martes, 22 de septiembre de 2026

QUE NO PODEMOS HACER AL LEER EL ANTIGUO TESTAMENTO O A PLATÓN

Al leer el Antiguo Testamento (AT) o a PLatón, podemos cometer errores de bulto que debemos evitar. 

No podemos entrar en un diálogo platónico y decir que aquello que está allí expresado es lo que piensa Platón sobre tal o cual asunto. Una clave ineludible de lectura es tener en cuenta la evolución de los diálogos.

Tenemos un primera fase de diálogos socráticos, en la que se pregunta por un determinado concepto y se busca su definición, que por cierto nunca se alcanza del todo. En un segunda fase se configura la teoría de las ideas. Aquí tenemos textos fundamentales como el Fedón, Banquete, Fedro o República. En un tercera fase, crucial en el pensamiento platónico, se pone en crisis la teoría de las ideas, con textos como Parménides, Sofista o Teeteto. Finalmente se recompone la teoría de las ideas a la vista de las objeciones que han ido surgiendo en los textos críticos. Tenemos aquí Timeo o Leyes. 

Leer, por lo tanto, un texto de Platón sin tener en cuenta su ubicación en su trayectoria intelectual nos llevaría a una tremenda confusión.

Del mismo modo, la lectura del AT sólo puede hacerse sin confusión si conocemos la ubicación de cada libro en el conjunto, teniendo en cuenta no sólo el momento y el contexto histórico, lo cual es relativamente habitual, sino además, y más importante, que los textos tienen una evolución en el propio contenido del mensaje.

Así, vemos en el AT unas fases que son en cierta manera paralelas a la que hemos visto en Platón. En los libros sapienciales esta evolución nos aparece especialmente clara. 

Proverbios y Salmos nos dan una teología de la retribución, para esta vida, en la que la recompensa por el cumplimiento de la Ley se obtiene aquí, en forma de vida feliz y completa. Sin embargo esta teología se pone claramente en crisis en los libros de Job y Qohelet (Eclesiastés); par componer finalmente un reproposición de la teología, orientada hacia la vida del más allá, en Sirácida (Eclesiástico) y sobre todo en Sabiduría, que pro cierto tiene un notoria influencia helenística, en la que confluye la teoría de la inmortalidad del alma platónica con la hebrea. 

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EL AFUERA DE FOUCAULT, LO DIONISIACO EN NIETZSCHE Y PLIEGUE DE DELEUZE.

Podria decirse que el adentro y el afuera en Foucault remiten de alguna manera lo apolineo y lo dionisiaco en Nietzsche.

Aunque es  un paralelismo sugerente exige, sin embargo,  matices conceptuales importantes. Mientras que la pareja de Nietzsche responde a una ontología estética y vitalista, los conceptos de Michel Foucault responden a una analítica del lenguaje, la subjetividad y los límites del pensamiento.

El Adentro y lo Apolíneo tienen puntos en común. Lo apolíneo es el principio de individuación, la medida, la forma y la apariencia que protege al sujeto del caos. El Adentro en Foucault funciona de forma análoga: es el espacio de la subjetividad constituida, la interioridad reflexiva, la identidad codificada por el lenguaje y las estructuras del saber/poder.

Por el otro lado, Lo dionisíaco representa la fuerza desmesurada que rompe las formas, la disolución del yo en el abismo del ser. El Afuera (l'extérieur) en Foucault es precisamente esa dimensión impersonal que desborda al sujeto, el límite absoluto del lenguaje donde la identidad se disuelve (el pensamiento de la locura, el trance del lenguaje poético en Mallarmé o Blanchot).

Ahora bien, hay diferencias estructurales clave

Fuerzas estéticas y vitales de la naturaleza que chocan dialécticamente frente a límites de la subjetivación y de la experiencia lingüística.

De la tensión entre ambos, Dionisio y Apolo,  nace la tragedia clásica; Dionisio necesita la máscara apolínea para manifestarse. Mientras que, el Pliegue (Pli), el Adentro, no es una sustancia propia, sino tan solo el "pliegue del Afuera" (influencia directa de Deleuze sobre Foucault).

Afirmación vital ante el pesimismo de la existencia frente al desmantelamiento de la ilusión del sujeto cartesiano/iluminista.

El Afuera foucaultiano opera de forma similar al magma dionisíaco en cuanto irrumpe para resquebrajar las certezas del sujeto (el Adentro apolíneo). Sin embargo, Foucault despoja a la ecuación de cualquier atisbo de metafísica vitalista: el Afuera no es una fuerza cósmica primordial, sino la grieta en el propio tejido del lenguaje donde la representación deja de funcionar.














podria decirse que lo dionisiaco en Nietzsche está al otro lado del límite mientras que en foucualt y Deleuze estamos, aun el afuera, en este lado del límite, entendiendo límite en el sentido de la sabiduria de límite de la filosofía presocrática









Esa distinción toca el núcleo exacto de la metamorfosis del concepto de "límite" desde la metafísica trágica hasta el postestructuralismo francés.

La respuesta corta es sí, conceptualmente estás en lo cierto: en Nietzsche lo dionisíaco conserva un carácter abismal tras el velo de Maya (un "más allá" del límite trascendental), mientras que en Foucault y Deleuze el Afuera no es un "otro lado" trascendente, sino la inmanencia pura de este lado: la superficie, la grieta y el pliegue.
La paradoja del límite: Del abismo dionisíaco a la inmanencia del Afuera

Para entender este despliegue en relación con la "sabiduría del límite" presocrática (el péras griego frente al ápeiron), conviene trazar cómo opera la topología del límite en cada propuesta:
1. Nietzsche: Lo Dionisíaco como el fondo informe (Trascendencia del límite)

En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche —todavía bajo la impronta de Schopenhauer— concibe lo dionisíaco como la unidad primordial (Ur-Eine).

El Límite: Funciona como la frontera o la "máscara" apolínea (péras).


