lunes, 7 de marzo de 2016

CULTOS DE MISTERIOS. LA VERSIÓN INCRUENTA DE ELEUSIS Y LA VERSIÓN CRUENTA DE DIONISOS Y LAS BACANTES

¿Qué es un culto de misterios?


El denominador común de los cultos de misterios es la búsqueda de la inmortalidad por medio de la iniciación ritual en el paso de la muerte a la vida de un protagonista divino, cuyas peripecias son narradas por medio de mitos de contenido cruento: muerte-resurrección, o incruento: descenso al ínfero y ascenso a la Vida.

Los cultos antiguos en Egipto y Mesopotamia  


El prototipo primero del mito cruento es Osiris, muerto y despedazado por Seth, pero vuelto a la vida inmortal de Atón gracias a la recomposición de la integridad de su cuerpo, realizada por su esposa Isis

El primer prototipo del misterio, en su forma incruenta, es la diosa mesopotámica de la fertilidad Ishtar, que desciende a la "tierra sin retorno" (ínfero) para volver a ascender a la vida, llevando consigo a su amante Tammuz, quien toca la flauta de lapislázuli, símbolo de la renovación primaveral después de la muerte asociada a la esterilidad del invierno.

Como resultado de procesos históricos difíciles de precisar, estos dos mitos prototípicos tomaron formas propias en diversos lugares, sobre todo del Asia Menor (Tracia, Frigia...), de donde llegaron a Grecia y, desde ahí, a Roma.

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La Epopeya de Gilgamesh

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Los misterios en Grecia

El mito incruento de Eleusis

El culto de misterios celebrado en el santuario de Eleusis, es quizás el más representativo de los cultos griegos y se fundamenta en el mito de Demeter.

El término misterio proviene del griego "mistós". Los aspirantes a ser iniciados, en la noche del 19 de septiembre (otoño europeo), en procesión nocturna se trasladaban desde Atenas a Eleusis, situada a 22 kilómetros, con la cara "tapada": "mistós". 

El mito de Deméter se encuentra ya en uno de los himnos homéricos. 

Cuenta Homero que Perséfone, la hija de Deméter, estaba en un campo recogiendo una flor de narciso, cuando fue raptada por Hades, quien la arrebató llevándosela al ínfero, mientras ella emitió un gran grito: "y resonaban las cumbres de los montes y las profundidades del Ponto con su voz". 

Entonces, la diosa Deméter, abandonando el Olimpo, dejó de dar fertilidad a la tierra para descender allí de incógnito, hasta llegar a un lugar donde trabajó como institutriz de un niño a quien quiso iniciar en el secreto de la inmortalidad. 

Pero la madre de niño entró en el lugar donde Deméter iniciaba al pequeño, desencantando así el ritual. Fue entonces cuando Deméter se reveló como diosa y dio a la gente la oportunidad de construir ahí mismo un santuario:  Telesterion en Eleusis, donde pudieran celebrar ese mismo rito que ella había mostrado, de manera que quienes fueran "introducidos" en él superarían la muerte y ascenderían a la nueva vida, tal como el mito narra que ocurrió finalmente con Perséfone (Coré), quien fue liberada del Hades, ascendiendo junto a Deméter a la Vida inmortal, con su hijo Brimos, nacido en el ínfero. 

Si bien, el mito narra que Hades, antes de liberar a Perséfone le hizo comer, con engaño, un pedazo de granada, con lo cual retuvo vinculada al ínfero a Perséfone obligando a que periódicamente, ésta tuviera que retornar al Hades, para ser después liberada siempre de nuevo. Con ello se transpone al mito la experiencia del carácter cíclico de las estaciones de otoño-invierno y primavera-verano.

¿Cómo se celebraba el rito indicado por Démeter?

