miércoles, 24 de diciembre de 2014

QUÉ SABÍA TALES DE MILETO QUE NO SUPIERAN SUS CONTEMPORÁNEOS. EL AGUA COMO PRINCIPIO QUE GOBIERNA LA NATURALEZA

¿Podemos saber nosotros qué es realmente lo que sabía Tales de Mileto?


No exactamente. Pero podemos hacernos una idea aproximada gracias al exhaustivo análisis de las fuentes de información disponibles, hecho por algunos historiadores de la filosofía que han dedicado su esfuerzo a ello.

Un trabajo que sigue siendo extraordinariamente interesante es el que hicieron Kirk, Raven y Schofield, entre 1957 y 1983, publicado en inglés por Cambridge University Press, y en castellano por la editorial Gredos. 

De acuerdo con este trabajo, las fuentes de la filosofía presocrática son de dos tipos; las citas directas y los testimonios.

Citas directas

Las citas directas, extractos literales, se conservan en autores antiguos, pero bastante posteriores, desde Platón en el siglo IV a. C., hasta Simplicio en el VI d. C. Se pueden encontrar citas en Platón, que por cierto es bastante descuidado con ellas; en Aristóteles; Plutarco; Sexto Empírico; Clemente de Alejandría; Hipólito; Diógenes Laercio; las antologías del siglo V d. C., como la de Juan Estobeo, y por supuesto, Simplicio.

Es bueno saber que no necesariamente los autores de las citas vieron el original, muchas veces utilizaron sumarios, antologías o compendios de todo tipo, producidos en gran número en los siglos siguientes a la fundación de Alejandría.

Testimonios

Los testimonios, comentarios, comienzan también con Platón. que es el primer comentarista de los presocráticos. Sus juicios son a menudo exagerados y poco objetivos, aunque la información que da es sin duda muy valiosa, especialmente un pasaje del Fedón en el que da su punto de vista sobre la preocupaciones físicas del siglo V.

Aristóteles es el que realmente comienza a hacer un examen formal de las opiniones de sus predecesores. sobre todo en la Metafísca A, aportando juicios críticos y agudos, aunque sesgados por su consideración de los filósofos precedentes como todavía titubeantes en su progreso hacia las doctrinas físicas.

Pero es Teofrasto el que acomete más en serio la empresa de historiador de la filosofía. Escribe 16 libros de Opiniones de los físicos. Su obra se convirtió para el mundo antiguo en la autoridad normativa de la filosofía presocrática y es la fuente de la mayoría de las colecciones posteriores,organizadas bien por temas o por autores.

Aunque hay otra fuentes, como Heráclides Póntico o Cleantes, la fuente originaria principal es pues Teofrasto, más de doscientos años posterior a Tales. Eso no impide que se puedan cruzar informaciones y tratar de hacer reconstrucciones lógicas un poco más completas.

¿Qué sabia Tales?

Tales no es un físico teórico. Es estadista,ingeniero, astrónomo y sobre todo, navegante. aunque pronto se le atribuye la faceta típica del filosofo distraído.

La predicción del eclipse

Cuenta Herodoto que en el año sexto de la guerra que los Medos y los Lidios (585 a. de C.) venían haciéndose entre sí con igual fortuna, sucedió que cuando la batalla estaba trabada el día se convirtió de repente en noche; y que Tales el milesio había predicho a los jonios que iba a tener lugar es alteración del día. fijándolo en el año en que precisamente ocurrió.

No resulta verosimil que Tales conociera el mecanismo por el que los eclipses se producen. No lo cocieron los milesios que le sucedieron y no parece que él lo pudiera conocer ¿Cómo hizo la predicción entonces?

Kirk  y Raven defienden la tesis de que la predicción del eclipse debió haberse basado en una larga serie de observaciones empíricas y no en una teoría científica.

Los sacerdotes babilonios había hecho ya en el 721 a. de C., observaciones de los eclipses de sol por motivos religiosos y es posible que en el siglo VI, cuando vivió Tales, ya se tuvieran los ciclos de solsticios dentro los cuales podían acontecer eclipses. Es sumamente probable que la predicción de Tales se debiese a  su acceso a estos registros babilonios, ya que muchos griegos cultos visitaban Sardes en esa época.y que sus relaciones con Jonia eran muy estrechas. Que la información procediera de Egipto es menos probable ya que  no consta que los sacerdotes egipcios hicieran observaciones suficientemente detalladas y que las registrarán.