Ubicación de Dionysos: Habita el fondo abismal o el "otro lado" del límite. Cruzar el límite implica el descuartizamiento de la individualidad para fundirse con la naturaleza informe (ápeiron). Es una fuerza que irrumpe desde fuera para desgarrar la apariencia.
2. Foucault y Deleuze: El Afuera como pliegue de la superficie (Inmanencia del límite)

Para Foucault (leyendo a Blanchot) y para Deleuze, la gran ruptura consiste en eliminar la dualidad "profundidad/superficie" o "este lado/aquel lado". No hay un "más allá" metafísico.

Foucault (El pensamiento del afuera): El Afuera no es un espacio escondido tras una puerta; es la experiencia del límite mismo en el lenguaje. Es el punto donde el lenguaje tropieza con su propia impotencia. No se salta "al otro lado", sino que se bordea la grieta.


Deleuze (Foucault): Deleuze formula esto de manera magistral mediante la topología del Pliegue (Le Pli). El Adentro no es más que el pliegue del Afuera.


El adentro no es otra cosa que el adentro del afuera; el afuera se pliega para constituir una subjetividad.
Comparativa: La sabiduria del límite presocrática


DimensiónNietzsche (Lo Dionisíaco)Foucault / Deleuze (El Afuera)Relación con el Péras (Límite) El límite es una barrera apolínea que lo dionisíaco desborda o destruye. El límite no se destruye ni se trasciende: se habita o se pliega.
Naturaleza del Afuera Profundidad ontológica / Caos primordial (ápeiron). Superficie inmanente / Plano de consistencia.
Topología Trascendencia: Hay un aquí (forma) y un allá (caos). Inmanencia radical: No hay "otro lado", solo pliegues y líneas de fuga en esta misma red.



Al despojar al Afuera de toda carga de trascendencia u ontología sagrada, Foucault y Deleuze nos sitúan en una topología de la inmanencia pura. Si para el presocrático el límite marcaba la contención ante el caos, para Deleuze el límite es la línea misma sobre la que trazamos la existencia: no saltamos al abismo dionisíaco, sino que aprendemos a navegar el borde

viernes, 31 de julio de 2026

EL SIRACIDA, LOS MACABEOS Y EL LIBRO DE LA SABIDURIA. Retribución en esta vida y alma inmortal.

El Siracida es un libro anterior a la etapa de los macabeos y, sin embargo, Sabiduria es un libro que pertenece ya a la plena inculturación de la cultura hebrea por la griega

 La diferencia de contexto histórico y cultural entre el Sirácida (o Eclesiástico) y el Libro de la Sabiduría refleja la evolución del judaísmo ante la presión del helenismo.


El Sirácida fue escrito antes de la  la crisis macabea.

El Libro del Sirácida fue redactado en hebreo en Jerusalén por Jesús ben Sirá aproximadamente entre los años 190 y 175 a. C., justo antes de que estallara la revuelta de los Macabeos (167 a. C.) bajo la persecución de Antíoco IV Epífanes.

En este período, las élites judías de Jerusalén comenzaban a quedar fascinadas por las costumbres griegas. Ben Sirá percibe este riesgo de asimilación y reacciona de forma defensiva.

Para frenar la seducción del pensamiento griego, Ben Sirá realiza una jugada teológica clave: afirma que la Sabiduría universal eterna no es la filosofía griega, sino que ha acampado en Israel y se identifica explícitamente con la Ley de Moisés (Torá) ("Todo esto es el libro de la alianza del Dios Altísimo, la ley que nos dio Moisés...", Sir 24,23).

Su tono es por lo tanto  tradicionalista, patriótico y centrado en la piedad de Jerusalén, el Templo y el sacerdocio.

Años más tarde, hacia el 132 a. C., su nieto traduciría la obra al griego en Alejandría para los judíos de la diáspora, pero el texto original nació en hebreo y con mentalidad palestinense pre-macabea.

El Libro de la Sabiduría pertenece a la plena inculturación helenística

En el extremo opuesto se encuentra el Libro de la Sabiduría, redactado directamente en griego en Alejandría (Egipto) hacia mediados o finales del siglo I a. C. (aprox. 50–30 a. C.), mucho tiempo después de las guerras macabeas.

Contexto de diálogo e inculturación: Los judíos de Alejandría ya no están en posición de aislarse del mundo griego; es su lengua materna y su marco mental. El autor es un creyente judío con una profunda educación filosófica helénica.

Adopción de categorías filosóficas grecorromanas: A diferencia del Sirácida, el autor de Sabiduría no teme usar el vocabulario y los conceptos de la filosofía platónica, estoica y del medio-platonismo:

Introduce términos filosóficos griegos como pronoia (Providencia), sophrosyne (Templanza) y las cuatro virtudes cardinales (Sab 8,7).

Asimila la noción platónica del alma inmortal y el cuerpo corruptible (Sab 9,15), ofreciendo una de las primeras formulaciones bíblicas claras sobre la inmortalidad personal y la victoria sobre la muerte (Sab 3,1-4).

(Esta es una cuestión fundamental. la vida más allá de la muerte no está en los libros más antiguos del Antiguo Testamento de modo explícito, ni descrita como lugar de castigos y recompensas. Lo que hay es una teología de la retribución para esta vida: si se es fiel a Dios se tiene la recompensa en esta vida. solamente después de que se ponga en crisis esta teología en el libro de Job y en Qohelet, queda claro que el único modo en el que la fidelidad a Dios tenga verdadero sentido es una recompensa que no quede cancelada con la muerte. De ahí que sea tan importante la inculturación de la cultura griega en la hebre, pues es esta la que aporta los conceptos fundamentales para sustenta la vida más allá de la muerte, vehiculada a través de un alma inmortal, fundamentada en una antropología que distingue claramente entre alma y cuerpo). 

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 Explica los eventos históricos entre el 170 y el 135 a. C. que marcaron la brecha entre la época del Sirácida y el desarrollo del judaísmo helenístico posterior.

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Schenker pone el acento sin embargo en el tema de  la justicia, como tema de fondo.  Eso sí, en el horizonte de la vida eterna. 

