jueves, 25 de abril de 2024

DE LA HIPÓTESIS DE PLATÓN A LA HIPÓSTASIS DE PLOTINO.

La teoría de sobre las hipóstasis es un capítulo del final de la filosofía antigua que suele desconcertar a los estudiantes. ¿Cuál es el énfasis que quiere poner Plotino cuando introduce este término técnico en su sistema? 

Una parte importante de la respuesta a esta pregunta está el dialogo Parménides de Platón.

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EL PARMÉNIDES de Platón

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El Parménides es un dialogo que, a diferencia de otros diálogos platónicos, como el Fedro o el Banquete, se presenta en un estilo un tanto árido para el lector. Es además, y esto es lo más importante, el punto de inicio de un profunda autocrítica de la teoría de las ideas.

¿Cuál es el modo en que las ideas conectan con el mundo sensible? ¿Es uan participación, en el sentido en que unas forman parte de lo otros, o viceversa? ¿ En una imitación?

El problema queda planteado pero no resuelto. Y tardará en resolverse, para ello habrá que esperar al Timeo.

Pero no se quedan ahí los cuestionamientos del Parménides. Si nos centramos sólo en el mundo inteligible, es decir, en las ideas mismas, tampoco la investigación es sencilla. ¿Podemos mantener que las ideas son del modo en que el filósofo Parménides postuló que es el (verdadero) ser?: un uno inmutable, continuo, indivisible, eterno. 

Dicho de otra manera: ¿El Uno es (verdaderamente)?

Esta es la hipótesis que se plantea con todos sus consecuencias en la segunda parte del diálogo, como un ejercicio de argumentación lógica muy detallado.

El dialogo queda con un final abierto.

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Plotino, que presenta su filosofía como un poner en limpio la del Platón, lo que hace es componer un sistema filosófico con caracteres que lo dotan de identidad propia, aunque, como este caso, hay que rastrear en su sistema su origen platónico. 

Los rasgos distintivos de este sistema son la vertebración y la vitalización de las piezas que formaban el pensamiento platónico.

Así, la composición de mundo inteligible, Demiurgo y mundo sensible, y otros elementos que aparecen en los escritos e incluso en le pensamiento no escrito de Platón (agrapha dogmata; queda vertebrada, articulada, postulando tres hipostasis: el Uno, La Inteligencia, el Alma; y, por debajo, como infra-ser, la materia.

--------------------------------------------------------------------------------------------El Uno, y también la Inteligencia y el Alma, pasan de ser una tesis de base, que hay que poner a prueba: una hipótesis; a una afirmación básica, una verdadera realidad: hipóstasis.

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lunes, 15 de abril de 2024

CLAVES DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA TEOLOGÍA ENTRE EL SIGLO I Y EL IV. (QUINTÍN RACIONERO).

Del legado audiovisual que nos dejó Quintín Racionero, una de las piezas más interesantes es el conjunto de videos que dedica al cristianismo.

En las más de veinte horas de grabación va desgranando, paso a paso, la evolución del pensamiento cristiano desde el siglo I hasta el siglo IV, con un epílogo que llega hasta el año 529, año en el que se ordena el din de las enseñanzas paganas en los territorios de lo que queda del Imperio romano. 

Especial interés tiene para nosotros el enfoque que hace aquí Racionero, en el que analiza con gran detalle los aspectos internos, la contextualización externa y las implicaciones entre ambas, que dan una especie de teología política o si quiere metapolítica.

A grandes rasgos, el siglo I es el de la redacción en griego de los evangelios canónicos. Destaca aquí el acento en distinguir los evangelios sinópticos del evangelio del círculo de Juan, en Patmos. Para el último, hay que tener en cuenta, al menos tres cuestiones: la influencia de la escuela de Alejandría, la formación de un culto litúrgico en la línea de los cultos de misterios; y muy importante, la  persecución de Domiciano, con la implicación que ello tiene en un relato martirial, y el desapego del Imperio, sin lo cual no se entiende el Apocalipsis. 

