La lectura de la biblia requiere de un cierto conocimiento, sin el cual es muy difícil de alcanzar el sentido, ni siquiera de un modo superficial de lo que está contenido el texto. No se trata ya de entrar en la hermenéutica o exégesis compleja del texto, lo cual es una tarea que nunca termina. Se trata al menos de tener los mimbres básicos con los que construir un armazón contextual suficiente para no perderse del todo.
En lo libros sapienciales este armazón es especialmente interesante. Estos libros tratan sobre la
experiencia humana, la ética y las grandes preguntas existenciales.
Podemos articular esta temática en tres fases.
La primera fase es la que se corresponde con la tradición sapiencial deuteronomista que expones la teología de la retribución. Responde a la pregunta de cómo me he de comportar, cómo de ordenar mi existencia para obtener una retribución en esta vida que se corresponde con ese comportamiento correcto. Los libros que expone el problema desde esta posición so Proverbios y Salmos.
En la segunda fase se pone en crisis la teología de la retribución. Esta crisis se refleja en los libros de JOB Y Qohelet.
la biografía de Job es un testimonio vivo de que, aun siendo justo, la retribución falla. El mensaje, no obstante, es que se debe de tener confianza hasta el final, la retribución puede venir en el último momento.
Qohelet es si cabe más tremendo en la declaración de la crisis. Si el final es siempre la muerte, entonces la retribución siempre falla. Sólo una esperanza que contemple un más allá de la muerte tiene sentido. Este es el aspecto clave. La parte más tradicional del AT, la formulación antigua de la retribución, no habla del más allá de la muerte como momento de la retribución. La alianza con Dios se refiere a lo que pase en esta vida. Por ello es tan importante la tercera fase.
la tercera fase es de reproposición, y sólo aparece en la biblia católica, lo cual no es un detalle menor, y se se expone en Sabiduría y Eclesiástico.
Por qué se declaran apócrifos estos dos libros en la Reforma.
El pilar de la Reforma era la doctrina de la Sola Scriptura (solo la Escritura es la base de la fe) y la justificación por la fe (Sola Fide). Al analizar los libros de la Septuaginta que no estaban en el canon hebreo, los reformadores encontraron pasajes que chocaban frontalmente con su nueva teología o que apoyaban doctrinas de la Iglesia Católica que ellos rechazaban.
El mérito de las obras frente a la gracia: En Eclesiástico 3:30 se lee: "El agua apaga el fuego ardiente, y la limosna perdona los pecados". Para los reformadores, esta idea de que las obras o las limosnas humanas podían expiar el pecado contradecía directamente la tesis de que solo la fe en el sacrificio de Cristo salva al hombre.
La intercesión de los santos: En Eclesiástico 48:1-11 (al hablar de Elías) o en pasajes de otros libros apócrifos como Macabeos, se daba pie a la oración por los muertos o a la intercesión de los que ya habían fallecido, algo que la teología protestante descartó por completo al considerar a Cristo como único mediador.
Ciertamente, Lutero no quemó o eliminó por completo estos libros. En su traducción de la Biblia al alemán (1534), Lutero no los borró, sino que los agrupó en una sección separada al final del Antiguo Testamento bajo el título de "Apócrifos".
En el prólogo de esa sección, Lutero dejó escrita una famosa definición que resume la postura de la Reforma temprana:
"Estos son libros que no se consideran iguales a las Sagradas Escrituras, pero que reflejan una lectura útil y buena".
Lutero valoraba mucho el contenido moral de Eclesiástico y la belleza poética de Sabiduría, pero determinó que ninguna doctrina o dogma de fe podía fundamentarse exclusivamente en ellos. Con el paso del tiempo y el avance de las iglesias protestantes (especialmente las de tradición reformada/calvinista y las sociedades bíblicas del siglo XIX), estos libros se dejaron de imprimir por completo en las biblias protestantes para evitar confusiones.
La Iglesia Católica, en respuesta directa a la Reforma, blindó la inclusión de estos libros de forma dogmática e irreversible en el Concilio de Trento (1546), declarando anatema (excomulgado) a cualquiera que no los aceptara como sagrados y canónicos en su totalidad.
El libro de la Sabiduría como inculturación del cultura griega en la hebrea
Decir que el Libro de la Sabiduría es un proceso de inculturación de la cultura griega en la tradición hebrea no solo es acertado, sino que es la clave hermenéutica principal para entender de qué trata el libro y por qué fue escrito. Es una clave fundamental también a la hora de valorar por qué este libro esté en el canon católico y no en el canon protestante.
El autor (un judío helenizado que escribe de forma anónima bajo el seudónimo del rey Salomón, probablemente en Alejandría en el siglo I a.C.) no buscaba paganizar el judaísmo, sino reexpresar la fe de sus padres utilizando la gramática, la filosofía y el lenguaje conceptual de la Grecia helenística.
Alejandría y la crisis de identidad judía
En la Alejandría del siglo I a.C., la comunidad judía vivía inmersa en la cultura dominante del mundo griego. Los jóvenes judíos educados corrían el riesgo de sentir que las tradiciones de sus antepasados eran "bárbaras" o anticuadas frente al brillo de la filosofía, la ciencia y la retórica griegas.
Frente a esta presión, el Libro de la Sabiduría actúa como un puente de inculturación: no rechaza el pensamiento griego, sino que lo adopta para demostrar que la fe hebrea no solo es compatible con la alta cultura griega, sino que es la expresión suprema de la verdadera Sabiduría.
La inculturación helenística en el libro
Uso del vocabulario filosófico griego:
El autor abandona las formas puramente semíticas y utiliza términos técnicos del platonismo y el estoicismo. Habla de la Sophía (Sabiduría) usando categorías filosóficas: la describe como un espíritu inteligente, accesible, amigo de los hombres (philánthropos), e incluso utiliza la teoría estoica del Pneuma (el espíritu que penetra y gobierna todo el cosmos).