Una vez introducidos en el santuario ("telesterion"), los aspirantes  tomaban una "pózima" sagrada ("kikeon"), mezcla de droga sacada de un parásito del grano de cebada (cizaña) que había sido transportada procesionalmente en el cáliz especial ("kratera"), y, bajo el efecto de su "euforia extática", al amanecer, se abría súbitamente una cortina que permitía entrar la luz exterior en la sala. Y entonces esos "mustoi" se sacaban la venda y "veían" al sacerdote que salía de un lugar oculto del templo, junto a una sacerdotisa que llevaba en sus brazos un bebé.

De esta manera, los "mustoi" (tapados) se convertían en "epoptai" (los que han visto). 

Quienes habían tenido la oportunidad única de participar ritualmente en esa visión podían desde entonces vivir  esperando la muerte con la tranquilidad de saber que ascenderían junto a Perséfone, y su nuevo hijo Brimos, a la vida inmortal de Deméter . 

Confiado en esa esperanza, el mito homérico concluye con estas palabras:

 "Dichoso entre los hombres terrestres el que los ha visto; pues el no iniciado en estos misterios, el que de ellos no participa, jamás gozará de igual suerte que aquel, cuando, después de la muerte, descienda a la oscuridad tenebrosa" 

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Un texto clásico:


Bentue - Historia de las religiones 

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Los cultos cruentos en Grecia


En Grecia, la versión cruenta es la que representa el relato de los acontecimientos relacionados con el dios Dionisos.


El dios aparece como un niño cornudo rodeado de serpientes, despedazado por las fauces de los Titanes, quienes hirvieron sus pedazos en una caldera, mientras un granado brotaba de la tierra donde había sido derramada su sangre; pero Rea (Cibeles) reconstruyó sus miembros y, así, volvió a la vida junto a Zeus, su padre. Como en el mito prototípico de Osiris, su cuerpo destrozado es reconstituido por Isis.

A diferencia de los ritos incruentos de Eleusis, los ritos de Dionisos eran ritos frenéticos al aire libre, también nocturnos. Durante su transcurso, sobre todo las mujeres iniciadas en el culto (las "ménades") adquirían un estado de éxtasis, en el que quedaban fuera de sí. 

Eurípides describe el ambiente dionisiaco en su Tragedia Las Bacantes.

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LAS BACANTES DE EURIPIDES

(un drama dionisiaco)


Euripides narra un hecho que se repite en la Tebas de Cadmo, en la Tracia de Licurgo, en el Orcómenos de Atamante, en Tirinto y en Argos con las hijas de Preto. 

Una familia real se niega a aceptar la divinidad de Dioniso y se opone al culto báquico; el dios castiga a esta familia enloqueciendo a las mujeres y destrozando a los descendientes masculinos, descuartizados por sus madres delirantes. 


Tal como este núcleo argumental se presenta en el caso de Penteo, puede advertirse en su desarrollo la pervivencia de algunos elementos del ritual dionisíaco, elementos muy antiguos con paralelos en otros cultos mistéricos.


Penteo es ejecutado como una víctima propiciatoria, como el phármako que recoge sobre sí los pecados de la comunidad para expiarlos con su muerte, inmolado en un sparagmós ritual, un despedazamiento en vivo a manos de las ménades (al cual en el ritual debía seguir la omophagia, la comida de la came cruda del animal sacrificado, a lo que en la tragedia de Eurípides sólo se alude). 

El travestimiento de Penteo con indumentaria femenina y báquica, su refugio en un árbol, que no será cortado sino arrancado de cuajo, la conducción de su empalada cabeza como un triunfo de caza, evocan actos de un ritual dionisíaco. 

Penteo, castigado como sacrílego voyeur que trata de violar los misterios sacros de la montaña de las bacantes, se ha atraído por su error trágico esa muerte horrible. 

No es la víctima inocente de un drama sacro, paga con el descuartizamiento la transgresión de una norma religiosa.

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ANTONIO BENTUÉ


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El culto a Baco en Roma. Siglo II a d C.

Artículo de Pedro Ángel Fernández Vega. Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, Historia NG nº 113
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