El siglo II es el siglo de la gnosis, que es una mezcla de religión y filosofía, con la que tendrá que discutir el cristianismo, digamos ortodoxo. La mezcla no es una peculiaridad del cristianismo sino que se da también un gnosis del culto de Isis, por ejemplo. Es pues un movimiento típico de ese tiempo. El gesto gnóstico principal es el de la reserva del conocimiento verdadero a uno pocos. Es también una teodicea en la que el mal no puede contaminar a lo supremo divino sino solamente a lo divino intermedio que se multiplica en una compleja serie de eones. 

En el siglo II, el cristianismo no tiene todavía construida una teología, es decir, un discurso racional sobre lo divino. Por ello es blanco fácil para la crítica filosófica del platónico Celso, por ejemplo. El soporte de los relatos evangélicos se ve con cierto desprecio por la escuelas de filosofía. Estamos en el momento álgido del Imperio, en el que el éxito de su modo de organización, incluido el culto oficial, legitima el discurso ideológico imperante.

El siglo III es el de la crisis. La crisis del siglo tercero está muy bien estudiada y afecta a todos los sectores de la vida de los ciudadanos del Imperio. No es extraño que se necesite una revitalización del discurso que soporta a las instituciones. El neoplatonismo parece llamado a ejercer esta función. En ese ejercicio, el neoplatonismo de Plotino refuta la gnosis y mantiene una postura de cierta agresividad con el cristianismo. Éste, por su parte está armando en este momento su construcción teológica. Orígenes será el que aportará la principal contribución, en la que la escuela de Alejandría, con el modelo de la propuesta de Filón, que combina judaísmo y platonismo, es un ejemplo a seguir. 

En la parte final del siglo III, se produce un recrudecimiento de las persecuciones. Es ahora, y no antes, cuando la persecución lo es del cristianismo como tal y no de los cristianos particulares en cuanto que negaban el culto al emperador. Es un momento crucial en el que se da la apostasía de aquellos que temen perder la vida. Al final del siglo, llegamos al tiempo de Diocleciano y con ello al momento en el que se producirá un giro de guion. 

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 05-01 CRISTIANISMO Introducción

Constantino ve en el cristianismo ese soporte cultual que no se había hallado en el politeísmo pagano. En dos pasos breves se pasa de tolerar el cristianismo a decláralo culto del imperio. Estamos en el 313 d.C. 

Vienen ahora los pasos más delicados. ¿Existe una ortodoxia cristiana suficientemente cohesionada para servir al fin para el que Constantino la tiene destinada? La teología, a pesar del esfuerzo notable realizado por Orígenes, no está completamente definida. El logos (Cristo) es un expresión del Dios Padre, pero, ¿es la única expresión? El asunto no es menor. Si es una expresión más, entonces puede haber otras expresiones legitimadoras de otras instituciones que no sean el imperio renovado del emperador Constantino. De hecho el arrianismo no ve en Cristo un dios al nivel del Dios Padre. De estos desvelos surge el Concilio de Nicea y, de éste, el Credo niceno. Estamos en el años 325. 

El Credo que sale de Nicea va más allá de lo que Origenes llevó a Cristo. Lo pone a la misma altura que el Dios Padre. Es de la misma naturaleza, consubstancial con el Padre: homoousios. 

Bien, Cristo es el logos como expresión única de Dios, Pero, ha acertado Constantino con esa posición. Como expresión única, ¿no le coloca potencialmente por debajo del líder religioso máximo? Esa preocupación hará que Constantino y su hijo Constancio no sean defensores acérrimos del resultado obtenido en Nicea. 

Con Teodosio, hacia el 380, a pesar de ser Teodosio el Grande, las implicaciones de Nicea se realizan en la aceptación del liderazgo del Papa, que en ese momento dirige ya la iglesia como algo más que el obispo de Roma.

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jueves, 14 de marzo de 2024

POR QUÉ ZENÓN NECESITA LAS APORIAS QUE NIEGAN EL MOVIMIENTO

Uno de los pasajes más llamativos de la filosofía presocrática es el que da cuenta de las aporías de Zenón de Elea, discípulo de Parménides.

Una aporía es un problema sin salida, esto es, que no tiene una vía de salida racional.