Aun con esos datos, no se podía predecir el fenómeno más que dentro de unos límites de tiempo bastante amplios. Es probables que Tales acertara el año del eclipse, pero fue un casualidad que sucediera el día de la batalla. Fue un golpe de suerte que le contribuyó sin duda a su fama de sabio.

El cómputo de la altura de las pirámides y de la distancia de los barcos en el mar

Jerónimo de Rodas le atribuye a Tales un método simple para medir la altura de las pirámides por sus sombra, observando el momento en que nuestra sombra es igual a nuestra altura, con lo cual no hubiera sido necesario plantearse la relación de triángulos semejantes, que es un razonamiento matemático un poco más complejo. Sin embargo esta relación si hace falta para calcular otra cosa que Eudemo le atribuye a Tales; medir la distancia de los barcos en el mar, utilizando dos varas, un para apuntar y la otra para hacer de nivel horizontal,  viendo el ángulo que forman y conociendo la altura del observador sobre el mar.

Con todo, no es necesario que Tales tuviera una teoría matemática de los triángulos semejantes, y de hecho no creó una escuela con intereses matemáticos. pero si le cabe la abstracción matemática suficiente para plantear problemas geométricos teóricos como la bisección de un circulo por su diámetro o la igualdad de ángulos de un triangulo isósceles, cosas que le atribuye Proclo siguiendo a Eudemo.

La osa menor


Tales atrae la atención de los navegantes jonios hacia ventaja de  utilizar la osa menor frente al uso de la osa mayor, para orientarse en el mar, algo que parece recoger de los fenicios.

La  autoridad intelectual de Tales

Todos estos conocimientos juntos, recogidos de territorios distintos, ordenados y repensados,  son los que le dan gran fama de sabio y razón por la cual parece que le otorgan la copa al hombre más sabio de Grecia.

Eso de más que sabía Tales le daba la autoridad de sabio y la capacidad para ser escuchado a la hora de hacer afirmaciones que empezaban a alejarse  de las explicaciones míticas  de Homero de Hesiodo:  todo procede del agua como principio primero: el agua es el principio de todas las cosas, el constitutivo originario de las cosas. Esta afirmación es la que le otorga el primer puesto en la historia de la filosofía ( o al menos en una de las dos líneas con las que se inicia la filosofía). 

Resultado de imagen de el agua en la naturalezala afirmación del agua como principio es menos simple de lo que parece. No se trata tanto de de que del agua surja todo lo demás, a modo de principio a partir del cual se origina todo, puesto que esa idea de principio en el tiempo es muy extraña para lo griegos, sino que el agua gobierna y reúne los demás elementos de la naturaleza. Lo que está negando entonces es más que lo que afirma. Niega que la naturaleza esté gobernada por el arbitrio de los dioses homéricos. la racionalidad filosófica de Tales naces pues en discusión con la racionalidad mitológica homérica.  

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La autoridad intelectual, y el poder que procede de ella, tiene su origen  muchas veces en pequeñas diferencias en el conocimiento o en la información que se posee. Por esa razón, la asimetría informativa ( el que unos dispongan de mejor información que otros ) es una fuente importante de poder.

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lunes, 22 de diciembre de 2014

GUERRA DE LAS CIENCIAS DESPUÉS DEL CASO SOKAL

En los años noventa, la guerra de la ciencias toma la forma de un enfrentamiento entre los científicos que pertenecen al ámbito de la ciencias naturales y aquellos otros que juzgan este trabajo desde las ciencias sociales, o desde la sociología de la ciencia, o más en concreto desde los estudios sociales de la ciencia.


El caso Sokal


En 1996, y coincidiendo con la edición de un número monográfico de la revista Social Text sobre las «guerras de la ciencia», Alan Sokal, profesor de física de la Universidad de Nueva York, publicó  el ya famoso artículo titulado «Transgressing the boundaries: Toward a transformative hermeneutics of Quantum Gravity», germen de todo el asunto Sokal.


El verdadero debate se desató cuando a continuación Sokal publicó en la revista Lingua Franca un artículo titulado «A physicist experiments with cultural studies». En él desvelaban las claves de la parodia con la que pretendía poner en evidencia el ámbito de los estudios sociales de la ciencia.


El último acto de la representación lo compuso su artículo «Transgressing the boundaries: An afterword», publicado en la revista Dissent, donde Sokal explicaba las motivaciones e inquietudes que le llevaron a perpetrar tal simulacro intelectual.


A partir de ese momento, una oleada de menciones impresas y virtuales invadieron los medios académicos e intelectuales, ocupado muchas páginas en los principales periódicos y revistas, primero en los norteamericanos y, posteriormente, en los europeos.



