martes, 26 de julio de 2016

LA PIEDAD DEL NAVEGANTE ANTIGUO. SANTUARIOS Y COMERCIO MARÍTIMO. LA AMISTAD RITUALIZADA

Navegación y religión

La navegación es una aventura que necesita de ciertos apoyos sin los cuales no se comprende cómo es posible lanzarse al mar sin saber lo que se va a encontrar ni si será posible volver. 

Los navegantes griegos y fenicios vieron en los dioses sus mayores enemigos y sus mayores aliados. 

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La religión en el emporion 


ADOLFO J. DOMÍNGUEZ MONEDERO

 Universidad Autónoma de Madrid

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Rituales y prácticas de navegación de fenicios y griegos en la Península Ibérica durante la Antigüedad


Mirella Romero Recio

Universidad Carlos III

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Durante la Antigüedad, los primeros contactos comerciales requerían de un espacio sagrado en el que las divinidades actuasen como sancionadoras de esa actividad. Teniendo como testigos a los dioses, ambas partes, en principio, encontrarían la seguridad a la hora de establecer negocios con desconocidos.

Los viajes legendarios ponen ya claramente de manifiesto la necesidad que los navegantes tenían de sacralizar los lugares ignotos, plagados de seres fantásticos, híbridos y peligrosos a los que llegaban con sus naves. En estas áreas de atraque se ofrecían plegarias, libaciones y sacrificios a los dioses agradeciéndoles su ayuda durante el viaje y solicitándoles su auxilio para la siguiente jornada. Dichos espacios se convertirían, a medida que los viajes por la zona se fueron haciendo cada vez más frecuentes, en santuarios, que no tenían por qué tener necesariamente un templo.

El emporion

Un emporion era un lugar que los comerciantes de una nación se habían reservado para sus intereses comerciales en el territorio de otra nación.
El progresivo desarrollo del modelo del emporion a lo largo del siglo VII va introduciendo unos modos de comportamiento cada vez más normalizados entre los comerciantes griegos, responsables en buena medida de la propia difusión de este mecanismo de relación con las diversas culturas con las que a lo largo de ese período van entrando en contacto. Ello se traduce, necesariamente, en la sistematización de unos mecanismos en los que, cada vez más, la existencia del lugar de culto se revela como imprescindible porque es éste el que facilita el tránsito entre las diferentes culturas.

Las relaciones que los griegos establecen con los indígenas son siempre del tipo de amistad y hospitalidad  y, por lo tanto, desde el punto de vista griego están sancionadas por todo el esquema de valores que formaba parte consustancial de su cultura, y cuya práctica muestran la Odisea y la Iliada.

No es una amistad cualquiera es un amistad ritualizada y este tipo de contacto dará lugar a un entorno en el que predominarán los espacios de culto.

Los lugares de culto tenían una función por lo tanto muy especial,  servían como medio para garantizar, siquiera de modo simbólico, la alianza con los autóctonos que habían permitido el establecimiento del emporion y, por otro lado, para permitir a los comerciantes que allí acudían mostrar su gratitud a las divinidades correspondientes por el éxito de sus empresas. La ofrenda es la parte principal del ritual.


Al huésped extranjero sólo le queda confiar en su anfitrión o, mejor, en que su anfitrión sea temeroso de los dioses y, por ello, acepte las normas que éstos establecen sobre el trato hacia los extranjeros. La religión en los emporios arcaicos es, por lo tanto, un aspecto fundamental pues se configura como el requisito último para que exista el emporion; podríamos decir que un emporion no puede existir si no lleva anexo, o si no se organiza en torno a un espacio de culto, puesto que es ese el que va a introducir entre los griegos la necesaria confianza para poder seguir visitándolo con asiduidad.


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Entre anfitriones y huéspedes extranjeros se ha necesitado desde antiguo un suelo religioso común.

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Santuarios y comercio marítimo en la península ibérica durante la época arcaica

J. Ruiz de Árbulo

El papel de los dioses como garantes y tutelares de las relaciones comerciales. 

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