 "la «antítesis entre los justos y los impíos» parece recorrer el libro de punta a cabo. Éste es el tema de fondo y el denominador común de los varios capítulos. Todo gira en torno al antagonismo radical entre los santos y sus irreductibles enemigos. Si hubiera que dar otro título a la Sabiduría de Salomón podríamos formularlo así: «La justicia es más fuerte. Los oprimidos y perseguidos triunfan sobre los injustos opresores y perseguidores». Toda la historia humana y la vida de los individuos estriban en esta contraposición. Y cada cual ha de hacer su elección. Tal es la trama de fondo de todos los acontecimientos de la historia". 

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lunes, 27 de julio de 2026

¿Existe un catolicismo grecorromano? ¿Pudo Juan Zebedeo escribir el evangelio de Juan?

A la pregunta de si existe un catolicismo grecorromano que se expresa principalmente en el evangelio de Juan, la respuesta es afirmativa, pero con un matiz crucial: más que un "catolicismo grecorromano" puro, el Evangelio de Juan es el puente definitivo donde el cristianismo primitivo traduce el mesianismo judío al vocabulario filosófico y cultural del mundo helenístico.

Si el catolicismo histórico se caracteriza por su dimensión universal (katholikos), un ritual sacramental y su asimilación de la metafísica griega para formular el dogma (como ocurriría más tarde en los concilios de Nicea y Calcedonia), Juan es, sin duda, la cuna teológica de ese desarrollo.

A diferencia de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), que están más anclados en el horizonte de la ley judía, el Cuarto Evangelio opera en un marco conceptual muy distinto:

La decisión de abrir el evangelio identificando a Jesús con el Logos (Logos) es el gesto helenizador por excelencia. Este concepto, heredado de la filosofía griega (Heráclito, los estoicos) y de Filón de Alejandría, permitía a la mente grecorromana entender a Cristo no sólo como un mesías local, sino como el Principio Cósmico y la Razón que ordena el universo.

En los sinópticos, la identidad de Jesús se despliega a través de sus acciones y parábolas. En Juan, la pregunta es por su ser (las famosas cláusulas "Yo soy" que resuenan con la metafísica del ser).

Dimensión sacramental y eclesial: Juan pone un énfasis enorme en los signos y en la materia como vehículo de la gracia divina (el agua, el vino, la carne y la sangre). Esta visión cósmica de la encarnación es el fundamento de la teología sacramental católica posterior.

Superación del particularismo judío: Aunque Jesús dice que "la salvación viene de los judíos" (Jn 4,22), el relato johánico abre constantemente la puerta a la oikoumene (el mundo habitado grecorromano), presentando a Cristo como la luz del mundo (kosmos).
2. El matiz: La raíz profundamente judía del texto

Durante el siglo XIX y principios del XX, la historiografía liberal alemana (como Rudolf Bultmann) defendió fuertemente que Juan era un texto casi enteramente helenístico o gnóstico. Sin embargo, el consenso académico contemporáneo (representado por especialistas como Raymond E. Brown o C.H. Dodd) ha matizado esta postura a partir de descubrimientos como los Manuscritos del Mar Muerto (Qumran):

Dualismo de luz y tinieblas: Aunque suena a platonismo o gnosticismo, el dualismo "Luz vs. Tinieblas" o "Verdad vs. Mentira" de Juan coincide mucho con la literatura sectaria judía del periodo del Segundo Templo.


Literatura de la Sabiduría: El Logos de Juan bebe de la filosofía griega, pero también de la personificación de la Chokmah (la Sabiduría divina) presente en los libros sapienciales del Antiguo Testamento (Proverbios, Sabiduría, Sirácida).

El Evangelio de Juan no sustituye pues el judaísmo por la cultura grecorromana, sino que realiza la primera gran inculturación del cristianismo. Ofrece el molde metafísico y teológico sobre el cual la Patrística (Justino Mártir, Ireneo, Agustín) construirá la arquitectura dogmática del catolicismo greco-latino.

(El Antiguo Testamento ya tenia una inculturación muy potente en el libro de la Sabiduria, que el catolicismo acoge. No así la reforma protestante). 

El logos 

La relación entre el Logos de Filón de Alejandría (c. 20 a. C. – 50 d. C.) y el del Evangelio de Juan (redactado a finales del siglo I)  representa el momento en que la teología judía adopta el vocabulario de la filosofía griega para explicarse al mundo mediterráneo.

Aunque Juan y Filón no se leyeron mutuamente (no hay evidencia de dependencia directa), ambos formaban parte de un mismo caldo de cultivo cultural: el judaísmo helenístico, que buscaba traducir la fe de Israel a las categorías del platonismo y el estoicismo.
1. Los puntos de contacto: El terreno común

Filón, un filósofo judío de Alejandría, intentó demostrar que la Torá y la filosofía platónica/estoica hablaban en el fondo de lo mismo. Para ello, colocó al Logos como mediador entre un Dios trascendente e inaccesible y la creación material.

Tanto en Filón como en el Prólogo de Juan (Jn 1,1-18), el Logos comparte atributos clave:

Mediador en la creación: Para Filón, el Logos es el instrumento o "arquitecto" mediante el cual Dios creó el cosmos. En Juan 1,3 se afirma casi idénticamente: "Todas las cosas por medio de él fueron hechas".

Preexistencia e intermediación: Para Filón, el Logos es preexistente a todo lo creado y actúa como sacerdote u orador que intercede entre Dios y la humanidad. En Juan, el Logos está "en el principio con Dios".

Imagen y Luz: Filón llama al Logos "imagen de Dios" (eikōn) y "luz inteligible". Juan lo presenta como la "luz verdadera que ilumina a todo hombre".

La divergencia fundamental: Filón vs. Juan


A pesar de este vocabulario compartido, el Evangelio de Juan introduce una ruptura radical con el pensamiento de Filón. La diferencia se sintetiza en el versículo 14 del prólogo: "Y el Logos se hizo carne" (ho Logos sarx egeneto).

Para Filón, el Logos es un puente intelectual para que el alma humana escale hacia lo divino evitando el contacto con lo material. Para Juan, el Logos hace exactamente lo contrario: desciende, asume la materia y acampa (eskenosen) en la historia humana.

La doble raíz del Logos johánico

Más que una copia de Filón, el Logos de Juan sintetiza dos tradiciones:

La filosofía griega/alegórica (influencia helenística): Heredera del uso que hace Filón del término para hablar de la Razón Cósmica.