Cada una de las aporías de Zenón trata de demostrar que el movimiento (y el cambio en general) es aparente, pero no real.

¿Por qué ese interés tan acusado en demostrar que el movimiento no es real?

La respuesta está en la concepción de la realidad que Zenón hereda de Parménides. Visto en retrospectiva, en el vocabulario filosófico actual, podemos decir que el fondo del asunto es ontológico. No por casualidad se le atribuye a Parménides la paternidad de la ontología.

Es una tesis fundamental de la ontología de Parménides que el ser es uno, continuo, eterno e inmutable.

Las consecuencias de que el ser sea uno y continuo surgen enseguida. En algo que esté totalmente lleno, sin holguras, el movimiento ahí dentro no es posible. 

Entones, un pitagórico, por ejemplo, que tiene una visión de la realidad en la que hay huecos, como consecuencia de cómo se ha originado, esto es, por medio de la respiración pitagórica, que postula la entrada del vacío en un lleno originario; puede decir que la concepción parmenidea de la realidad está equivocada porque impide que el movimiento pueda ser explicado, mientras que la pitagórica es acertada porque es compatible con el movimiento. 

Para dar respuesta a esta objeción, lo que hace Zenón no es explicar el movimiento a pesar de que el ser es un uno continuo. Lo que hace Zenón es simplemente negar el movimiento. 

Negado el movimiento, nada impide que pueda seguir sosteniendo que el ser es un uno continuo, que es realmente la tesis principal. 

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Las Aporías de Zenón

--------------------------------------------------------------------------------------------Una vez aclarado el principal objetivo de Zenón, queda una segunda parte del asunto. 

Dado que las aporías están presentadas de un modo muy hábil, si se quiere demostrar que el movimiento es real y no aparente, entonces hay que demostrar que las aporías tienen fallos argumentales.

Esta segunda parte se ha mostrado, en la historia de la filosofía y de la ciencia, como un asunto no sencillo.

Ha habido que recurrir a argumentos matemáticos avanzados para poder decir que la suma de los términos de una serie infinita no necesariamente da infinito, sino, que por el contrario, es posible que la suma de una serie infinita converja hacia un número finito. 

Luego no hay que dar infinitos pasos para llegar de A a B, basta con dar un número finito de pasos, lo cual está al alcance de los humanos, y como no, al alcance de superhumanos como Aquiles. 

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Si el ser es continuo (lleno)el movimiento no es posible. Luego como el movimiento se da, entonces el ser no es un uno continuo.

Pues bien, en realidad el movimiento no se da, es solo aparente, luego sí que podemos afirmar que es ser es un uno continuo. 

martes, 27 de febrero de 2024

LOS MITOS PLATÓNICOS DEL FEDRO. EL CARRO ALADO, LAS CIGARRAS, THOT.


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leer directamente a Platón.

EL FEDRO DE PLATÓN

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EL CARRO ALADO

Conviene, dice Sócrates, que en primer lugar intuyamos la verdad sobre la naturaleza divina y humana del alma, viendo qué es lo que siente y qué es lo que hace. Y éste es el principio de la demostración.

Cómo es el alma, requeriría toda una larga y divina explicación; pero decir a qué se parece, es ya asunto humano y, por supuesto, más breve. Podríamos entonces decir que se parece a una fuerza que, como si hubieran nacido juntos, lleva a una yunta alada y a su auriga . Pues bien, los caballos y los aurigas de los dioses son todos ellos buenos, y buena su casta, la de los otros es mezclada. Por lo que a nosotros se refiere, hay, en primer lugar, un conductor que guía un tronco de caballos y, después, estos caballos de los cuales uno es bueno y hermoso, y está hecho de esos mismos elementos, y el otro de todo lo contrario, como también su origen. Necesariamente, pues, nos resultará difícil y duro su manejo

Y ahora, precisamente, hay que intentar decir de dónde le viene al viviente la denominación de mortal e inmortal. Todo lo que es alma tiene a su cargo lo inanimado 54, y recorre el cielo entero, tomando unas veces una forma y otras otra. Si es perfecta y alada, surca las alturas, y gobierna todo el Cosmos. Pero la que ha perdido sus alas va a la deriva, hasta que se agarra a algo sólido, donde se asienta y se hace con cuerpo terrestre que parece moverse a sí mismo en virtud de la fuerza de aquélla. Este compuesto, cristalización de alma y cuerpo, se llama ser vivo, y recibe el sobrenombre de mortal

