martes, 22 de mayo de 2018

Navegación marítima y poder. Fenicios y griegos en busca de los metales de Iberia.

Resultado de imagen de tartessosPuede constatarse con datos arqueológicos la existencia de relaciones, más o menos directas, entre las tierras del Egeo y las costas más occidentales del Mediterráneo, en tiempos tan remotos como la Edad del Bronce.

Los inicios de la Edad del Hierro en el Egeo, hacia el 1150 a. de C.,  fueron acompañados de una intensa conmoción de orden étnico y cultural que hizo cambiar totalmente la faz de su historia (el colapso del sistema palacial micénico). Naturalmente esto no se cumplió sin graves repercusiones de toda índole. El período caótico y oscuro: la Edad Oscura, con la que comienza Grecia a entrar en su Historia escrita, trae consigo una pérdida casi absoluta de aquellas viejas relaciones que durante la Edad del Bronce mantuvieron en contacto y relación ambos focos culturales extremos del Mediterráneo.

Después del colapso, fueron únicamente los fenicios los que conservaron y fomentaron aquellas antiguas relaciones, beneficiándose sobre todo del comercio de metales, cuyo emporio occidental (entendido en este caso como centro suministrador de materia prima) era por entonces Tartessós.

Parece como si los griegos, ocupados en los comienzos de aquella nueva etapa en buscar acomodo dentro del nuevo ámbito geográfico, sede de sus futuras grandezas y miserias, hubiesen perdido totalmente la pasada noción de la existencia de aquellas tierras del occidente. 

Sin embargo, los hechos posteriores demuestran que este olvido no fue total. Cuando el orden y la estabilidad política permitieron a los griegos tender su mirada por las tierras y mares vecinos, cuando pudieron intensificar sus relaciones exteriores, vuelven a arar el mar con sus naves en busca de las lejanas costas.

Hacia el 800 a. de C., navegantes jonios oriundos de Chalkís y Eretria,  fundan una colonia, Kyme, en pleno mar Tyrrhenio, frente por frente de Cerdeña. 

Es una prueba de que los intereses griegos creados por el nuevo estado de cosas (pasado lo peor de la Edad Oscura) miraban al lejano Occidente, a donde les conducían no sólo los recuerdos de viajes y emporios ancestrales, sino también el ejemplo de las navegaciones fenicias, que por entonces tenían ya una base comercial firme en Gadir, en las bocas del Atlántico y un cierto número de intereses en Sicilia.

A partir de entonces, los griegos, encabezados por los jonios chalkidios (Calcidios), comienzan a pulular por el nuevo mar, estableciendo en primer lugar nexos o lazos intermediarios entre la nueva colonia y la metropoli.

Hacia el 750 a. de C., o todo lo más tarde en el 700 a. de C.,  los griegos pudieron navegar por todo el Mar de Occidente, yendo de isla en isla y de estas a las más lejanas costas por donde se ponía el sol y donde, como sin duda sabían también, iban a recoger riquezas minerales los traficantes y marinos fenicios de mucho tiempo atrás.

Ya en aquella época eran conocidos los grandes navíos de cincuenta remos, los pentekóntoros, de sólida construcción, gran autonomía y bien dispuestos para las navegaciones largas y de altura. 

La aparición de aquellas potentes naves debió causar entonces una verdadera revolución en las cosas del mar. 

Resultado de imagen de penteconteros"El espíritu inquieto de los primeros navegantes helenos hubo de impulsarles de modo irresistible a explorar aquellas soleadas costas, idénticas en clima, frutos y aspecto a las suyas propias. Deseosos de adelantarse unos a otros en una no siempre noble competencia, sin miedo a lo desconocido, llevando como norte el afán del lucro, las fáciles ganancias o la arriesgada rapiña comenzaron a navegar por el mar Tyrrhenio, el mar Sardo, el mar Balear, el mar Tartessio, viendo gentes nuevas bien dispuestas al ventajoso intercambio, descubriendo caudalosos ríos, índices de tierras profundas y dilatadas, hallando grandes islas habitadas por pueblos bárbaros fáciles de dominar y explotar o frecuentadas rutas comerciales de seguras y ricas presas" (García y Bellido). 