Los años siguientes al caso Sokal ¿ La ciencia tiene que ver más con la naturaleza o con la cultura?


El caso Sokal recrudeció el enfrentamiento entre los dos frente combatientes en la guerra de las ciencias.


En opinión de Gieryn, (Policing STS: A boundary-work souvenir from the Smithsonian Exhibition, Cultural boundaries of science, 1996 y Credibility on the line, 1999) lo que entra en juego en estos enfrentamientos es el papel de la ciencia y de la tecnología en los sistemas democráticos modernos, pero también, algo quizás más problemático, está en juego quién está capacitado para pronunciarse sobre ello. No sería entonces un enfrentamiento entre la metodología de las ciencias sociales y el método científicos de las ciencias naturales, sino entre los científicos de uno y otro campo.


Los dos aspectos del enfrentamiento son importantes. Si la ciencia es cultura, las mejores herramientas para su comprensión son interpretativas, hermenéuticas, etnográficas, en las que los científicos sociales son expertos; si es una investigación sobre la naturaleza, las herramientas idóneas son los quarks, los aceleradores y las máquinas PCR,  en la que los especialistas son los científicos naturales.


Por otro lado, las caracterizaciones que cada uno de los bandos hace del otro es caricaturesca: unos dicen que los estudios de la ciencia niegan completamente que la realidad natural exista, los otros dicen que sus oponentes niegan que el contexto cultural o histórico influya en la ciencia
.


¿Conduce esto a alguna parte?



Para tratar de responder esta cuestión, R. Blanco, en un artículo publicado en la revista Reis, citaba a Mackenzie (1999:The science wars and the past’s quiet voices) que invoca  el «supuesto suma-cero» (zero-sum assumption), para decir que  las «guerras de la ciencia» difícilmente concluirán si no se supera una falacia epistemológica, que "las explicaciones sociales y las cognitivas se excluyen mutuamente  oponiéndose entre sí».
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GUERRAS DE LA CIENCIA,IMPOSTURAS INTELECTUALES Y ESTUDIOS DE LA CIENCIA

Rubén Blanco 
Universidad Autónoma de Madrid

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Dicho de otra manera, se considera posible utilizar ambos tipos de explicación (social y cognitiva) variando su peso en función de las circunstancias. Si por un lado las explicaciones sociales desvirtúan, atacan y emponzoñan la naturaleza excepcional del conocimiento científico, colocándolo en el mismo nivel que cualquier otro tipo de conocimiento; por otro lado,  las explicaciones cognitivas magnifican esa naturaleza única, singular y especial de la ciencia. se trataría de encontrar un equilibrio entre estas dos posiciones.


Visto de este modo, el caso Sokal habría dejado más fuerte al bando de las ciencias naturales, pero a la vez lo habría convertido en más dogmático y por lo tanto más vulnerable a la crítica que se le hace de no atender a los condicionamiento sociales de la investigación científica.
 


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GUERRA DE LAS CIENCIAS Y CAMBIO CLIMÁTICO



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domingo, 21 de diciembre de 2014

LA ESTRUCTURA DE LAS REVOLUCIONES CIENTÍFICAS. KUHN Y LA GUERRA DE LAS CIENCIAS DE LOS NOVENTA



Los años cincuenta en los Estados Unidos fue un periodo  cuya interesante vida académica puede ser traída a la memoria con ayuda del trabajo de algunos investigadores, por ejemplo,  Ziauddin Sardar

Dice Sardar:


"En la década de los años cincuenta hubo en los Estados Unidos un período de represión política extrema. Había un reino real del terror en las universidades estadounidenses; la gente podía ser atropellada y victimizada, sin apelación, cuando el ‘Comité de Actividades Antiamericanas’ ejercía presión sobre sus empleadores.


Hemos oído de muchos actores de Hollywood que fueron víctimas en los juicios por antiamericanismo, del senador McCarthy; pero los académicos que los sufrieron fueron más numerosos e igualmente importantes. 


El uso de la sola palabra ‘social’ se tomaba como connotación de ‘socialista’, lo que equivalía a ‘comunista’. Los pocos académicos que habían promovido una historia social de la ciencia, no tuvieron audiencia; otros, fueron amenazados.

El más prominente historiador de la ciencia, Alexander Koyré- continúa el relato de Sardar-  fue tan lejos en su representación idealizada de Galileo que no solo negó un contexto social en el trabajo de Galileo sino que dudó que realizara sus famosos experimentos. Cualquier cosa que sugiriera, aun remotamente, cualquier influencia social en la ciencia o los científicos, Koyré la descalificaba como ‘marxista’"

Fue en esta atmósfera de Guerra Fría en la que Kuhn  escribió  La Estructura de las Revoluciones Científicas.


