lunes, 28 de septiembre de 2026

FOUCAULT Y EL ISLAMISMO

 La fascinación y el apoyo coyuntural de Michel Foucault al movimiento revolucionario iraní entre 1978 y 1979 responde al cruce de varias claves filosóficas, sociopolíticas y metódicas de su propia obra, más que a una simpatía doctrinal con el fundamentalismo religioso.

Foucault no era un militante del islamismo, sino un observador que viajó a Teherán como corresponsal para el diario italiano Corriere della Sera. Lo que presenció lo llevó a interpretar el levantamiento contra el Shah Mohammad Reza Pahlavi bajo una óptica teórica particular:

El núcleo de la fascinación de Foucault fue lo que denominó espiritualidad política. Observó una movilización de masas donde la religión no actuaba simplemente como un dogma o una institución rígida, sino como una fuerza transformadora del sujeto. Para Foucault, la insurrección chiita ofrecía una manera en que los individuos no solo exigían un cambio de régimen, sino que buscaban transformarse a sí mismos y a su relación con la verdad y la ética.

Foucault estaba desencantado con los marcos políticos tradicionales de Occidente. Veía la Revolución Iraní como la primera gran insurrección que no encajaba en la teleología marxista ni en el paradigma de la Ilustración liberal. Representaba una «tercera vía» que rompía tanto con la hegemonía estadounidense como con la soviética y suponía un rechazo a la modernización autoritaria y biopolítica

El Shah de Irán impuso un proyecto de modernización acelerada y secularización forzosa respaldado por un aparato estatal represivo (la policía secreta SAVAK). Foucault, cuya filosofía se centraba en cómo el Estado moderno ejerce control y disciplina sobre los cuerpos (biopolítica), vio en la movilización popular islámica una resistencia masiva a las formas de gobernabilidad e imperio impuestas por Occidente.

Le impresionó la dimensión trágica y simbólica de la mitología chiita (como la conmemoración del martirio del Imán Hussein en Karbalá). Vio cómo los rituales religiosos y el estar dispuesto a arriesgar la vida desnuda frente a un ejército moderno funcionaban como un acto político-jurídico de deslegitimación del soberano.

Cuando la población hablaba de un «gobierno islámico», Foucault no lo interpretó como la instauración de una teocracia clerical totalitaria, sino como la expresión utópica de un deseo de justicia social, ética colectiva y solidaridad que la política secular occidental no podía ofrecer.

La polémica y la retractación posterior

La lectura de Foucault recibió severas críticas de intelectuales de la época (como Maxime Rodinson o Simone de Beauvoir) y de pensadores posteriores (como Janet Afary y Kevin Anderson), quienes le reprocharon una ingenuidad filosófica que ignoraba el carácter reaccionario, patriarcal y autoritario de los clérigos en torno al Ayatolá Jomeini.

Con la toma definitiva del poder por parte de Jomeini en 1979, el rápido sofocamiento de las facciones de izquierda y la represión violenta contra las mujeres y la oposición secular, Foucault fue matizando sus posturas. Aunque defendió el «derecho a revelarse» independientemente de las consecuencias posteriores, cesó sus escritos sobre Irán y se sumió en un relativo silencio sobre el tema a partir de mayo de 1979.

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