La Dabar hebrea y la Chokmah (influencia del Antiguo Testamento): La "Palabra de Dios" en el Génesis ("Y dijo Dios: Hágase...") y la Sabiduría personificada en Libros Sapienciales (Proverbios 8, Sirácida 24), que habitaba con Dios antes de la creación y fue a morar entre los hombres.

En última instancia, el genio del autor del Cuarto Evangelio fue tomar un término que un filósofo alejandrino o un pensador griego entendían perfectamente (Logos) y redefinirlo mediante un acontecimiento escándalo para la filosofía clásica: que la Razón del universo se hizo un ser humano de carne y hueso.


el resultado literal en el texto de Juan es claro, la pregunta es si un personaje como Juan es razonable que tuviera una influencia filosófica como la de Filón. Para algunos autores como Piñero es impensable que un pescador como Juan acabe escribiendo un texto casi filosófico como el prologo del evangelio de su nombre.

Este es un dilema histórico y sociológico fundamental. La objeción que plantean historiadores como Antonio Piñero (y gran parte de la crítica bíblica contemporánea) es impecable desde la sociología del mundo antiguo: un pescador galileo del siglo I, arameo parlante y analfabeto o escasamente alfabetizado, difícilmente pudo redactar en griego un tratado con la sofisticación teológica y conceptual del Prólogo de Juan.

Sin embargo, la investigación histórica actual no exige asumir que un pescador galileo se sentara a escribir filosofía alejandrina. Para entender cómo se acortó esa distancia, los historiadores señalan principalmente tres factores:

 La "Escuela Johánica": Composición comunitaria y por etapas

El consenso académico mayoritario (desde Raymond E. Brown hasta Richard Bauckham) sostiene que los evangelios no son la autobiografía inmediata de un solo autor sentado en su escritorio, sino el resultado de un proceso de transmisión oral, redacción y edición dentro de una comunidad.

El testigo ocular (El "Discípulo Amado"): Juan (o la figura histórica detrás de la tradición) aporta el núcleo de los recuerdos, las tradiciones orales y la autoridad apostólica.


Los redactores/editores: El texto que nos llega en griego helenístico hacia el 90-100 d.C. fue compuesto y pulido por una comunidad de discípulos instruidos (la llamada Escuela Johánica), probablemente en Éfeso o Siria.

El Prólogo como himno previo: Gran parte de la exégesis moderna considera que el Prólogo (Jn 1,1-18) era un himno litúrgico preexistente en la comunidad, influenciado por la teología helenística, que el redactor final colocó como pórtico del evangelio.

Por tanto, el Prólogo no refleja el bagaje académico de un pescador de Galilea del año 30 d.C., sino el nivel de refinamiento conceptual al que había llegado su comunidad 60 años después.
2. La judeidad helenizada de Éfeso y la koiné cultural

A finales del siglo I, el cristianismo primitivo ya se había desplazado del entorno rural de Galilea a las grandes metrópolis del Imperio Romano (como Éfeso, Antioquía o Alejandría).

En estas ciudades, el judaísmo de la Diáspora llevaba generaciones conviviendo con la filosofía griega. Conceptos como el Logos, la Luz o el Ser no eran monopolio de las élites académicas como Filón; eran parte del vocabulario religioso cotidiano de las sinagogas helenizadas. No hacía falta haber leído las obras completas de Filón para respirar la atmósfera conceptual del platonismo judío.
3. Un puente alternativo: La teología de la Sabiduría (Chokmah)

Existe otra vía que explica la sofisticación de Juan sin recurrir necesariamente a la filosofía griega: la propia tradición judía del Segundo Templo.



Un judío piadoso y reflexivo no necesitaba leer a los filósofos paganos para concebir que la Palabra o la Sabiduría de Dios actuaba en el mundo. La literatura de Qumrán muestra que en la Judea del siglo I ya existían corrientes judías profundamente especulativas y con un dualismo teológico sumamente desarrollado.


En conclusión: La paradoja del "pescador filósofo" se disuelve cuando la historia analiza el texto no como la obra individual de un campesino de Galilea, sino como el producto final de seis décadas de evolución teológica comunitaria en las metrópolis del mundo grecorromano.




martes, 21 de julio de 2026

LOS ENFOQUES DE OTTO Y ELIADE PARA ACERCARSE A LO SAGRADO. Misterio como núcleo de lo sagrado.

Si tuviéramos que ponerle una firma al concepto del "misterio" como el corazón de lo sagrado, esa firma sería, sin duda, la de Rudolf Otto.



Para Otto, lo sagrado (a lo que él llama lo numinoso) es una categoría de interpretación y una experiencia emocional tan profunda que no se puede explicar completamente con palabras o lógica; es algo puramente irracional.

Él define ese núcleo a través de tres ideas:

Mysterium: Lo sagrado es lo "completamente otro" (ganz Andere), algo que escapa a nuestra comprensión racional y ante lo cual el lenguaje normal se queda corto.


Tremendum: Provoca un estremecimiento, un pavor sagrado y un sentimiento de absoluta pequeñez en el sujeto (lo que él llama el "sentimiento de criatura").


Fascinans: Al mismo tiempo que asusta o abruma, ejerce una atracción irresistible, una fascinación que cautiva al sujeto religioso.
La gran diferencia de matiz con Eliade


Mientras que Otto pone el acento en la experiencia psicológica y mística (el impacto del misterio dentro del sujeto), Mircea Eliade pone el acento en la manifestación objetiva y cultural (cómo ese misterio sale a la luz en el mundo a través de mitos, símbolos y ritos).

Para Eliade, el misterio ya está presupuestado, pero lo que realmente le fascina es cómo las culturas logran habitar el mundo organizando su vida, sus ciudades y su tiempo alrededor de esos puntos donde el misterio se ha manifestado (las hierofanías).

 Para Eliade, la base de todo su análisis no se divide exactamente en esos tres componentes. El núcleo de su pensamiento gira en torno a una estructura dual y a un concepto clave: la dialéctica de lo sagrado y lo profano, mediada por la hierofanía.

