordinario.

Sin embargo, en los años ochenta, surgen voces de alarma procedentes de la comunidad científica que avisan de grandes catástrofes que podrían tener su origen en cambios no esperados en el clima global del planeta. Si eso es así, el clima se convierte en un problema, en un problema global que no puede ser resuelto mediante soluciones paliativas puntuales.

El problema tiene al menos dos elementos clave. En primer lugar, se suscita un debate científico sobre si el cambio climático se produce o no,  si éste es el resultado exclusivo de la acción humana y el grado en que ésta interviene.  En segundo lugar, si se acepta el cambio climático como posible y se acepta como muy probable que su origen está en la acción humana, entonces viene obligada  la decisión sobre  cuáles son las  actuaciones que se han de llevar a cabo en dos frentes: las causas y los efectos del cambio. En el vocabulario de los expertos del cambio climático, se habla de estos dos lados de la cuestión como mitigación y adaptación, respectivamente.

Pero vayamos más despacio. En  la literatura científica, se suele citar a  SVANTE ARRHENIUS (1859-1927) como el primer científico que investigó el efecto que los combustibles fósiles podrían tener sobre el calentamiento de la atmósfera terrestre. En 1896 estableció la relación entre concentraciones de dióxido de carbono atmosférico y temperatura. ARRHENIUS Sugirió que una concentración doble de dióxido de carbono provocaría un aumento de temperatura de 5 grados centígrados, es más, junto con THOMAS CHAMBERLIN calculó que las actividades humanas podrían provocar un aumento de temperatura como consecuencia de la emisión continuada de dióxido de carbono a la atmósfera.

El tema se olvidó durante un tiempo, en el cual,  la comunidad científica era mayoritariamente de la opinión de que la actividad humana resultaba insignificante comparada con otras acciones naturales actuantes sobre el clima y que, en cualquier caso, estaba compensada por el efecto atenuador de los océanos.

A partir de 1940, sin embargo, se realizan mediciones de radiaciones de onda larga mediante las nuevas técnicas disponibles. GILBERT PLASS resume estos resultados en 1955 y concluye que la adición de dióxido de carbono  a la atmósfera capta la radiación infrarroja, que de otro modo se perdería hacia el espacio exterior, provocando un sobrecalentamiento de la Tierra. No obstante, el argumento de que los océanos absorben la mayor parte del dióxido de carbono permanece intacto y, por otra parte, se conocen por estos años curvas de temperaturas registradas que apuntan hacia una disminución de temperaturas en el intervalo 1940-1970. Paralelamente,  el estudio de los sedimentos oceánicos  parece mostrar que han existido no menos de 32 ciclos de calor-frío en los últimos 2,5 millones de años, en lugar de las cuatro glaciaciones, como se pensaba hasta entonces. Todo ello contribuye a que algunos científicos defiendan, en ese momento,  la tesis de un enfriamiento global,  y así lo divulgan algunos  medios de comunicación.

En los años ochenta, sin embargo, la curva de temperaturas comienza a subir. De hecho la curva de temperaturas muestra incrementos tan intensos que la teoría del que estamos ante un calentamiento global gana terreno.  En la base de la teoría había trabajos como el de Stephen Schneider, que  ya hablaba de calentamiento global en el año 1976. 

En las organizaciones para la defensa del medio ambiente y en los medios de comunicación la sensibilidad hacia este problema avanza muy rápidamente. Tanto es así, que en 1988 ya hay un reconocimiento suficientemente generalizado de que el clima es en ese momento más cálido que antes de 1880. Se da valor a la Teoría del Efecto Invernadero[2] y se establece el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPPC), que se crea bajo los auspicios del Programa Medioambiental de las Naciones Unidas[3] y la Organización Meteorológica mundial[4].

El IPCC se forma en un tiempo relativamente breve, con un equipo de 2500 científicos, pertenecientes a todos los campos de investigación que se considera pueden tener algo que ver con el problema. Se le reconoce pronto como el grupo de investigación más grande de la historia.

El caso es que en la década de los años noventa los científicos vuelven a cuestionarse la denominada Teoría del Calentamiento Global[5]. Esta vez el problema está en la fiabilidad de los datos y en la adecuación de los modelos, pero a esta renuencia de los primeros años de la década le sigue la constatación de que el año 1998 es el más cálido de todos lo registrados y son muy cálidos también el 2001, el 2002 y el 2003. A la vista de estos datos, muchos se toman el problema en serio y el debate sobre el cambio climático sostiene una presencia constante en los medios de comunicación.