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Una monografía  clásica (1940):

Las primeras navegaciones griegas a Iberia  (siglos IX-VIII a.C.) 

Antonio García y Bellido
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Rutas marítimas

Por dos vías marítimas podían llegar los griegos a las costas de la península ibérica: bien viniendo desde Córcega a las bocas del Ródano y de ahí a lo largo de la Provenza y el noreste peninsular; o bien, partiendo del sur de Italia o Sicilia, por el puente de islas (Cerdeña, Baleares) hasta el cabo de La Nao y de allí, en ruta costera, a las Columnas Herakleas y Tartessós. 

No era posible otra vía, pues la del África fue siempre virtualmente impracticable para los griegos, por costear feudos sujetos a Carthago. 

La ruta interinsular que, como un puente, lleva en línea recta de la Campania, o Sicilia, donde estaba la más vieja colonia griega de Occidente, al avanzado promontorio del cabo de La Nao, en la costa oriental de la Península Ibérica, fue evidentemente una de las primeras utilizadas por los griegos (calcidios o rodios) en sus viajes y prospecciones por los mares del occidente mediterráneo. Era, además de la más cómoda por ser directa, la más fácil por eludir las costas etruscas y ligúricas y ser el camino natural señalado por las corrientes y vientos.

En el Occidente, la ruta marítima del vado de islas está atestiguada por topónimos emparentados sin duda con algunos de Asia Menor.

Tan numerosos como en Italia y Sicilia son también en la península ibérica y sus islas mediterráneas los topónimos antiguos acabados en oussa

Partiendo indistintamente de uno o de otro foco colonial griego, el primer escalón o tramo del puente insular de la vía que llega hasta las costas de la península ibérica, era Cerdeña, que en tiempos remotos, dicen los textos, llevó el nombre de Ichnoussa.

El salto a las Baleares está atestiguado por los antiguos nombres conservados de sus islas. Así, los viejos testimonios escritos citan los de Meloussa, Kromyoussa, quizás Mallorca y Menorca respectivamente; Pityoussa, Ibiza, Ophióussa, Formentera; del archipiélago balear pasaba este itinerario en oussa a las costas de la península donde se situaba  Oinoussa? (en Livio, XXII, 20, 3, en forma de Onusa, pero que en Polyainós, VIII, 16, 6, aparece como Οινουσσα); sigue en el sur andaluz un supuesto "akra Pityousses" (Avienus, 435). Pasadas las Columnas Herákleias, una isla Kotinoussa, quizás Gades , y una bahía Kalathoussa, la de Huelva?. 

El mismo Tartessós (Tarschisch para los fenicios) muestra una terminación característica de la toponimia del sudoeste del Asia menor, precisamente en la zona continental más próxima a Rhodos. 


Como aquellos nombres en oussa tienen origen en Asia menor, se vio en ellos una excelente prueba de lo que los textos decían acerca de la colonización phókaia (focense) en el Occidente. 

Sin embargo, la ruta podría ser muy anterior a los focenses y debe datarse en los tiempos de las primeras navegaciones de los calcidios y rodios (siglos IX-VIII). 

Garcia Bellido da esta razones: 

En primer lugar los nombres en oussa parten en rigor de la colonia jonio-chalkidia de Kyme (en el sur de Italia), o de las sicilianas, donde abundan las terminaciones en oussa, siendo, por tanto, de los tiempos de la fundación de las colonias (siglo IX-VIII) y, por lo tanto anteriores a los focenses.

Históricamente hay, además, un argumento, dice Garcia Bellido, para considerar los topónimos en oussa como anteriores a los focenses: el establecimiento de los carthagineses en Ibiza a mediados del siglo VII (654 a. de C.).