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Thomas Kuhn y las Guerras de la Ciencia


Ziauddin Sardar

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La situación en Harvard 

Conant y Kuhn



Harvard estaba metida en una ideología particular. Cambridge, era el centro de los científicos que creaban la Gran Ciencia y habían trabajado en el Proyecto Manhattan.

El presidente de Harvard, James Bryant Conant, había sido muy activo en traer el modelo ‘industrial’ alemán a la academia estadounidense después de la Primera Guerra Mundial. Conant también fue el administrador de la bomba atómica estadounidense, mediador entre el Congreso y el equipo de Los Álamos, y fue la persona que convenció al presidente Truman de que lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima era ‘inevitable’.


Conant se convirtió en el mentor de Kuhn y el responsable de convencerlo para que enseñara en el programa de Educación General en Ciencia, donde moldeó la tesis de Estructura que dedicó a Conant


Al terminar su Ph.D., Kuhn permaneció en Harvard (como Junior Fellow) pero se retiró cuando el cargo en Historia de la Ciencia se le adjudicó, no a él, sino a un historiador de más trayectoria: I. Bernard Cohen. 


(El comité que negó el nombramiento a Kuhn en Harvard en 1956 lo consideraba como protegido de Conant, quien ya había dejado la presidencia de Harvard para convertirse en el primer embajador norteamericano en Alemania Occidental). 

Pero Kuhn finalmente, regresó a Cambridge, esta vez al (MIT) InstitutoTecnológico de Massachusetts.

Sus primeras investigaciones se enfocaron sobre la historia de la termodinámica y su primer libro, La Revolución Copernicana, de 1957, con prefacio de Conant, es un estudio del desarrollo del heliocentrismo durante el Renacimiento.


En 1962,  Kuhn presenta la Estructura de las Revoluciones Científicas, que pasa por ser uno de libros clave del siglo XX. 


En este texto, la investigación científica aparece como un producto de una interacción compleja entre la comunidad investigadora, su tradición autorizada y su entorno. En ningún momento de todo el proceso de investigación, la ‘razón’ y la ‘lógica’ son los únicos criterios para el avance del conocimiento científico y, por lo tanto, la ciencia tiene un componente social insoslayable.

Kuhn no tenía sin embargo un contacto estrecho con la filosofía de la ciencia, especialmente  con la que se estaba haciendo en Europa, con Popper como personaje destacado. Seguía perteneciendo al entorno de Harvard y el MIT.


De hecho, en los círculos de historia y filosofía de la ciencia norteamericanos, la Estructura se describió como un texto poco original, árido y confuso.


En Europa, Popper y su grupo reconocieron no obstante de inmediato su importancia. Pero estaban comprometidos en una batalla ideológica propia, en defensa de su versión de racionalidad de la ciencia


Kuhn y Popper


Así, el grupo de Popper organizó, en julio de l965, el Coloquio Internacional en la Filosofía de la Ciencia –respaldado por un amplio rango de instituciones entre las que se contaban la Sociedad Británica para la Filosofía de la Ciencia, la Escuela Londinense de Economía (London School of Economics, LSE) y la Unión Internacional de Historia y Filosofía de la Ciencia – con la intención de socavar a Kuhn.

El propósito del Coloquio era poner a Kuhn contra el poder y la crítica de los filósofos británicos.

Entre otras cosas, se presentaron 23 posibles significados de la noción de paradigma, uno de los conceptos centrales de Kuhn.

Popper discute en el coloquio que exista una diferencia radical entre ciencia normal y ciencia extraordinaria. Discute incluso la definición misma que hace kuhn de ciencia normal. Un científico que hiciera  ‘ciencia normal’ tal como la define Kuhn sería un enemigo de la ciencia y la civilización Ningún científico importante ha hecho ciencia normal, dice Popper.

Los argumentos de Popper son sin duda consistentes, pero lo que tendrá más consecuencias para el futuro es que el debate se lleva un terreno distinto de la lógica y el método, se lleva al terreno de la actividad de los científicos. 

Con este giro, al hablar de ciencia, lo fundamental es ocuparse de los comportamientos de los científicos y de las implicaciones sociales de una investigación. Si eso es así, entonces desde las ciencias sociales se tiene algo que decir sobre la ciencia.


Llegados a este punto, Sardar mantiene que dos textos, además del de Kuhn, contribuyeron a llevar las cosas a ese terreno: Silent Spring de Rachel Carson, de 1965; y el libro de Ravetz, Conocimiento Científico y sus Problemas Sociales,  de 1971.

