lunes, 26 de mayo de 2014

LA CORRIENTE CIENTÍFICA PRINCIPAL SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO. VILLACH, MONTREAL Y TORONTO.



Después de la Conferencia de Villach, celebrada en 1985, la segunda mitad de la década de los ochenta estuvo marcada por un esfuerzo de una parte de la comunidad científica para convencer de la importancia del cambio climático..

Algunos sectores de la sociedad se muestran en aquellos años muy difíciles de convencer, pero también hay grupos que ven el tema con agrado. 

SONJA BOEHMER-CHRISTIANSEN[1]
, por ejemplo, argumenta al respecto que:

“Las llamadas a la regulación son atractivas para las burocracias medioambientales, en tanto que permiten aumentar su influencia; y por otra parte, un escenario de preocupación pública por el medio ambiente les permite a algunos políticos explayarse en una retórica medioambiental”.

En todo caso, el esfuerzo de persuasión es notable, y de la alianza entre científicos y algunos grupos políticos resulta la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, firmada por veinte naciones en 1985, y el Protocolo de Montreal, de 1987.

El éxito de Montreal anima, sin duda, la convocatoria de la Conferencia de Toronto, en 1988, que se convoca bajo la denominación de “Conferencia Mundial sobre Cambios en la Atmósfera: implicaciones para la seguridad global”. 

A Toronto asisten básicamente científicos expertos, y no representantes oficiales de los gobiernos. 


Puede decirse que la comunidad científica que se reúne en Toronto es básicamente la que se había formado en Villach, y que  éste  es el núcleo de la corriente científica principal sobre el cambio climático.

Siguiendo el modelo de Montreal, en Toronto los científicos llaman a la toma de medidas. Y también siguiendo el ejemplo del ozono, se proponen objetivos internacionales, pero dejando a los estados nacionales que establezcan sus propios mecanismos para alcanzarlos.
 
La Conferencia de Toronto, celebrada por cierto en un verano muy caluroso,  logra atraer la atención de la opinión pública y el interés de algunos políticos.

MARGARET THATCHER es quizás la que da mayor importancia al asunto y así lo hace ver en un discurso que dirige a la Royal Society, en  septiembre.

Asimismo,  los partidos verdes europeos, sobre todo los alemanes, se ponen también trabajar sobre el tema. 


Pero, sin duda los más importante que ocurrió en 1988, desde el punto de vista de la corriente científica principal, fue la constitución del IPCC




[1] Sonja Boehmer-Christiansen  (n. 1942) está vinculada al Departamento de Geografía de la Universidad de Hull, Inglaterra,  en el área de política ambiental. Editora  de la revista  Energy & Environment desde 1998 y evaluadora experta para el IPCC, es, sin embargo, crítica con el enunciado de que el cambio climático es de origen antrópico. Un entrevista en la que explica algunas de sus principales posiciones puede leerse en: http://www.fcpp.org/files/1/130%20Sonia%20Boehmer-Christianson.pdf




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