Resultado de imagen de bali summit 2007Actualmente existe un consenso en la corriente científica principal sobre el hecho de que asistimos a un incremento global de la temperatura media del planeta. Asimismo se conviene en que la actividad humana tiene mucho que ver con este calentamiento. DONALD KENNEDY, editor en jefe de la revista Science, tituló un editorial en el año 2007 con la frase: “El clima: el partido ha terminado[6], asegurando que el cuarto informe del IPPC había cerrado el debate científico sobre el cambio climático para dejarlo en el punto en que sólo cabe debatir sobre las decisiones que hay que adoptar para combatirlo. Realmente, el año 2007 fue el gran año para la consolidación de las tesis del calentamiento global, mientras que el 2010 sería un mal año, con Copenhague y las secuelas del caso de los correos filtrados en la Universidad de East Anglia. 

Ciertamente, está claro lo que KENNEDY quiso decir con su afirmación: los que niegan el hecho de que se está produciendo un cambio en el clima han quedado en una posición marginal dentro de la comunidad científica, y por lo tanto, existe un consenso suficiente sobre este tema.

A la vista de esta situación, podría concluirse que la solución del problema  podría plantearse del modo siguiente: primero, atender las advertencias de los científicos de que es necesario un cambio tecnológico hacia una economía más baja en emisiones de carbono; y segundo, realizar los cambios tecnológicos adecuados, de la mano de los expertos, para implantar dicha tecnología. 

Sin embargo, si prestamos atención a los detalles,  el problema se nos presenta con mucha mayor complejidad.

En primer lugar,  los debates científicos siempre permanecen abiertos[7], y por lo tanto permanece abierta la posibilidad de que desde la ciencia procedan informaciones que reorienten la toma de decisiones tecnológicas. Esto supone, en la práctica política, un importante condicionante, porque determina la necesidad de deslindar entre las conclusiones científicas sólidamente asentadas y las cuestiones sobre las que permanecen incertidumbres todavía importantes, una demarcación necesaria para  tomar decisiones, necesaria pero en absoluto sencilla.

Por otro lado, los científicos no son actores aislados sino que forman parte del entramado social. La comunidad científica no está en un compartimiento estanco y es necesario considerar las interconexiones entre ésta y el resto de la sociedad. No es suficiente considerar los resultados científicos como  salidas de una caja negra de la cual se desconoce el funcionamiento interno ni tampoco ignorar las acciones externas sobre su actividad.

Todo ello dificulta enormemente el enunciado  de afirmaciones categóricas, que se quedan normalmente en el ámbito de lo cualitativo, o como mucho, se da un rango dentro del cual se mueve el resultado.

En un informe[8] de mayo de 2001, R. LINDZEN[9] expresaba la importancia de la cuantificación para la ciencia y las dificultades que ésta presenta en el  caso particular del cambio climático:

“El cambio climático es un asunto muy complejo en el que la simplificación conduce a la confusión. Mientras que la opinión pública y publicada, prestan su atención a los signos de aumento o disminución de tal o cual magnitud, la ciencia debe ocuparse de signos, pero también de los valores numéricos de las magnitudes”.

Realmente, insiste LINDZEN, en mucho de lo que los científicos están de acuerdo, hay poco de cuantitativo, de tal modo que las afirmaciones que se hacen tienen poca relevancia práctica puesto que no se  apoyan en cifras.

A pesar de que los medios de comunicación y los grupos conservacionistas advierten de consecuencias muy concretas del cambio climático (elevación del nivel del mar, inundaciones, sequías, climas extremos, plagas, eliminación de especies,..), resulta que el calentamiento global afecta a tantos aspectos diferentes y complejos que es imposible un consenso científico amplio sobre todos ellos”.
  
La cuantificación, sin embargo, es fundamental para la toma de decisiones.

Si pasamos a la segunda parte de la fórmula, es decir, a la realización de transferencias de tecnología encaminadas a la mitigación o adaptación a los cambios en el clima, las oportunidades para el debate son todavía mayores.

Con respecto de la tecnología misma existe todo un abanico de posiciones que van desde el rechazo total al entusiasmo ferviente. Aun situándonos en un posición intermedia en la que se admite que la tecnología resuelve ciertos problemas, cada solución tecnológica concreta lleva aparejado un conjunto de controversias que tienen que ver con la investigación, el desarrollo y la innovación; pero especialmente, con las consecuencias sociales y medioambientales que resultan de su implementación.

