martes, 22 de septiembre de 2026

QUE NO PODEMOS HACER AL LEER EL ANTIGUO TESTAMENTO O A PLATÓN

Al leer el Antiguo Testamento (AT) o a PLatón, podemos cometer errores de bulto que debemos evitar. 

No podemos entrar en un diálogo platónico y decir que aquello que está allí expresado es lo que piensa Platón sobre tal o cual asunto. Una clave ineludible de lectura es tener en cuenta la evolución de los diálogos.

Tenemos un primera fase de diálogos socráticos, en la que se pregunta por un determinado concepto y se busca su definición, que por cierto nunca se alcanza del todo. En un segunda fase se configura la teoría de las ideas. Aquí tenemos textos fundamentales como el Fedón, Banquete, Fedro o República. En un tercera fase, crucial en el pensamiento platónico, se pone en crisis la teoría de las ideas, con textos como Parménides, Sofista o Teeteto. Finalmente se recompone la teoría de las ideas a la vista de las objeciones que han ido surgiendo en los textos críticos. Tenemos aquí Timeo o Leyes. 

Leer, por lo tanto, un texto de Platón sin tener en cuenta su ubicación en su trayectoria intelectual nos llevaría a una tremenda confusión.

Del mismo modo, la lectura del AT sólo puede hacerse sin confusión si conocemos la ubicación de cada libro en el conjunto, teniendo en cuenta no sólo el momento y el contexto histórico, lo cual es relativamente habitual, sino además, y más importante, que los textos tienen una evolución en el propio contenido del mensaje.

Así, vemos en el AT unas fases que son en cierta manera paralelas a la que hemos visto en Platón. En los libros sapienciales esta evolución nos aparece especialmente clara. 

Proverbios y Salmos nos dan una teología de la retribución, para esta vida, en la que la recompensa por el cumplimiento de la Ley se obtiene aquí, en forma de vida feliz y completa. Sin embargo esta teología se pone claramente en crisis en los libros de Job y Qohelet (Eclesiastés); par componer finalmente un reproposición de la teología, orientada hacia la vida del más allá, en Sirácida (Eclesiástico) y sobre todo en Sabiduría, que pro cierto tiene un notoria influencia helenística, en la que confluye la teoría de la inmortalidad del alma platónica con la hebrea. 

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