jueves, 25 de abril de 2024

DE LA HIPÓTESIS DE PLATÓN A LA HIPÓSTASIS DE PLOTINO.

La teoría de sobre las hipóstasis es un capítulo del final de la filosofía antigua que suele desconcertar a los estudiantes. ¿Cuál es el énfasis que quiere poner Plotino cuando introduce este término técnico en su sistema? 

Una parte importante de la respuesta a esta pregunta está el dialogo Parménides de Platón.

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EL PARMÉNIDES de Platón

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El Parménides es un dialogo que, a diferencia de otros diálogos platónicos, como el Fedro o el Banquete, se presenta en un estilo un tanto árido para el lector. Es además, y esto es lo más importante, el punto de inicio de un profunda autocrítica de la teoría de las ideas.

¿Cuál es el modo en que las ideas conectan con el mundo sensible? ¿Es uan participación, en el sentido en que unas forman parte de lo otros, o viceversa? ¿ En una imitación?

El problema queda planteado pero no resuelto. Y tardará en resolverse, para ello habrá que esperar al Timeo.

Pero no se quedan ahí los cuestionamientos del Parménides. Si nos centramos sólo en el mundo inteligible, es decir, en las ideas mismas, tampoco la investigación es sencilla. ¿Podemos mantener que las ideas son del modo en que el filósofo Parménides postuló que es el (verdadero) ser?: un uno inmutable, continuo, indivisible, eterno. 

Dicho de otra manera: ¿El Uno es (verdaderamente)?

Esta es la hipótesis que se plantea con todos sus consecuencias en la segunda parte del diálogo, como un ejercicio de argumentación lógica muy detallado.

El dialogo queda con un final abierto.

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Plotino, que presenta su filosofía como un poner en limpio la del Platón, lo que hace es componer un sistema filosófico con caracteres que lo dotan de identidad propia, aunque, como este caso, hay que rastrear en su sistema su origen platónico. 

Los rasgos distintivos de este sistema son la vertebración y la vitalización de las piezas que formaban el pensamiento platónico.

Así, la composición de mundo inteligible, Demiurgo y mundo sensible, y otros elementos que aparecen en los escritos e incluso en le pensamiento no escrito de Platón (agrapha dogmata; queda vertebrada, articulada, postulando tres hipostasis: el Uno, La Inteligencia, el Alma; y, por debajo, como infra-ser, la materia.

--------------------------------------------------------------------------------------------El Uno, y también la Inteligencia y el Alma, pasan de ser una tesis de base, que hay que poner a prueba: una hipótesis; a una afirmación básica, una verdadera realidad: hipóstasis.

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lunes, 15 de abril de 2024

CLAVES DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA TEOLOGÍA ENTRE EL SIGLO I Y EL IV. (QUINTÍN RACIONERO).

Del legado audiovisual que nos dejó Quintín Racionero, una de las piezas más interesantes es el conjunto de videos que dedica al cristianismo.

En las más de veinte horas de grabación va desgranando, paso a paso, la evolución del pensamiento cristiano desde el siglo I hasta el siglo IV, con un epílogo que llega hasta el año 529, año en el que se ordena el din de las enseñanzas paganas en los territorios de lo que queda del Imperio romano. 

Especial interés tiene para nosotros el enfoque que hace aquí Racionero, en el que analiza con gran detalle los aspectos internos, la contextualización externa y las implicaciones entre ambas, que dan una especie de teología política o si quiere metapolítica.

A grandes rasgos, el siglo I es el de la redacción en griego de los evangelios canónicos. Destaca aquí el acento en distinguir los evangelios sinópticos del evangelio del círculo de Juan, en Patmos. Para el último, hay que tener en cuenta, al menos tres cuestiones: la influencia de la escuela de Alejandría, la formación de un culto litúrgico en la línea de los cultos de misterios; y muy importante, la  persecución de Domiciano, con la implicación que ello tiene en un relato martirial, y el desapego del Imperio, sin lo cual no se entiende el Apocalipsis. 