 La oposición Sagrado vs. Profano

Para Eliade, el mundo se divide en dos modos de ser. Lo profano es el espacio de la rutina, lo homogéneo, lo cotidiano y lo secular. Lo sagrado es lo saturado de ser, la realidad absoluta, lo que tiene poder y da sentido a la existencia.

La Hierofanía (El acto de manifestación)

Este es el concepto central de Eliade. Una hierofanía es el acto por el cual algo sagrado se nos manifiesta en un objeto profano (una piedra, un árbol, un río, un trozo de madera). La paradoja de la hierofanía: El objeto sigue siendo físicamente una piedra o un árbol (sigue siendo profano), pero para el creyente se convierte en otra cosa, en un canal de la realidad divina.

El Espacio y el Tiempo Sagrados

Cuando lo sagrado se manifiesta, rompe la homogeneidad del mundo:

  • Espacio Sagrado: Crea un "centro del mundo" (axis mundi) que organiza la realidad a su alrededor (un templo, una montaña sagrada).

  • Tiempo Sagrado: Es un tiempo circular y reversible. A través del mito y el ritual, el ser humano puede salir del tiempo histórico lineal y regresar al in illo tempore (en aquel tiempo), el momento de la creación original.

El concepto de "misterio" (mysterium tremendum et fascinans) pertenece propiamente a Rudolf Otto en su obra Lo Santo (1917). Otto se centra mucho más en la experiencia psicológica y emocional del sujeto religioso ante lo numinoso. Eliade toma elementos de Otto, pero su enfoque es más estructural e histórico: le interesa cómo lo sagrado se manifiesta en la historia a través de símbolos y mitos, no solo la respuesta psicológica del sujeto.

Llegados a este punto es necesaria una desambiguación en el uso de la palabra misterio, cuando la utilizamos en el contexto de cultos de misterios y cuando la utilizamos en el marco general de la fenomenología de la religión.


La diferencia fundamental es que en los cultos de misterios hablamos de un secreto institucional y ritual (algo que no se debe decir), mientras que en la fenomenología de la religión hablamos de una realidad ontológica y ontogénica (algo que no se puede decir).

El "misterio" en la Fenomenología de la Religión

Aquí, "misterio" designa la naturaleza misma de lo divino o lo sagrado. No es algo que un grupo de personas te esté ocultando a propósito; es una propiedad inherente a la realidad trascendente. No hay involucrado un proceso de iniciación. 

Es una inefabilidad esencial: Se refiere a aquello que desborda las categorías del pensamiento y del lenguaje humano. Como decía Rudolf Otto, es lo "completamente otro" (ganz Andere).  No se puede explicar con palabras no porque esté prohibido, sino porque la mente humana y el lenguaje conceptual no tienen las herramientas para abarcarlo. El sujeto experimenta esa presencia abrumadora que trasciende la lógica.

El "misterio" en los Cultos de Misterios

(Uso histórico, antrópico y ritual)

Proviene del griego mystērion (derivado del verbo myein, que significa "cerrar la boca" o "cerrar los ojos"). Hace referencia a las religiones mistéricas de la Antigüedad clásica (Eleusis, Mitras, Dioniso, Isis, etc.).

 El "misterio" aquí no es una incognoscibilidad metafísica abstracta, sino un conocimiento, mito o ritual reservado exclusivamente a los iniciados (mystai). Se impone la Ley del silencio (Arcani disciplina): Revelar a un profano lo que sucedía dentro del recinto sagrado (el telesterion) estaba castigado social, legal e incluso religiosamente. El objetivo del misterio ritual es hacer pasar al iniciado por una vivencia simbólica de muerte y renacimiento para garantizarle un destino venturoso tras la muerte o una unión más estrecha con la divinidad.Los cultos de misterios usaban el "misterio ritual" (el secreto de sus ritos) precisamente como un vehículo para hacer que el iniciado experimentara el "misterio fenomenológico" (el encuentro transformador e inefable con la divinidad).


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miércoles, 15 de julio de 2026

EL GIRO ANIMALISTA DE LA ECOLOGIA COMO COMPONENTE DE UN NUEVA RELIGIÓN CIVIL

El giro animalista no ocurrió de la noche a la mañana.  Se consolida en dos grandes oleadas a finales del siglo XX. Este giro transforma la ecología tradicional  para empezar a integrar la subjetividad, los derechos y el valor intrínseco de los individuos no humanos.

La evolución de este proceso tiene algunos hitos clave:

1964: Ruth Harrison publica Animal Machines, un libro que abre los ojos al público occidental sobre la crueldad de la ganadería industrial y altera la percepción de que la naturaleza es solo un campo de producción.

1971: Se publica Animals, Men and Morals (editado por Roslind y Stanley Godlovitch), acuñando el debate moderno. 

1975: El filósofo australiano Peter Singer publica Liberación Animal. Este texto introduce de forma masiva el concepto de especismo (la discriminación de un ser en función de su especie) y utiliza el dolor y el sufrimiento como el baremo ético para derribar el antropocentrismo tradicional. 

 El "Animal Turn" institucional y académico  es la otra oleada, que se produce en los  añosos 90 y 2000. Si bien los 70 fueron el despertar del activismo y la bioética, el verdadero "giro animal" como movimiento académico e interdisciplinario madura entre los años 90 y los primeros 2000.


Es aquí donde la ecología, la sociología, el derecho y la crítica cultural se cruzan de forma definitiva bajo los Animal Studies (Estudios Animales). Historiadores, filólogos y ecólogos políticos constatan que definir la "crisis ecológica" ignorando las dinámicas de opresión sobre los cuerpos animales es dejar la ecuación a medias.

Ya en siglo XXI,  en las últimas dos décadas, el giro ha provocado que la ecología política contemporánea adopte posturas posthumanistas. Filósofas actuales como Donna Haraway (con su enfoque de justicia interespecie) o Corine Pelluchon (autora del Manifiesto Animalista) proponen que la transición ecológica no puede ser simplemente una gestión más eficiente de la biosfera para que el ser humano sobreviva; debe ser una reconfiguración de nuestra convivencia con los demás seres sintientes. 

El giro animalista desplaza el foco ecológico: pasa de proteger el "medio ambiente" de forma abstracta a reconocer el estatus moral y la agencia de los individuos que lo habitan. 


