jueves, 21 de junio de 2018

Aristóteles contextualizado. La batalla de Queronea.

La guerra del Peloponeso ya había sido una guerra total, una guerra distinta a las agonísticas del pasado en las que se respetaban unas reglas: las treguas, el verano y el invierno, enterrar a los muertos.

Después de ésta, lo que viene es peor. Viene una nueva manera de hacer la guerra. Los griegos ya no vacilan en transgredir las "viejas" leyes no escritas, porque todos los medios son buenos para llegar a su objetivo de hegemonía. Ahora el medio principal, quizá el único, de ejercer presión sobre una polis es económico. Durante la guerra agonística, se trataba del pillaje del territorio; con la guerra total, van a amplificar en exceso estos medios. No van sólo a devastar el territorio, sino también a poner muy difícil la vida económica de la polis. La única estrategia posible es la estrategia nueva, que permite a la polis utilizar todas sus posibilidades económicas que le vienen del territorio y de la ciudad, no dejando de lado lo uno ni lo otro. 

Resultado de imagen de peltastaLa guerra total, por lo que implica, también se caracteriza por la aparición de ejércitos más o menos permanentes que dan la posibilidad de implantar en el territorio un sistema defensivo poderoso, sin el cual la estrategia nueva no podría existir. Es el cambio de estrategia el que implica mercenarios en los ejércitos, cada día más numerosos a lo largo del siglo IV, y no es la presencia de mercenarios la que implica la estrategia nueva.

Demóstenes se quejará de que el mercenario ha sustituido al soldado-ciudadano: "No diez mil ni veinte mil mercenarios ni las tropas esas epistolares - no me vengáis con eso...".  

El caso es que ahora los mercenarios están disponibles en gran cantidad. Lo están porque la guerra del Peloponeso ha dejado a muchos ciudadanos sin recursos. Que haya muchos mercenarios hace posible más guerras, y más guerras demandan más mercenarios, en un circulo vicioso. Además, la extensión del periodo bélico que ya no sólo es el verano, hace incompatible los deberes de ciudadano con la campañas.

La experiencia y la estricta disciplina son ahora las cualidades de base del combatiente, que sólo puede adquirir dentro de un ejército profesional, y que son las útiles para dar golpes por sorpresa a la ciudades.

Estos asaltos son el punto final de situaciones de coacción económica.

Lógicamente ante el peligro de ser asaltadas, las ciudades se fortifican, no sólo pasivamente sino activamente, aumentando su capacidad de contraataque. 

En el fondo, el gran cambio es el de hacer la guerra para defender una frontera de una ciudad,  a hacer la guerra para conseguir la hegemonía.  

Hay un paso de hoplita ciudadano que defiende la ciudad al peltasta profesional que lucha por la hegemonía al mando de un jefe que es bastante autónomo con respecto al gobierno de la ciudad. Demóstenes se queja mucho de sus actuaciones: "Cada uno (de los jefes mercenarios), por consiguiente, va tras de lo que le interesa". Dentro de poco, el éxito guerrero será la fuente del poder político. Los jefes mercenarios del siglo IV son los precursores de los Diádocos.

Realmente, conseguir la hegemonía es incompatible con la superviviencia de las polis. sólo la Monarquía macedónica podrá hacerlo.

La guerra del Peloponeso es una grave ruptura en el arte de combatir en Grecia durante la época clásica. Al final, sólo los macedonios sabrán adaptarse a ella para someter a su hegemonía todo el mundo griego tras la batalla de Queronea en el 338. 

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LA GUERRA TOTAL EN LA GRECIA CLASICA (431-338)

 Eric  Popowicz 

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En ese tiempo, el anterior a Queronea y el inmediato posterior,  en Atenas dos partidos: uno promacedonio, liderado por Esquines, otro antimacedonio, liderado por Demóstenes.


Un año después de la derrota en Queronea, el Senado dispone una tercera corona, esta vez de oro, para Demóstenes, «por su abnegación en los mayores servicios al pueblo ateniense». Esquines, ante la asamblea del pueblo, se opone vehementemente y denuncia como ilegal el decreto que había presentado el Senador Ctesifonte.

Habla Esquines. La clepsidra marcará un poco más de 3 horas de un discurso considerado por analistas, entre otros Cicerón, como extraordinario en sus argumentos y de una arrebatadora elocuencia. Esquines tenía grandes ventajas; la principal: que el antimacedonismo de Demóstenes fracasó, no frenó a Filipo, quien al final sometió a Atenas. Los promacedonios, como Esquines, sentían que el tiempo les había dado la razón. Demóstenes era el fracasado al cual ilegalmente y también inmerecidamente se pretendía coronar.

