jueves, 3 de julio de 2014

TUTELA DE LOS EXPERTOS Y ELITES POLÍTICAS Y FINANCIERAS

Liberarse de la tutela de los tecnócratas


LAHSEN,  doctora en antropología e investigadora en el Center for Science and Technology Policy Research de la Universidad de Colorado, expuso en 2005  un conjunto de  problemas  relacionados con la tecnocracia,  la democracia, la ciencia y la tecnología.

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Technocracy, Democracy,and U.S. Climate Politics:The Need for Demarcations 

Myanna Lahsen University of Colorado, 2005

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LAHSEN  cita a ULRICH BECK[2] para decir que en los asuntos en los que intervienen el riesgo y el azar, nadie es un experto; y que la constatación de la existencia de graves incertidumbres científicas llevará a la sociedad a liberarse de la tutela de los tecnócratas. 

Cita también a  F. FUNTOWICZ y J. RAVETZ[3] en el argumento de que amenazas  como el cambio climático, reducen la distancia entre  expertos y no expertos. Frente a  tales incertidumbres, dice,  todos son aficionados.

Todos ellos coinciden en  prever un futuro en el que estará presente una mayor democratización de la ciencia, en el sentido de que partes relevantes de la ciencia serán llevadas al debate público.

FUNTOWICZ y RAVETZ, añaden además que el nuevo paradigma científico que resultará de este cambio tendrá como uno de sus elementos característicos el reconocimiento del papel limitado que puede jugar la ciencia, y por lo tanto los científicos profesionales, en la resolución de problemas.

LAHSEN es de la opinión que, en realidad, este proceso ya se ha iniciado, puesto que la legislación de muchos países establece procedimientos para la participación pública en los procesos de aprobación de proyectos, especialmente en aquellos que pueden tener impacto ambiental. 

Ahora bien, advierte de que establecer cauces de participación y disminuir el poder de los expertos no implica necesariamente que las decisiones se tomen de acuerdo con el interés de la mayoría.

Las elites políticas y financieras gozan de un poder e influencia desproporcionados sobre la opinión pública y por lo tanto sobre las decisiones tecnológicas. Se corre el peligro de sustituir la influencia de la elite de  expertos, por la influencia de las elites políticas y económicas, peligro que es mayor cuando estas influencias no son fácilmente detectables porque se producen a través de cauces indirectos.

Advierte además de que la opinión pública tiende a sobreestimar  la neutralidad y objetividad de la ciencia y a no reconocer las incertidumbres existentes en el conocimiento científico,  y que  además los científicos tienen un interés profesional en que esto siga siendo así.


El ejemplo del IPCC y el cambio climático


Como ejemplo de las dificultades con las que la opinión pública puede encontrarse a la  hora de valorar los resultados científicos, y tomar decisiones tecnológicas, cita los informes del IPCC,  que utilizan un lenguaje que tiende a minimizar las incertidumbres científicas y a no revelar las negociaciones involucradas en el proceso de elaboración de los informes.

 Por otra parte,  los científicos que militan en grupos ecologistas invocan la autoridad del IPCC solamente cuando los informes coinciden con sus tesis.

Estas actitudes confunden a la opinión pública, que no es capaz de tomar conciencia del carácter heterogéneo de la ciencia en general y de las incertidumbres existentes en  la ciencia del cambio climático en particular

La opinión pública, dice LAHSEN, necesita de aquellos científicos que disienten de la corriente principal. Ahora bien, es el caso que los científicos disidentes dan a sus tesis valor de certeza, y por lo tanto son igualmente culpables de atribuir  certidumbre a la incertidumbre. Tanto los científicos de la corriente principal como los disidentes consideran a la ciencia como una actividad autónoma respecto de los valores y juicios políticos, y aquellos científicos que admiten y revelan los valores que informan su trabajo, se ven desacreditados (John Houghton fuecriticado por decir que su visión ambientalista estaba informada en última instancia por  valores cristianos)

Sin embargo, tanto unos como otros tienen estos valores. Y los tiene también la opinión pública, que recibe unas u otras informaciones científicas, con mayor o menor simpatía en función de que apoyen o no, sus valores, intereses o creencias. Por lo tanto al influir sobre estos valores se influye sobre la producción científica,  y se influye en la elección de las aplicaciones de la ciencia y en las soluciones tecnológicas.

Así las cosas, trasladar la toma de decisiones desde los expertos a la opinión pública sin más,  no es una garantía de que la decisión será mejor para la mayoría ¿Qué podemos hacer entonces?

Un primer paso es discriminar entre fuentes de información para que los ciudadanos puedan decidir sobre datos relativamente fiables.








[2] Beck (1992a): “From industrial society to risk society: questions for survival, social structure and ecological enlightement.  (1992b). “The risk society: Towards a new modernity” 
Beck es sociólogo y profesor en la Universidad de Munich y en la London School of Economics.
[3] Funtowicz y Ravetz (1992): “Three type of risk assessment and the emergence of post-normal science”.

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