Este movimiento estratégico amenazó de modo tan audaz esta antigua vía que los nautas griegos hubieron de abandonar la cómoda vía interinsular y buscar otra más segura por el norte, costeando las playas levantinas de la península para enlazar en el cabo de la Nao con la Vía Tartessia. Por lo tanto, esa ruta en oussa era anterior al año 654 a. de C.

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(Según García Bellido éste es precisamente el estado de cosas que refleja el periplo, base de la "Ora Marítima" de Avieno, el cual desconoce de modo harto sorprendente la verdadera composición del archipiélago balear y la existencia de una ruta comercial. Otros acercamientos más recientes a este tema relacionan la información que maneja Avieno con  diversas procedencias y diversos tempos).

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Lo que se hace evidente a partir de todo esto el interés de los navegantes procedentes del Mediterráneo oriental por controlar las costas del Mediterráneo occidental. 

La llegada a la península ibérica de fenicios y griegos fue motivada por la enorme riqueza en metales de ella ¿riqueza ya explotada en parte en el Eneolítico y conocida en todo el Mediterráneo durante la Edad del Bronce?.

Puede decirse que la fama de la península en la antigüedad radicaba más que en otra cosa en su fabulosa riqueza mineral. 

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Las alabanzas a Hispania contenidas en los escritores helenísticos y romanos insisten singularmente en ella. Polibio, Artemídoro, Posidonio, Strabon, Diódoro, Livio, Trogo, Marcial y Plinio dejaron frecuentes testimonios de la riqueza y desarrollo de la minería en este territorio. 

Imagen relacionadaMás tarde, en la época romana será célebre el oro del noroeste (Str., III, 2, 8), que en un año, según Plinio (XXXIII, 78), produjo nada menos que 20.000 libras, en su mayoría de Asturias; el cinabrio y mercurio de Almadén, la antigua Sisapon; el hierro del Moncayo y de la Bética, así como el de Vizcaya, que es citado por Plinio, son también recordados.

El cobre de la región de Huelva (s. Estrabón) era explotado ya desde tiempos remotísimos y constituyó una de las bases económicas de Tartessós,

El plomo de la región de Linares es mencionado por Strabon  y Plinio; el estaño, de tanta importancia para la obtención del bronce, se explotaba en España desde tiempos atrás; la mayoría del estaño que se embarcaba en Tartessós por fenicios y griegos era de procedencia portuguesa, gallega y asturiana, donde se podría situar el primitivo emplazamiento de las Kassiterides?

Finalmente la fama mayor de la Península procedía de sus inagotables minas de plata. Acerca de ellas corrían en la antigüedad leyendas fabulosas, como la de los Pirineos, que tras un incendio en sus bosques manó abundante plata fundida, o narraciones más verosímiles, como la de los mercaderes fenicios, que por no desperdiciar peso partían de España con anclas de plata, o reales como los 1.500 kilos de plata que llevó a Samos el navarca Kolaíos (s. Heródoto).

Dice Polibio que los romanos obtenían de las minas de Cartagena, ya explotadas también por los Barcas intensamente, 25.000 drachmas diarias de plata y que en su tiempo (siglo II a. de C.) trabajaban ¡cuarenta mil hombres! en ellas. Estrabon dice que los turdetanos, es decir, los tartesios, tenían objetos de uso común, como toneles y pesebres, de plata.

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Queda clara pues la importancia que en la época romana tuvo la explotación minera de España y se puede deducir por ella la que pudo tener en la época de la colonización griega.

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En la Biblia se mencionan repetidamente las riquezas minerales que, en viajes regulares, solían traer las naves llamadas de Tarschisch. Oro, plata, plomo, estaño y hierro son los minerales enumerados. 

Entre los testimonios griegos más antiguos, contemporáneos de las primeras navegaciones al Occidente, se citan los mismos metales. Con una envoltura todavía mítica Hesíodo, coetáneo de las navegaciones anteriores a las phókaias, cita en su Theogonia (hacia el 700): "las hermosas manzanas de oro" del Huerto de las Hespérides, sito "más allá del ilustre Océano", a Chrysaor, "la espada de oro" , el palacio "con columnas de plata que llegan al cielo", mansión de la terrible Styx.