El nombre de inmortal no puede razonarse con palabra alguna; pero no habiéndolo visto ni intuido satisfactoriamente, nos figuramos a la divinidad, como un viviente inmortal, que tiene alma, que tiene cuerpo, unidos ambos, de forma natural, por toda la eternidad. Pero, en fin, que sea como plazca a la divinidad, y que sean estas nuestras palabras. 

Consideremos la causa de la pérdida de las alas, y por la que se le desprenden al alma. Es algo así como lo que sigue. 

El poder natural del ala es levantar lo pesado, llevándolo hacia arriba, hacia donde mora el linaje de los dioses. En cierta manera, de todo lo que tiene que ver con el cuerpo, es lo que más unido se encuentra a lo divino. Y lo divino es bello, sabio, bueno y otras cosas por el estilo. De esto se alimenta y con esto crece, sobre todo, el plumaje del alma; pero con lo torpe y lo malo y todo lo que le es contrario, se consume y acaba. Por cierto que Zeus, el poderoso señor de los cielos, conduciendo su alado carro, marcha en cabeza, ordenándolo todo y de todo ocupándose. Le sigue un tropel de dioses y démones ordenados en once filas. Pues Hestia  se queda en la morada de los dioses, sola, mientras todos los otros, que han sido colocados en número de doce, como dioses jefes, van al frente de los órdenes a cada uno asignados. Son muchas, por cierto, las miríficas visiones que ofrece la intimidad de las sendas celestes, caminadas por el linaje de los felices dioses, haciendo cada uno lo que tienen que hacer, y seguidos por los que, en cualquier caso, quieran y puedan. Está lejos la envidia de los coros divinos. Y, sin embargo,figuramos a la divinidad, como un viviente inmortal, que tiene alma, que tiene cuerpo, unidos ambos, de forma natural, por toda la eternidad. Pero, en fin, que sea como plazca a la divinidad, y que sean estas nuestras palabras. »Consideremos la causa de la pérdida de las alas, y por la que se le desprenden al alma. Es algo así como lo que sigue. »El poder natural del ala es levantar lo pesado, llevándolo hacia arriba, hacia donde mora el linaje de los dioses. En cierta manera, de todo lo que tiene que ver con el cuerpo, es lo que más unido se encuentra a lo divino. Y lo divino es bello, sabio, bueno y otras cosas por el estilo. De esto se alimenta y con esto crece, sobre todo, el plumaje del alma; pero con lo torpe y lo malo y todo lo que le es contrario, se consume y acaba. Por cierto que Zeus, el poderoso señor de los cielos, conduciendo su alado carro, marcha en cabeza, ordenándolo todo y de todo ocupándose 56. Le sigue un tropel de dioses y démones ordenados en once filas. Pues Hestia 57 se queda en la morada de los dioses, sola, mientras todos los otros, que han sido colocados en número de doce 58, como dioses jefes, van al frente de los órdenes a cada uno asignados. Son muchas, por cierto, las miríficas visiones que ofrece la intimidad de las sendas celestes, caminadas por el linaje de los felices dioses, haciendo cada uno lo que tienen que hacer, y seguidos por los que, en cualquier caso, quieran y puedan. 

Está lejos la envidia de los coros divinos. Y, sin embargo, cuando van a festejarse a sus banquetes, marchan hacia las empinadas cumbres, por lo más alto del arco que sostiene el cielo, donde precisamente los carros de los dioses, con el suave balanceo de sus firmes riendas, avanzan fácilmente, pero a los otros les cuesta trabajo. Porque el caballo entreverado de maldad gravita y tira hacia la tierra, forzando al auriga que no lo haya domesticado con esmero. 

Allí se encuentra el alma con su dura y fatigosa prueba. Pues las que se llaman inmortales, cuando han alcanzado la cima, saliéndose fuera, se alzan sobre la espalda del cielo, y al alzarse se las lleva el movimiento circular en su órbita, y contemplan lo que está al otro lado del cielo. 