Cuando el animalismo se acopla a un posthumanismo radical, deja de ser una mera reforma legal o una corriente bioética para transformarse en una "nueva religión civil". Este fenómeno político-religioso se articula a través de varios dogmas y dinámicas estructurales:

En esta narrativa posthumanista, el humanismo ilustrado y el racionalismo occidental operan como el equivalente al pecado original

El Anthropos (el ser humano, especialmente el moderno-industrial) es visto como una fuerza puramente destructiva, una anomalía que ha corrompido el Edén planetario. La redención política ya no pasa por el progreso humano o la justicia social tradicional, sino por la decentración absoluta del hombre, en una suerte de ascetismo secular donde la propia especie debe "dar un paso atrás" o disolverse en el todo biótico.

La teología de este movimiento sustituye el concepto de "alma" por el de sintiencia. El animal no humano es elevado a la categoría de sujeto de pureza moral absoluta: al carecer de la razón instrumental que pervirtió al hombre, el animal encarna la inocencia primigenia. La política animalista, bajo este prisma, se convierte en una cruzada para defender a este sujeto sagrado. Quien cuestiona esta jerarquía moral no es simplemente un adversario político con el que debatir; es un herético (especista) que perpetúa un sistema de opresión metafísica.

Filósofos como Peter Sloterdijk o corrientes de la ecología profunda ya advertían este desplazamiento. Al vaciar el espacio público de los grandes relatos políticos del siglo XX (marxismo, liberalismo clásico), el vacío existencial y de sentido es ocupado por una mística de la vulnerabilidad. Cuidar al vulnerable —donde el animal es el máximo exponente por su indefensión ante la técnica humana— se convierte en el mandamiento supremo. Es una política que no se mueve por programas económicos, sino por la afección, el asco moral ante el consumo de carne y la catarsis emocional.

Esta corriente cuenta con sus propios ritos ecopolíticos:

El purismo dietético: El veganismo político no funciona solo como una opción ética o de salud, sino como un tabú alimentario y un marcador de pureza espiritual (similar a las leyes kosher o halal).

El lenguaje litúrgico: La sustitución sistemática de términos (vuelco de "dueño" a "tutor o compañero interespecie") opera como un mantra que busca reconfigurar la realidad mediante el relato.

El fin de los tiempos (Escatología): El colapso ecológico y la extinción actúan como el Apocalipsis inminente que purgará la soberbia humana si no adoptamos la nueva fe interespecie.

El conflicto en la izquierda y la ecología política

Este giro político y cuasi-religioso genera una enorme fricción con la ecología política tradicional y el socialismo. Intelectuales materialistas critican que esta "religión posthumanista" vacía la política de sus categorías materiales (clase, soberanía, infraestructura, recursos) para sustituirla por un sentimentalismo metafísico. Advierten que, al sacralizar la naturaleza e igualar los derechos de un cetáceo o un río con los de una comunidad humana precarizada, se corre el riesgo de despolitizar la economía y justificar un preocupante misantropismo político.

Cuando las demandas de protección (al animal, al clima, al ecosistema) se traducen en políticas públicas tuteladas por las élites globales, el resultado no suele ser una redistribución de la riqueza o una fiscalización del gran capital, sino una erosión sistemática del modo de vida y de las libertades de las clases medias.

Esta dinámica opera a través de varios vectores materiales y políticos muy concretos:

El "Capitalismo Verde" y la privatización del consumo

La retórica de la vulnerabilidad permite desplazar la responsabilidad estructural hacia el individuo. La solución que proponen las élites económicas no es cambiar el modelo de producción, sino penalizar las opciones de consumo de los ciudadanos comunes.

La paradoja de las restricciones: Se prohíbe el coche diésel o de gasolina antiguo de un trabajador que no puede permitirse un vehículo eléctrico, restringiendo su movilidad laboral bajo el argumento de la huella de carbono, mientras los vuelos en jets privados baten récords.

El encarecimiento de la proteína: Las normativas animalistas y climáticas hiperrestrictivas asfixian al pequeño sector ganadero tradicional, elevando el precio de la carne. Esto convierte la alimentación de calidad en un bien de lujo accesible solo para las clases altas, mientras se empuja a la clase media hacia sucedáneos ultraprocesados o dietas de menor valor nutricional en nombre de la "sintiencia".

La biopolítica del control y el sacrificio

El posthumanismo, al despojar al ser humano de su estatus político excepcional, facilita que las élites utilicen el argumento de la supervivencia de la biosfera como un imperativo moral incuestionable. Ante una crisis existencial (sea climática, sanitaria o ecológica), cualquier disidencia o defensa de la libertad individual es catalogada de egoísmo o insolidaridad interespecie. El ciudadano de clase media es educado en una cultura del autosacrificio y la culpa, aceptando la pérdida de poder adquisitivo, el control digital de su consumo y la sobrerregulación de su vida cotidiana como un "peaje necesario" para salvar a los vulnerables.

La destrucción de la autonomía material de la clase media

Históricamente, la fuerza política de la clase media radicaba en su autonomía: la propiedad (una vivienda, un coche), la estabilidad laboral y cierta capacidad de decisión sobre su vida. La agenda que se deriva de esta "nueva religión" tiende a sustituir la propiedad por el acceso regulado (el modelo de suscripción o sharing economy, resumido en el famoso lema del Foro Económico Mundial: "No poseerás nada y serás feliz"). Al criminalizar elementos básicos de esa autonomía en nombre del ecologismo o del bienestar animal, se desmantela la base material que permitía a la clase media negociar y oponerse al poder del Estado y de las corporaciones.

 El moralismo como distracción de clase

Para las élites tecnocráticas, financiar e impulsar la agenda animalista o el identitarismo posthumanista es extraordinariamente barato y políticamente inocuo. No cuestiona los flujos financieros globales, los paraísos fiscales ni la deslocalización industrial. Al contrario, funciona como una perfecta cortina de humo moral. Dividen el debate público entre "ciudadanos virtuosos e ilustrados" (quienes adoptan las nuevas pautas globales) y "bárbaros insensibles" (las clases medias y bajas que se resisten porque dañan su economía), neutralizando así cualquier atisbo de solidaridad de clase materialista.