El caso es que los sociólogos se tomaron en serio el asunto de que desde las ciencias sociales se podía y se debía decir algo sobre la ciencia, y en un unos años estuvieron preparados para combatir con los científicos naturales.

Durante casi un par de décadas se fue acumulando munición  para la guerra de la ciencias de los noventa.

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jueves, 18 de diciembre de 2014

GUERRA DE LAS CIENCIAS Y CAMBIO CLIMÁTICO


¿De qué se discute en la guerra de las ciencias?

La guerra de la ciencias ha tenido episodios muy interesantes en los años noventa, pero  hay que remontarse mucho más atrás para entender cuál es realmente el conflicto.  

Seguramente es posible encontrar antecedentes más remotos, pero lo más razonable es arrancar de los grandes logros alcanzados en matemáticas, en física y en química, a partir de la revolución científica del XVII y sobre todo  los grandes desarrollos del siglo XIX. 

A finales del XIX es posible hablar de una división entre ciencias naturales y ciencias sociales, con un sentimiento de que las ciencias naturales son más genuinas por la razón de que son más objetivas, mientras que las otras tienen un componente subjetivo básico.

Se habla entonces de explicación científica objetiva,por un lado, y de comprensión, por otro, como métodos propios de las ciencias naturales y de las ciencias sociales respectivamente. Ver los fenómenos desde fuera, explicándolos, o verlos desde dentro comprendiéndolos.

La historia de los intentos de trasponer el método de las ciencias naturales a las sociales (positivismo), de  las resistencias reivindicando métodos propias para las ciencias sociales, de las soluciones de compromiso, de los contraataques historicistas y sociológicos, es prácticamente la historia de la filosofía de la ciencia  y de la sociología de la ciencia, y es por lo tanto una historia muy larga.


La guerra de las ciencias en la primera mitad de los noventa


A finales de los ochenta y principios de los noventa el bando de las ciencias sociales tiene unos contendientes muy aguerridos  que tienen uno de sus cuarteles principales en le CSI de la Escuela de Minas de París.Sus armas son las que han ido acopiando desde el giro sociológico de la filosofía de la ciencia, envueltas en un lenguaje sacado de la semiotica. La forma de ataque es tan sofisticada que es muy difícil hacerle frente en su terreno. 

Sin embargo, el otro bando consigue lanzar un misil de alcance. En 1996. Alan Sokal, profesor de física de la Universidad de Nueva York, coincidiendo con la edición de un número monográfico de la revista Social Text que trataba precisamente sobre las «guerras de la ciencia», publicó un artículo titulado «Transgressing the boundaries: Toward a transformative hermeneutics of Quantum Gravity». El artículo era una trampa. Con argumentos aparentemente bien apoyados en la literatura científica, se exponían una serie de incongruencias. 

Lo que se trataba de demostrar es que el bando de los estudios sociales de la ciencia, se había tragado un artículo por la única razón de que lo que se decía sonaba bien, y sobre todo, porque las conclusiones iban bien con su tesis general de que la ciencia, en este caso la mecánica cuántica, era susceptible de ser interpretada socialmente. El golpe fue desde luego acusado por las filas sociologistas.

Cómo ha continuado ese tema tiene un gran interés en sí mismo, pero más interesante todavía es que la guerra se ha extendido a un tema con interés práctico: el cambio climático; y más aun, que el debate sobre el cambio climático ha hecho cambiar las estrategias del bando sociologista.

Latour y el cambio climático



Bruno Latour, uno de los generales principales del ejército del CSI, se planteaba en una charla dada en el año 2003 que había que hacer sin duda una revisión de las estrategias y del armamento que estaban utilizando, porque había sucedido algo terrible: en el debate sobre el cambio climático los escépticos estaban utilizando las armas construidas desde las filas de los estudios sociales de al ciencia. Estaban invocando la falta de certeza de las ciencias naturales para no atender los requerimientos de los científicos para actuar.  

Algo se había hecho mal cuando " estaban siendo considerados como amigos por los aliados erróneos debido al pequeño desliz en la definición del objetivo principal. La cuestión nunca fue alejarnos de los hechos, sino acercarnos a ellos, no pelear contra el empirismo, sino por el contrario, renovarlo".

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LA CONCEPCIÓN POSITIVA DE MAL EN BAUDELAIRE. NO PODER SOPORTAR LA MEDIOCRIDAD.

Abordar el mal desde una concepción positiva no significa decir que el mal sea "bueno", sino tratarlo como una entidad real , una...