A ese lugar supraceleste, no lo ha cantado poeta alguno de los de aquí abajo, ni lo cantará jamás como merece. Pero es algo como esto -ya que se ha de tener el coraje de decir la verdad, y sobre todo cuando es de ella de la que se habla-: porque, incolora, informe, intangible esa esencia cuyo ser es realmente ser , vista sólo por el entendimiento, piloto del alma, y alrededor de la que crece el verdadero saber, ocupa, precisamente, tal lugar. Como la mente de lo divino se alimenta de un entender y saber incontaminado, lo mismo que toda alma que tenga empeño en recibir lo que le conviene, viendo, al cabo del tiempo, el ser, se llena de contento, y en la contemplación de la verdad, encuentra su alimento y bienestar, hasta que el movimiento, en su ronda, la vuelva a su sitio. En este giro, tiene ante su vista a la misma justicia, tiene ante su vista a la sensatez, tiene ante su vista a la ciencia, y no aquella a la que le es propio la génesis, ni la que, de algún modo, es otra al ser en otro -en eso otro que nosotros llamamos entes-, sino esa ciencia que es de lo que verdaderamente es ser. 

Y habiendo visto, de la misma manera, todos los otros seres que de verdad son, y nutrida de ellos, se hunde de nuevo en el interior del cielo, y vuelve a su casa. Una vez que ha llegado, el auriga detiene los caballos ante el pesebre, les echa, de pienso, ambrosía, y los abreva con néctar. Tal es, pues, la vida de los dioses. 

De las otras almas, la que mejor ha seguido al dios y más se le parece, levanta la cabeza del auriga hacia el lugar exterior, siguiendo, en su giro, el movimiento celeste, pero, soliviantada por los caballos, apenas si alcanza a ver los seres. Hay alguna que, a ratos, se alza, a ratos se hunde y, forzada por los caballos, ve unas cosas sí y otras no. Las hay que, deseosas todas de las alturas, siguen adelante, pero no lo consiguen y acaban sumergiéndose en ese movimiento que las arrastra, pateándose y amontonándose, al intentar ser unas más que otras. Confusión, pues, y porfías y supremas fatigas donde, por torpeza de los aurigas, se quedan muchas renqueantes, y a otras muchas se les parten muchas alas. Todas, en fin, después de tantas penas, tienen que irse sin haber podido alcanzar la visión del ser; y, una vez que se han ido, les queda sólo la opinión por alimento. El porqué de todo este empeño por divisar dónde está la llenura de la Verdad , se debe a que el pasto adecuado para la mejor parte del alma es el que viene del prado que allí hay, y el que la naturaleza del ala, que hace ligera al alma, de él se nutre. 

Así es, pues, el precepto de Adrastea . Cualquier alma que, en el séquito de lo divino, haya vislumbrado algo de lo verdadero, estará indemne hasta el próximo giro y, siempre que haga lo mismo, estará libre de daño. Pero cuando, por no haber podido seguirlo, no lo ha visto, y por cualquier azaroso suceso se va gravitando llena de olvido y dejadez, debido a este lastre, pierde las alas y cae a tierra

»Entonces es de ley que tal alma no se implante en ninguna naturaleza animal, en la primera generación, sino que sea la que más ha visto la que llegue a los genes de un varón que habrá de ser amigo del saber, de la belleza o de las Musas tal vez, y del amor; la segunda, que sea para un rey nacido de leyes o un guerrero y hombre de gobierno; la tercera, para un político o un administrador o un hombre de negocios; la cuarta, para alguien a quien le va el esfuerzo corporal, para un gimnasta, o para quien se dedique a curar cuerpos; la quinta habrá de ser para una vida dedicada al arte adivinatorio o a los ritos de iniciación; con la sexta se acoplará un poeta, uno de ésos a quienes les da por la imitación; sea la séptima para un artesano o un campesino; la octava, para un sofista o un demagogo, y para un tirano la novena. 

De entre todos estos casos, aquel que haya llevado una vida justa es partícipe de un mejor destino, y el que haya vivido injustamente, de uno peor. 