Hacia el 630, es decir, antes de que Stesíchoros escribiese su poema, había tenido ya lugar el famoso viaje del samio Kolaíos a Tartessos, de donde regresó cargado de más de 1.500 kilos de plata a Samos, en cuyo Heraion consagró por ello un gigantesco trípode a la diosa.

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El periplo base de la Ora Marítima de Avienus, anterior a Alalia (hacia el 535), citaría el Mons Argentarius  en la región de Tartessos y el río portador del estaño que lleva el metal hasta las murallas de Tartessos.

El mismo contenido que en el periplo vemos en una referencia de origen remoto contenida en un fragmento de Stephano de Bizancio, en el que el río Tartessos figura de nuevo como fluyendo de una montaña de plata y acarreando en sus aguas hasta la ciudad el preciado estaño. Éphoros (siglo IV), haciéndose eco de citas antiguas recuerda a Tartessos "que lleva el estaño arrastrado por el río, así como el oro y el bronce".
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En estas fechas, anteriores a las navegaciones phókaias (focenses),  había pues ya una clara referencia a los metales de la península ibérica. Ellos parecen ser entonces el objetivo principal de las arriesgadas aventuras marítimas de fenicios y griegos en el extremo occidental del Mediterráneo, y luego motivo de estrategias geopolíticas, que finalmente acabarán, a finales del siglo III a. de C., enfrentado a Cartago y Roma. 
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Con todo, las navegaciones de los focenses tienen interés por sí mismas.
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La colonización phókaia en España desde los orígenes hasta la batalla de Alalíe 

Garcia Bellido
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La nueva etapa de colonización del Mediterráneo occidental, en el siglo VII a. de C., no corresponde a los rodios sino a los focenses.

¿Cuál es el contexto en el momento en el que los focenses se deciden a emprender aventuras colonizadoras?

El sur de Italia y Sicilia están ya ocupadas por rodios y colonos de otras metrópolis.

Etruria y Cerdaña están prácticamente vedadas a la colonización.

Liguria es poco acogedora.

Sólo quedan pues la Provenza francesa y la península ibérica. Aunque existían algunas factorias ya establecidas, centros de intercambio comercial con los indígenas, parece que hay campo suficiente para entrar. No hay en estos territorios un monopolio comercial. Sin embargo el paso más allá de las columnas de Hércules, el estrecho de Gibraltar, es expuesto ya que sus márgenes están controladas por los cartagineses.

Desde el punto de vista técnico, los focenses aumentan sus posibilidades de aventuras más lejanas usando menos los barcos pesados de carga en favor de los pentecóntoros, navíos de cincuenta remos.

Una fecha clave será la fundación de Massalia (Marsella) en el año 600 a. de C.

Por otro lado, a pesar de las dificultades impuestas por los cartagineses, los foceses, si se atiende al relato de Herodoto, lograron una relación muy amistosa con el rey Argantonio de Tartesos.

La caída de Focea, la metrópolis de los focenses, en el año 546 en el que Jonia es conquistada por los persas, marca el final de la colonización focense. 

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Mainake, la colonia Focea perdida entre Málaga y AlmuñécarUna ruta tan larga, con punto de destino en Tartessos, necesitaba de escalas. Mainake es la colonia griega más cercana a Tartesos. 

Otro punto de escala natural es Hemeroscopeion en el cabo de la Nao.

Lo que no lograron lo focenses nunca fue liberar el paso por el estrecho, siempre bajo control cartraginés. La ruta entre Mainake y Tartesos pudo ser principalmente terretre. Gadir (Cadiz) fue siempre púnica. 

Los puntos de control de los púnicos, conjuntamente con Gadir, son Ibiza (desde 654 a. de C.) y Cerdeña, bloqueando la ruta de las islas y el estrecho.