El siglo II es el siglo de la gnosis, que es una mezcla de religión y filosofía, con la que tendrá que discutir el cristianismo, digamos ortodoxo. La mezcla no es una peculiaridad del cristianismo sino que se da también un gnosis del culto de Isis, por ejemplo. Es pues un movimiento típico de ese tiempo. El gesto gnóstico principal es el de la reserva del conocimiento verdadero a uno pocos. Es también una teodicea en la que el mal no puede contaminar a lo supremo divino sino solamente a lo divino intermedio que se multiplica en una compleja serie de eones. 

En el siglo II, el cristianismo no tiene todavía construida una teología, es decir, un discurso racional sobre lo divino. Por ello es blanco fácil para la crítica filosófica del platónico Celso, por ejemplo. El soporte de los relatos evangélicos se ve con cierto desprecio por la escuelas de filosofía. Estamos en el momento álgido del Imperio, en el que el éxito de su modo de organización, incluido el culto oficial, legitima el discurso ideológico imperante.

El siglo III es el de la crisis. La crisis del siglo tercero está muy bien estudiada y afecta a todos los sectores de la vida de los ciudadanos del Imperio. No es extraño que se necesite una revitalización del discurso que soporta a las instituciones. El neoplatonismo parece llamado a ejercer esta función. En ese ejercicio, el neoplatonismo de Plotino refuta la gnosis y mantiene una postura de cierta agresividad con el cristianismo. Éste, por su parte está armando en este momento su construcción teológica. Orígenes será el que aportará la principal contribución, en la que la escuela de Alejandría, con el modelo de la propuesta de Filón, que combina judaísmo y platonismo, es un ejemplo a seguir. 

En la parte final del siglo III, se produce un recrudecimiento de las persecuciones. Es ahora, y no antes, cuando la persecución lo es del cristianismo como tal y no de los cristianos particulares en cuanto que negaban el culto al emperador. Es un momento crucial en el que se da la apostasía de aquellos que temen perder la vida. Al final del siglo, llegamos al tiempo de Diocleciano y con ello al momento en el que se producirá un giro de guion. 

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 05-01 CRISTIANISMO Introducción

Constantino ve en el cristianismo ese soporte cultual que no se había hallado en el politeísmo pagano. En dos pasos breves se pasa de tolerar el cristianismo a decláralo culto del imperio. Estamos en el 313 d.C. 

Vienen ahora los pasos más delicados. ¿Existe una ortodoxia cristiana suficientemente cohesionada para servir al fin para el que Constantino la tiene destinada? La teología, a pesar del esfuerzo notable realizado por Orígenes, no está completamente definida. El logos (Cristo) es un expresión del Dios Padre, pero, ¿es la única expresión? El asunto no es menor. Si es una expresión más, entonces puede haber otras expresiones legitimadoras de otras instituciones que no sean el imperio renovado del emperador Constantino. De hecho el arrianismo no ve en Cristo un dios al nivel del Dios Padre. De estos desvelos surge el Concilio de Nicea y, de éste, el Credo niceno. Estamos en el años 325. 

El Credo que sale de Nicea va más allá de lo que Origenes llevó a Cristo. Lo pone a la misma altura que el Dios Padre. Es de la misma naturaleza, consubstancial con el Padre: homoousios. 

Bien, Cristo es el logos como expresión única de Dios, Pero, ha acertado Constantino con esa posición. Como expresión única, ¿no le coloca potencialmente por debajo del líder religioso máximo? Esa preocupación hará que Constantino y su hijo Constancio no sean defensores acérrimos del resultado obtenido en Nicea. 

Con Teodosio, hacia el 380, a pesar de ser Teodosio el Grande, las implicaciones de Nicea se realizan en la aceptación del liderazgo del Papa, que en ese momento dirige ya la iglesia como algo más que el obispo de Roma.

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DE LA HIPÓTESIS DE PLATÓN A LA HIPÓSTASIS DE PLOTINO.

La teoría de sobre las hipóstasis es un capítulo del final de la filosofía antigua que suele desconcertar a los estudiantes. ¿Cuál es el énf...