Porque allí mismo de donde partió no vuelve alma alguna antes de diez mil años -ya que no le salen alas antes de ese tiempo-, a no ser en el caso de aquel que haya filosofado sin engaño, o haya amado a los jóvenes con filosofía. Éstas, en el tercer período de mil años, si han elegido tres veces seguidas la misma vida, vuelven a cobrar sus alas y, con ellas, se alejan al cumplirse esos tres mil años. Las demás, sin embargo, cuando acabaron su primera vida, son llamadas a juicio y, una vez juzgadas, van a parar a prisiones subterráneas, donde expían su pena; y otras hay que, elevadas por la justicia a algún lugar celeste, llevan una vida tan digna como la que vivieron cuando tenían forma humana. Al llegar el milenio, teniendo unas y otras que sortear y escoger la segunda existencia, son libres de elegir la que quieran. Puede ocurrir entonces que un alma humana venga a vivir a un animal, y el que alguna vez fue hombre se pase, otra vez, de animal a hombre. »Porque nunca el alma que no haya visto la verdad puede tomar figura humana

Conviene que, en efecto, el hombre se dé cuenta de lo que le dicen las ideas, yendo de muchas sensaciones a aquello que se concentra en el pensamiento. Esto es, por cierto, la reminiscencia de lo que vio, en otro tiempo, nuestra alma, cuando iba de camino con la divinidad, mirando desde lo alto a lo que ahora decimos que es, y alzando la cabeza a lo que es en realidad.

 Por eso, es justo que sólo la mente del filósofo sea alada, ya que, en su memoria y en la medida de lo posible, se encuentra aquello que siempre es y que hace que, por tenerlo delante, el dios sea divino. El varón, pues, que haga uso adecuado de tales recordatorios, iniciado en tales ceremonias perfectas, sólo él será perfecto. Apartado, así, de humanos menesteres y volcado a lo divino, es tachado por la gente como de perturbado, sin darse cuenta de que lo que está es «entusiasmado».

 »Y aquí es, precisamente, a donde viene a parar todo ese discurso sobre la cuarta forma de locura, aquella que se da cuando alguien contempla la belleza de este mundo, y, recordando la verdadera, le salen alas y, así alado, le entran deseos de alzar el vuelo, y no lográndolo, mira hacia arriba como si fuera un pájaro, olvidado de las de aquí abajo, y dando ocasión a que se le tenga por loco. Así que, de todas las formas de «entusiasmo», es ésta la mejor de las mejores, tanto para el que la tiene, como para el que con ella se comunica; y al partícipe de esta manía, al amante de los bellos, se le llama enamorado.

Así que, como se ha dicho, toda alma de hombre, por su propia naturaleza, ha visto a los seres verdaderos, o no habría llegado a ser el viviente que es. Pero el acordarse de ellos, por los de aquí, no es asunto fácil para todo el mundo, ni para cuantos, fugazmente, vieron entonces las cosas de allí, ni para los que tuvieron la desdicha, al caer, de descarriarse en ciertas compañías, hacia lo injusto, viniéndoles el olvido del sagrado espectáculo que otrora habían visto. Pocas hay, pues, que tengan suficiente memoria. Pero éstas, cuando ven algo semejante a las de allí, se quedan como traspuestas, sin poder ser dueñas de sí mismas, y sin saber qué es lo que les está pasando, al no percibirlo con propiedad. De la justicia, pues, y de la sensatez y de cuanto hay de valioso para las almas no queda resplandor alguno en las imitaciones de aquí abajo, y sólo con esfuerzo y a través de órganos poco claros les es dado a unos pocos, apoyándose en las imágenes, intuir el género de lo representado. Pero ver el fulgor de la belleza se pudo entonces, cuando con el coro de bienaventurados teníamos a la vista la divina y dichosa visión, al seguir nosotros el cortejo de Zeus, y otros el de otros dioses, como inicia- dos que éramos en esos misterios, que es justo llamar los más llenos de dicha, y que celebramos en toda nuestra plenitud y sin padecer ninguno de los males que, en tiempo venidero, nos aguardaban. Plenas y puras y serenas y felices las visiones en las que hemos sido iniciados, y de las que, en su momento supremo, alcanzábamos el brillo más límpido, límpidos también nosotros, sin el estigma que es toda esta tumba que nos rodea y que llamamos cuerpo, prisioneros en él como una ostra. 