El peligro real de este proceso es el surgimiento de un feudalismo tecnocrático con rostro compasivo: un sistema donde las restricciones de movilidad, consumo y propiedad se imponen desde arriba, justificadas ya no por el derecho divino de los reyes, sino por el "deber moral" de proteger a la Madre Tierra y a los seres sintientes.


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viernes, 10 de julio de 2026

GUIA DE LECTURA DE LOS LIBROS SAPIENCIALES. Teología de la retribución, crisis y reproposición.

La lectura de la biblia requiere de un cierto conocimiento, sin el cual es muy difícil de alcanzar el sentido, ni siquiera de un modo superficial de lo que está contenido el texto. No se trata ya de entrar en la hermenéutica o exégesis compleja del texto, lo cual es una tarea que nunca termina. Se trata al menos de tener los mimbres básicos con los que construir un armazón contextual suficiente para no perderse del todo.

En lo libros sapienciales este armazón es especialmente interesante. Estos libros tratan sobre la

experiencia humana, la ética y las grandes preguntas existenciales.

Podemos articular esta temática en tres fases

La primera fase es la que se corresponde con la tradición sapiencial deuteronomista que expones la teología de la retribución. Responde a la pregunta de cómo me he de comportar, cómo de ordenar mi existencia para obtener una retribución en esta vida que se corresponde con ese comportamiento correcto. Los libros que expone el problema desde esta posición so Proverbios y Salmos.

En la segunda fase se pone en crisis la teología de la retribución. Esta crisis se refleja en los libros de JOB Y Qohelet.

la biografía de Job es un testimonio vivo de que, aun siendo justo, la retribución falla. El mensaje, no obstante, es que se debe de tener confianza hasta el final, la retribución puede venir en el último momento.

Qohelet es si cabe más tremendo en la declaración de la crisis. Si el final es siempre la muerte, entonces la retribución siempre falla. Sólo una esperanza que contemple un más allá de la muerte tiene sentido. Este es el aspecto clave. La parte más tradicional del AT, la formulación antigua de la retribución, no habla del más allá de la muerte como momento de la retribución. La alianza con Dios se refiere a lo que pase en esta vida. Por ello es tan importante la tercera fase. 

la tercera fase es de reproposición, y sólo aparece en la biblia católica, lo cual no es un detalle menor, y se se expone en Sabiduría y Eclesiástico. 

Por qué se declaran apócrifos estos dos libros en la Reforma.

El pilar de la Reforma era la doctrina de la Sola Scriptura (solo la Escritura es la base de la fe) y la justificación por la fe (Sola Fide). Al analizar los libros de la Septuaginta que no estaban en el canon hebreo, los reformadores encontraron pasajes que chocaban frontalmente con su nueva teología o que apoyaban doctrinas de la Iglesia Católica que ellos rechazaban.

El mérito de las obras frente a la gracia: En Eclesiástico 3:30 se lee: "El agua apaga el fuego ardiente, y la limosna perdona los pecados". Para los reformadores, esta idea de que las obras o las limosnas humanas podían expiar el pecado contradecía directamente la tesis de que solo la fe en el sacrificio de Cristo salva al hombre.

La intercesión de los santos: En Eclesiástico 48:1-11 (al hablar de Elías) o en pasajes de otros libros apócrifos como Macabeos, se daba pie a la oración por los muertos o a la intercesión de los que ya habían fallecido, algo que la teología protestante descartó por completo al considerar a Cristo como único mediador.

Ciertamente, Lutero no quemó o eliminó por completo estos libros. En su traducción de la Biblia al alemán (1534), Lutero no los borró, sino que los agrupó en una sección separada al final del Antiguo Testamento bajo el título de "Apócrifos".

En el prólogo de esa sección, Lutero dejó escrita una famosa definición que resume la postura de la Reforma temprana:

"Estos son libros que no se consideran iguales a las Sagradas Escrituras, pero que reflejan una lectura útil y buena".

Lutero valoraba mucho el contenido moral de Eclesiástico y la belleza poética de Sabiduría, pero determinó que ninguna doctrina o dogma de fe podía fundamentarse exclusivamente en ellos. Con el paso del tiempo y el avance de las iglesias protestantes (especialmente las de tradición reformada/calvinista y las sociedades bíblicas del siglo XIX), estos libros se dejaron de imprimir por completo en las biblias protestantes para evitar confusiones.

La Iglesia Católica, en respuesta directa a la Reforma, blindó la inclusión de estos libros de forma dogmática e irreversible en el Concilio de Trento (1546), declarando anatema (excomulgado) a cualquiera que no los aceptara como sagrados y canónicos en su totalidad.

El libro de la Sabiduría como inculturación del cultura griega en la hebrea

Decir que el Libro de la Sabiduría es un proceso de inculturación de la cultura griega en la tradición hebrea no solo es acertado, sino que es la clave hermenéutica principal para entender de qué trata el libro y por qué fue escrito. Es una clave fundamental también a la hora de valorar por  qué este libro esté en el canon católico y no en el canon protestante. 

El autor (un judío helenizado que escribe de forma anónima bajo el seudónimo del rey Salomón, probablemente en Alejandría en el siglo I a.C.) no buscaba paganizar el judaísmo, sino reexpresar la fe de sus padres utilizando la gramática, la filosofía y el lenguaje conceptual de la Grecia helenística.

Alejandría y la crisis de identidad judía

En la Alejandría del siglo I a.C., la comunidad judía vivía inmersa en la cultura dominante del mundo griego. Los jóvenes judíos educados corrían el riesgo de sentir que las tradiciones de sus antepasados eran "bárbaras" o anticuadas frente al brillo de la filosofía, la ciencia y la retórica griegas.

Frente a esta presión, el Libro de la Sabiduría actúa como un puente de inculturación: no rechaza el pensamiento griego, sino que lo adopta para demostrar que la fe hebrea no solo es compatible con la alta cultura griega, sino que es la expresión suprema de la verdadera Sabiduría.