Resultado de imagen de alaliaLa fundación de Masalia, posterior a la de Mainake y Hemeroscopeion, en el 600 a.de C., puede entenderse como la preparación de una retirada estratégica hacia el norte.

Una vez desplazado el foco de atención hacia el norte, el posicionamiento en Córcega pasa a ser también importante. Ahí entra la fundación de Alalia (hacia el 560 a. de C.), que acabará generando un grave conflicto. Pero la intención de mantener relaciones con el sur de la península ibérica permanece y de ahí la fundación también de Ampurias en el 550 a.de C., y el establecimiento de puntos menores de escala, como Salauris (Salou), al norte del Ebro, en la ruta hacia el sur.

Estos movimientos de los focenses son en parte facilitados por una debilidad púnica como consecuencia de la pérdida de contacto con su Metrópoli fenicia, Tiro, en el año 573 a. de C.

Para Diodoro, entre ese año y el año de la batalla de Alalia (535 a. de C.) , en la que los focenses son derrotados por los púnicos, puede hablarse de una talasocracia focense, de 38 años de duración. 

Paralelamente a como Cartago sufre un debilitamiento al perder la metrópolis, lo mismo le sucede  a las colonia focenses como consecuencia de la pérdida de Focea en el 546 a. de C. Tanto es así que su aliado en Tartesos, Argantonio ofrece a Focea la posibilidad de que la población se traslade en masa a Tartesos, lo cual es rechazado. Se admite en cambio la ayuda económica, que no resultará eficaz.

Es clara la apuesta de Tartesos por los focenses como contrapeso a la presión de los púnicos en Gadir, que está demasiado cerca. La alianza permanece mientras Argantonio  (o su dinastía) vive, y decae después de su muerte. 

El paralelismo entre Focea y Tiro se extiende al papel que juegan Cartago y Masalia, como cabezas de los fenicios y focenses, después de la caída de las metrópolis respectivas, que quedan entonces los unos como cartagineses y los otros como masaliotas.

Se corresponde bien con la lógica de los acontecimientos que una vez que Massalia se pone a la cabeza de los focenses y se pierda la estrecha alianza con Argantonio, y que ésta se centre en su ámbito más cercano en el norte del Mediterráneo, se deje la posición de Mainake. La posición de Mainake no la heredan los cartagineses, que eligen Abdera, con más cercanía, incluso visual, a África.
----------------------------------------------------------------------------------------Para información arqueológica actualizada hasta 1990:

HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA Y AMERICA

DE LA PROTOHISTORIA A LA CONQUISTA ROMANA

Ed. Rialp. 

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Es compatible también con este contexto que a partir de la batalla de Alalia los focenses, ya encabezados por Massalia, empiecen a confinarse al norte del Ebro, con Ampurias como emplazamiento principal al sur de los Pirineos.

Es compatible también, no obstante, con que se conserve la posición de Hemeroscopeion en el cabo de la Nao, para mantener en la medida de lo posible una vía de comunicación terretre entre el cabo de la Nao y Tartessos, manteniendo el monopolio todavía sobre el comercio del mercurio.
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En el siglo V se produce la decadencia de Massalia.


Resultado de imagen de emporionPor el sur, el comercio púnico va ascendiendo hasta el Ebro y más arriba. Por otro lado, en el espacio propio de Massallia se introduce Alalia, ubicada en Córcega, (desde el 565 a. de C.). 

Ampurias (Emporion), sin embargo, se beneficia de esta nueva situación, encontrando un ámbito comercial marítimo y terrestre propio, que tiene que disputarse con el comercio púnico que va ascendiendo por la costa. Una disputa en la que parece que Ampurias es vencedora en su ámbito, de momento.

Pero ese no es desde luego el final. Cartago tiene aun mucho recorrido por hacer y por supuesto Roma, con complicados cruces de tratados y alianzas.
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P. D. 

Massalia se hizo pronto aliada de Roma. Después, en el 348 a. de C., Roma y sus aliados firman un tratado con Cartago.

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