Sea todo esto en gracias al recuerdo que, en el anhelo de lo de entonces, ha hecho que ahora se hable largamente aquí. Como íbamos diciendo, y por lo que a la belleza se refiere, resplandecía entre todas aquellas visiones; pero, en llegando aquí, la captamos a través del más claro de nuestros sentidos, porque es también el que más claramente brilla. Es la vista 70, en efecto, para nosotros, la más fina de las sensaciones que, por medio del cuerpo, nos llegan; pero con ella no se ve la mente -porque nos procuraría terribles amores, si en su imagen hubiese la misma claridad que ella tiene, y llegase a sí a nuestra vista 71 y lo mismo pasaría con todo cuanto hay digno de amarse. Pero sólo a la belleza le ha sido dado el ser lo más deslumbrante y lo más amable 72. »Ahora bien, el que ya no es novicio o se ha corrompido, no se deja llevar, con presteza, de aquí para allá, para donde está la belleza misma, por el hecho de mirar lo que aquí tiene tal nombre, de forma que, al contemplarla, no siente estremecimiento alguno, sino que, dado al placer, pretende como un cuadrúpedo, cubrir y hacer hijos, y muy versado ya en sus excesos, ni teme ni se avergüenza de perseguir un placer contra naturaleza. Sin embargo, aquel cuya iniciación es todavía reciente, el que contempló mucho de las de entonces, cuando ve un rostro de forma divina, o entrevé, en el cuerpo, una idea que imita bien a la belleza 73, se estremece primero, y le

LAS CIGARRAS

"Se cuenta que, en otros tiempos, las cigarras eran hombres de ésos que existieron antes de las Musas, pero que, al nacer éstas y aparecer el canto, algunos de ellos quedaron embelesados de gozo hasta tal punto que se pusieron a cantar sin acordarse de comer ni beber, y en ese olvido se murieron. De ellos se originó, después, la raza de las cigarras, que recibieron de las Musas ese don de no necesitar alimento alguno desde que nacen y, sin comer ni beber, no dejan de cantar hasta que mueren, y, después de esto, el de ir a las Musas a anunciarles quién de los de aquí abajo honra a cada una de ellas. 

En efecto, a Terpsícore le cuentan quién de ellos la honran en las danzas, y hacen así que los mire con más buenos ojos; a Érato le dicen quiénes la honran en el amor, y de semejante manera a todas las otras, según la especie de honor propio de cada una. Pero es a la mayor, Calíope , y a la que va detrás de ella, Urania, a quienes anuncian los que pasan la vida en la filosofía y honran su música. Precisamente éstas, por ser de entre las Musas las que tienen que ver con el cielo y con los discursos divinos y humanos, son también las que dejan oír la voz más bella".

(las cigarras incitan, con su canto, a no cejar en la investigación. Ellas también establecen el puente entre el cuerpo y sus deseos de conocimiento, y dicen a las Musas, a Calíope y Urania, quiénes son «los que pasan la vida en la filosofía y honran su música». Hay que llegar, por tanto, al fondo del lenguaje, al conocimiento de la «persuasión» que tiene que ver con la Verdad y no sólo con su apariencia. Enredado en el proceso de la historia, el lenguaje puede servir también de instrumento para condicionarla y desorientarla: una retórica, o sea, un arte de las palabras que sólo cede a aquellas presiones de los hombres que se conforman a lo que «sin fundamento se les dice» porque es precisamente eso lo que quieren oír).

La retórica, en definitiva, tiene que ver con la Verdad. No con la apariencia de verdad como defienden los sofistas. 


Theuth y Thamus

Platón ha sido el primero que, en un tiempo en el que se iniciaba la literatura, nos ha enseñado lo supraliterario en la palabra viva», escribió K. Reinhardt.