 La inculturación helenística en el libro

Uso del vocabulario filosófico griego: El autor abandona las formas puramente semíticas y utiliza términos técnicos del platonismo y el estoicismo. Habla de la Sophía (Sabiduría) usando categorías filosóficas: la describe como un espíritu inteligente, accesible, amigo de los hombres (philánthropos), e incluso utiliza la teoría estoica del Pneuma (el espíritu que penetra y gobierna todo el cosmos).

Adopción de las cuatro virtudes cardinales: En Sabiduría 8:7, el autor enumera expresamente las cuatro virtudes de la filosofía platónica y estoica (templanza, prudencia, justicia y fortaleza):"¿Amas la justicia? Las virtudes son fruto de sus fatigas, pues ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza..." Aquí, la ética tradicional de la Torá se traduce directamente al marco ético del mundo helénico.

Con todo, el aspecto más fundamental que el libro de la Sabiduría introduce es el de  la antropología y la inmortalidad del alma: La tradición hebrea antigua concebía al ser humano de forma unitaria (sin una separación tajante entre cuerpo y alma) y tenía una visión muy vaga de la ultratumba (el Sheol).

El Libro de la Sabiduría es el primer libro del Antiguo Testamento en asumir abiertamente la antropología dualista platónica (cuerpo corruptible vs. alma inmortal):"Porque el cuerpo corruptible descuida el alma, y esta morada de tierra oprime la mente llena de pensamientos" (Sabiduría 9:15). "Las almas de los justos están en las manos de Dios..." (Sabiduría 3:1). 

Una inculturación crítica, no un asimilacionismo

Es fundamental señalar que esta inculturación no fue una sumisión ciega. El autor realiza un discernimiento crítico:

Rechaza el politeísmo y la idolatría: En los capítulos 13-15 realiza una dura crítica a la religión griega y a la veneración de imágenes, calificando la idolatría como la raíz de todos los males morales.Corrige la filosofía natural: Reprocha a los pensadores griegos (capítulo 13) el haberse quedado fascinados con la belleza del cosmos (el fuego, el viento, las estrellas) sin haber sido capaces de remontarse al Creador de esa belleza.

 El Libro de la Sabiduría es un caso paradigmático de inculturación teológica. Toma la "vivienda" conceptual del helenismo (sus categorías de pensamiento, su retórica y su ética) para albergar en ella el "contenido" innegociable de la revelación de Israel: el Dios único, la alianza y la justicia.

¿Podemos decir que el catolicismo es más grecocristiano y el protestantismo es más judeocristiano?

Esta distinción no solo es válida, sino que constituye una de las claves teológicas y culturales más agudas para entender las diferencias de sensibilidad, estética y pensamiento entre el Catolicismo y el Protestantismo.

Aunque ambas tradiciones comparten la misma matriz básica (la Biblia y la fe en Cristo), el Catolicismo asimiló y sintetizó la herencia grecorromana, mientras que el Protestantismo protagonizó un movimiento de "des-helenización", buscando retornar a una matriz más hebrea y bíblica.

El Catolicismo como "Grecocristianismo" (La síntesis de Atenas y Jerusalén)

El catolicismo histórico no se entiende sin la filosofía griega (especialmente Platón, Aristóteles y el Estoicismo) ni sin la estructura institucional del Imperio Romano.

  • La Filosofía como herramienta teológica (Ancilla Theologiae): Desde los Padres de la Iglesia hasta Tomás de Aquino, el catolicismo asumió que la razón griega no era enemiga de la fe, sino su preparación. Conceptos clave del dogma católico no están literalmente en la Biblia hebrea, sino que provienen de la metafísica griega: sustancia, persona, naturaleza, transustanciación.

  • Aparato Sacramental y Mediación visual: La cultura griega era profundamente visual y cósmica (el Cosmos como orden bello). El catolicismo hereda esto al otorgar un valor sagrado a la materia: imágenes, estatuas, arquitectura, agua, óleo y pan. La gracia divina se transmite a través de la naturaleza y el arte.

  • La Antropología y la Ley Natural: El catolicismo adoptó la visión estoica y platónica de la "Ley Natural": la razón humana, aunque debilitada por el pecado, sigue conservando la capacidad de conocer el bien y la verdad. La salvación requiere la cooperación de la voluntad y las obras humanas con la gracia divina.

El Protestantismo como acento "Judeocristiano" (El retorno a la Palabra)

La Reforma Protestante del siglo XVI fue, en esencia, una protesta contra lo que consideraba la "paganización" o "helenización" de la Iglesia. Los reformadores quisieron saltarse 1.500 años de filosofía griega para volver a la mentalidad del Tanaj (Antiguo Testamento) y del cristianismo apostólico primitivo.

  • El Primado de la Palabra Escrita (Sola Scriptura): En la tradición hebrea, Dios no se ve, se escucha ("Escucha, Israel..." - Shemá). El protestantismo desmanteló la imaginería visual y sacramental del catolicismo para centrar la fe en el texto escrito y la predicación. La teología protestante es auditiva y textual, muy cercana a la tradición rabínica del estudio de las Escrituras.

  • La Trascendencia Radical de Dios: Al igual que en el judaísmo, en el protestantismo hay una distancia infranqueable entre el Creador y la creación. Dios no se "mejora" ni se materializa mediante estatuas o santos intermediarios. Romper con la veneración de imágenes fue un intento directo de restaurar el segundo mandamiento del Decálogo hebreo (la prohibición de las imágenes gravadas).

  • Antropología Semítica (Pecado y Gracia): Frente a la visión optimista de la razón griega, el protestantismo (sobre todo el calvinismo) adopta una visión antropológica muy cercana a ciertos pasajes del Antiguo Testamento y San Pablo: el ser humano está "totalmente depravado" por el pecado. No hay "ley natural" ni mérito humano que valga; la salvación es un acto exclusivo y soberano de Dios (Sola Gracia, Sola Fide), muy similar al pacto incondicional de Dios con Israel

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QUE NO PODEMOS HACER AL LEER EL ANTIGUO TESTAMENTO O A PLATÓN

Al leer el Antiguo Testamento (AT) o a PLatón, podemos cometer errores de bulto que debemos evitar.  No podemos entrar en un diálogo platóni...