Si problemática es la cuestión de qué hay que hacer, también lo es quién tiene que decidir lo que se hace, y quién tiene que llevarlo a cabo; qué grupos se benefician, y qué grupos salen perjudicados, o simplemente menos beneficiados.

Lo que se concluye de todo esto es que la ciencia no constituye una base inapelable para tomar decisiones tecnológicas. Sin embargo, estas decisiones tienen graves implicaciones sobre la posición relativa en la que quedan individuos, grupos, y naciones, puesto que modifica las relaciones de poder existentes. hay que estar atentos no sólo a aquellos que pueden estar obviamente perjudicados, sino también a los que pueden salir beneficiados. 

En el análisis de las relaciones de poder, la ciencia tiene interés por si misma. El ejercicio del poder no se  realiza solamente por medio de amenazas o de coacciones, sino que a veces el poder radica en convencer y persuadir. la ciencia proporciona argumentos para este tipo de  ejercicio de poder. No sólo las relaciones que aparecen obvias, sino aquellas relaciones que se resisten al desocultamiento tienen que ser observadas y seguidas con atención.  

Si hubiera que decir dos cosas que son indicio de que el cambio climático es el caso y que las consecuencias son graves, no apelaría a que los modelos matemáticos dan tal o cual resultado. En primer lugar citaría el intento de la Exxon de adelantarse e investigar por sí misma el asunto en los ochenta. No pudo contradecir  la teoría del calentamiento global. En segundo lugar citaría el intento de colocar en la dirección del IPCC una persona más sensible a la industria: no sirvió tampoco para cambiar la teoría.

Aun así siempre queda la sospecha: también existe la posibilidad, como ocurrió en el caso del ozono, de que algunos ya estén preparados para sacar ventaja del nuevo cambio tecnológico, esta vez un cambio de dimensiones impresionantes. 





[2] La teoría establece el siguiente mecanismo:
El sol radia energía solar a la tierra. La mayor parte de esta energía (45%) se radia de nuevo al espacio. Los gases de efecto invernadero en la atmósfera  contribuyen al calentamiento global por absorción y reflexión de la energía solar y atmosférica. Este fenómeno natural es lo que se denomina efecto invernadero.  Si los gases de efecto invernadero no existieran la tierra tendría temperaturas por debajo de  –18 oC.
[3] Los Programas y Fondos dependen orgánicamente de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
[4] La OMM es un organismo especializado y por lo tanto es una organización autónoma que trabaja con las Naciones Unidas a través de los mecanismos de coordinación del consejo Económico y Social.
[5] El calentamiento global es el término utilizado para referirse al fenómeno del aumento de la temperatura media global, de la atmósfera terrestre y de los océanos. La teoría vincula el aumento de temperatura al efecto invernadero, y por lo tanto, a variaciones en la condiciones de la atmósfera que varían su capacidad para absorber o retener la radiación solar. Cuando se habla de calentamiento antropogénicamente inducido, se habla de variaciones inducidas por la actividad humana, especialmente la relacionada con la quema de combustibles fósiles.[]
[6] Kennedy (2007): “Climate:game over”
[7] En las razones y los mecanismos por los que los debates científicos quedan abiertos entraremos con detalle en esta monografía.
[8] Lindzen (2001): “Testimony before the senate Commerce Committee”,
[9] Richard  S. Lindzen ha sido profesor en las universidades de Chicago, Harvard y el MIT, y es miembro de la “Nacional Academy of Sciences”. Como investigador de temas relacionados con el clima participó en las reuniones fundacionales del IPCC.  Es un físico de la atmósfera y profesor Alfred P. Sloan de Meteorología en el MIT. Lindzen es conocido por su obra en la dinámica del medio atmosférico, marea atmosférica y fotoquímica del ozono. [ ]Fue uno de los autores del capítulo 7: 'Procesos físicos del clima y Feedbacks, del IPCC Tercer Informe de Evaluación del IPCC sobre el cambio climático antropogénico. Es conocido por su escepticismo acerca del calentamiento global[] y crítico de lo que dice son las presiones políticas de los científicos del clima.[]


LOS MITOS PLATÓNICOS DEL FEDRO. EL CARRO ALADO, LAS CIGARRAS, THOT.

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