Ningún otro mito expresa con mayor fuerza y originalidad la modernidad del pensamiento platónico que el mito de Theuth y Thamus con el que concluye el Fedro. En él se plantea el problema de la relación entre escritura y memoria, entre la vida de la voz, tras la que siempre hay un hombre que pueda dar cuenta de ella, de su sentido y justificación, y la indefensión de las letras en las que se transmite el lenguaje. Después del análisis que Platón hace de la retórica, de la lectura del «escrito» de Lisias, de las brillantes descripciones de aquellas almas que «han visto» las ideas, que añoran la «llanura de la Verdad» y que alcanzarán la inmortalidad en ese «eterno movimiento» en cuyos ciclos viven, las letras que Theuth, el inventor, ofrece a Thamus como residuo firme para la memoria, parecen demasiado débiles para resistir el tiempo y medirse con los ritmos de la voz y la vida.

jueves, 15 de febrero de 2024

LOS HUMEDALES COSTEROS Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

¿Existen formas de disminuir el CO2 de la atmosfera de modo natural?

la respuesta es afirmativa.

los humedales son capaces de realizar esta función.

La captación de carbono en humedales se realiza, en su mayoría, a través de las plantas que fijan el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y lo convierten a carbono orgánico. Se han reportado productividades de 0.4-32 Mg C por ha y año, para diferentes humedales.

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Wetland Soils as Carbon Sinks and Sources of Methane 

María Elizabeth Hernández 

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La acumulación neta de C en los humedales resulta de la productividad primaria y la deposición o acumulación de sustancias orgánicas alóctonas, menos la descomposición de materia orgánica en el suelo. Este balance, determina si un humedal actúa como fuente de gases invernadero o como trampa de C. La acumulación de C en los humedales se realiza en 2 compartimentos principales, la biomasa vegetal y los suelos.


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LA FORMACIÓN DE HUMEDALES COSTEROS DURANTE EL HOLOCENO: EL CASO DE LA BAHÍA DE ALCUDIA EN MALLORCA.


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jueves, 1 de febrero de 2024

SENSIBILIDAD AL CARBONO DE LA TEMPERATURA TERRESTRE, LA CLAVE DE LOS MODELOS MATEMÁTICOS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO.

Los modelos matemáticos contienen con frecuencia parámetros que son determinantes para los resultados que se obtiene con ellos. Qué valor se da a esos parámetros, qué confianza tenemos en ese valor o cómo se ha obtenido, son preguntas que es necesario hacer. 

Por supuesto, una cuestión preliminar es ser consciente de que el valor que se da a un parámetro en concreto puede hace variar totalmente el resultado, y sobre todo, hay que preguntarse por las consecuencias de arrastrar ese resultados a otros modelos o a la toma de decisiones. 

Hacia el año 2006, se vio, por ejemplo, como el modelo que servía de base al informe Stern, que contemplaba de modo integrado economía, clima y medio ambiente, era muy dependiente de la tasa de descuento que se tomara como parámetro en ese modelo. 

Actualmente, los modelos matemáticos que tratan de calcular cual será la temperatura de la atmosfera terrestre en un determinado escenario de emisiones, son muy dependientes del valor que se da a la sensibilidad climática

La sensibilidad climática (SC) es definida como el incremento de la temperatura media de la superficie del planeta en respuesta a algún cambio del forzamiento radiativo.

La sensibilidad climática que nos interesa en la modelación del cambio climático es la sensibilidad climática al carbono. Esta se expresa, de modo general, como el cambio de temperatura asociado con una duplicación de la concentración del dióxido de carbono en la atmósfera.


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The concept of climate sensitivity: history and development 

Natalia Andronova, Michael Schlesinger, Suraje Dessai, Mike Hulme and Bin Li

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https://www.youtube.com/watch?v=4S9sDyooxf4

... climate sensitivity is and why it is important. Climate sensitivity is a number that roughly speaking tells us how fast climate change will .

YouTube · Sabine Hossenfelder ·


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DE LA HIPÓTESIS DE PLATÓN A LA HIPÓSTASIS DE PLOTINO.

La teoría de sobre las hipóstasis es un capítulo del final de la filosofía antigua que suele desconcertar a los estudiantes. ¿Cuál es el énf...