Adopción de las cuatro virtudes cardinales:
En Sabiduría 8:7, el autor enumera expresamente las cuatro virtudes de la filosofía platónica y estoica (templanza, prudencia, justicia y fortaleza):"¿Amas la justicia? Las virtudes son fruto de sus fatigas, pues ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza..."
Aquí, la ética tradicional de la Torá se traduce directamente al marco ético del mundo helénico.
Con todo, el aspecto más fundamental que el libro de la Sabiduría introduce es el de la antropología y la inmortalidad del alma:
La tradición hebrea antigua concebía al ser humano de forma unitaria (sin una separación tajante entre cuerpo y alma) y tenía una visión muy vaga de la ultratumba (el Sheol).
El Libro de la Sabiduría es el primer libro del Antiguo Testamento en asumir abiertamente la antropología dualista platónica (cuerpo corruptible vs. alma inmortal):"Porque el cuerpo corruptible descuida el alma, y esta morada de tierra oprime la mente llena de pensamientos" (Sabiduría 9:15).
"Las almas de los justos están en las manos de Dios..." (Sabiduría 3:1).
Una inculturación crítica, no un asimilacionismo
Es fundamental señalar que esta inculturación no fue una sumisión ciega. El autor realiza un discernimiento crítico:
Rechaza el politeísmo y la idolatría: En los capítulos 13-15 realiza una dura crítica a la religión griega y a la veneración de imágenes, calificando la idolatría como la raíz de todos los males morales.Corrige la filosofía natural: Reprocha a los pensadores griegos (capítulo 13) el haberse quedado fascinados con la belleza del cosmos (el fuego, el viento, las estrellas) sin haber sido capaces de remontarse al Creador de esa belleza.
El Libro de la Sabiduría es un caso paradigmático de inculturación teológica. Toma la "vivienda" conceptual del helenismo (sus categorías de pensamiento, su retórica y su ética) para albergar en ella el "contenido" innegociable de la revelación de Israel: el Dios único, la alianza y la justicia.
¿Podemos decir que el catolicismo es más grecocristiano y el protestantismo es más judeocristiano?
Esta distinción no solo es válida, sino que constituye una de las claves teológicas y culturales más agudas para entender las diferencias de sensibilidad, estética y pensamiento entre el Catolicismo y el Protestantismo.
Aunque ambas tradiciones comparten la misma matriz básica (la Biblia y la fe en Cristo), el Catolicismo asimiló y sintetizó la herencia grecorromana, mientras que el Protestantismo protagonizó un movimiento de "des-helenización", buscando retornar a una matriz más hebrea y bíblica.
El Catolicismo como "Grecocristianismo" (La síntesis de Atenas y Jerusalén)
El catolicismo histórico no se entiende sin la filosofía griega (especialmente Platón, Aristóteles y el Estoicismo) ni sin la estructura institucional del Imperio Romano.
La Filosofía como herramienta teológica (Ancilla Theologiae): Desde los Padres de la Iglesia hasta Tomás de Aquino, el catolicismo asumió que la razón griega no era enemiga de la fe, sino su preparación. Conceptos clave del dogma católico no están literalmente en la Biblia hebrea, sino que provienen de la metafísica griega: sustancia, persona, naturaleza, transustanciación.
Aparato Sacramental y Mediación visual: La cultura griega era profundamente visual y cósmica (el Cosmos como orden bello). El catolicismo hereda esto al otorgar un valor sagrado a la materia: imágenes, estatuas, arquitectura, agua, óleo y pan. La gracia divina se transmite a través de la naturaleza y el arte.
La Antropología y la Ley Natural: El catolicismo adoptó la visión estoica y platónica de la "Ley Natural": la razón humana, aunque debilitada por el pecado, sigue conservando la capacidad de conocer el bien y la verdad. La salvación requiere la cooperación de la voluntad y las obras humanas con la gracia divina.
El Protestantismo como acento "Judeocristiano" (El retorno a la Palabra)
La Reforma Protestante del siglo XVI fue, en esencia, una protesta contra lo que consideraba la "paganización" o "helenización" de la Iglesia. Los reformadores quisieron saltarse 1.500 años de filosofía griega para volver a la mentalidad del Tanaj (Antiguo Testamento) y del cristianismo apostólico primitivo.
El Primado de la Palabra Escrita (Sola Scriptura): En la tradición hebrea, Dios no se ve, se escucha ("Escucha, Israel..." - Shemá). El protestantismo desmanteló la imaginería visual y sacramental del catolicismo para centrar la fe en el texto escrito y la predicación. La teología protestante es auditiva y textual, muy cercana a la tradición rabínica del estudio de las Escrituras.
La Trascendencia Radical de Dios: Al igual que en el judaísmo, en el protestantismo hay una distancia infranqueable entre el Creador y la creación. Dios no se "mejora" ni se materializa mediante estatuas o santos intermediarios. Romper con la veneración de imágenes fue un intento directo de restaurar el segundo mandamiento del Decálogo hebreo (la prohibición de las imágenes gravadas).
Antropología Semítica (Pecado y Gracia): Frente a la visión optimista de la razón griega, el protestantismo (sobre todo el calvinismo) adopta una visión antropológica muy cercana a ciertos pasajes del Antiguo Testamento y San Pablo: el ser humano está "totalmente depravado" por el pecado. No hay "ley natural" ni mérito humano que valga; la salvación es un acto exclusivo y soberano de Dios (Sola Gracia, Sola Fide), muy similar al pacto incondicional de Dios con Israel
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