Concluye Esquines señalando el peligro de coronar a Demóstenes. La asamblea de Grecia está abatida por culpa de un orador causante de todos nuestros males; rechazad a este hombre funesto, azote de Grecia, pirata cuyas expediciones oratorias devastaron a la República. Si lo coronáis seréis cómplices de los que, como él, rompieron la paz, castigadlo y honraréis a nuestra patria.

La ovación a Esquines dura varios minutos.

La réplica de Demóstenes es admirable por su fuerza, por la solidez de sus acusaciones o interpelaciones directas a Esquines, por la extraordinaria elocuencia que despliega, por la inmensa cantidad de datos, fechas, narración de hechos y análisis de situaciones políticas y militares muy complejas y también por lo que deja sin tratar. Pero es más admirable aún por su artificiosa y genial estructura. Las partes y los argumentos están de tal manera dispuestos e interpuestos que persuaden, convencen y provocan adhesión.
El auditorio estaba anímicamente elevado; el orador había tocado fibras de patriotismo, de orgullo y de respeto por los héroes griegos y por sus instituciones. Demóstenes, dentro de ese ambiente colectivo creado por su palabra, y tras lograr que la audiencia perdiera el respeto por su oponente, responde a todas las acusaciones.

Dice Plutarco en la biografía que hace de Demóstenes, que Esquines no logró ni la quinta parte de los votos. Una casi total mayoría concedió la corona de oro a Demóstenes; y hay que subrayar que en ese momento sus enemigos manejaban la situación de Atenas con el respaldo y apoyo de los invasores. Esquines es condenado a pagar 1.000 dracmas de multa. Derrotado y abatido se exilia en Éfeso y después, con apoyo Macedonio, establece una academia de oratoria en Rodas. 

Demóstenes, años más tarde, es encarcelado. Había muerto Alejandro en Babilonia y su sucesor Antípatro recrudece la persecución de los opositores, exige la entrega de los cabecillas antimacedonios. Demóstenes se refugia en el templo de Poseidón en la isla de Calauria. Allí lo alcanzan sus perseguidores y él se suicida en 322, a los 62 años de edad, con el veneno que tenía escondido en su estilo. 


martes, 5 de junio de 2018

Los relatos históricos no son inocentes. Positivismo, historicismo especulativo y hermenéutica.

Resultado de imagen de celtas griegos feniciosEs un lugar común que la Historia se cuenta poniendo el acento cada cual donde le conviene. Así cada nacionalismo reivindica un pasado que legitima su ser nacional. Eso es un tópico ahora, pero no es en ningún caso un tópico reciente. 

En España sin ir más lejos hubo un relato filosemítico y un relato filohelenista que contaron cada uno de ellos versiones distintas de cómo fueron los acontecimientos en pasados tan lejanos como los tiempos anteriores al dominio romano de la península ibérica.

Son relatos alternativos en los que indígenas autóctonos, colonizadores fenicios, colonizadores griegos e invasores celtas van jugando distintos papeles según que se les asigne la función de  héroes o de villanos.

No es por casualidad que estas atribuciones vayan por rachas, en las que no es difícil identificar las filiaciones de la comunidad científica de cada momento, de tal modo que el paradigma dominante, la corriente científica principal, se inserta en un estado de cosas fácilmente reconocible.

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Paradigmas historicistas de la civilización occidental. Los fenicios en las costas mediterráneas de Andalucia.

Oswaldo Arteaga

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La historia prerromana de los territorios de la península ibérica puede interpretarse dede el nacionalismos centralista o desde los nacionalismos anticentralistas. Así, puede verse un pueblo prerromano hispánico con valores comunes: entusiasmo por su independencia y ansia por un vivo culto religioso  (Calvo y Cabré); o bien  puede verse un mosaico poliétnico formado por íberos, celtíberos, tartesios,..; de los que catalanes, aragoneses y andaluces serian herederos (Bosch Gimpera).

En España, en los años cuarenta, después de la guerra civil y con la influencia pangermánica todavía viva, se pone el acento en las colonizaciones griegas interpretadas como invasiones indoeuropeas. La excavaciones en Ampurias dan pie a la evocación de un prestigioso pasado legitimador del régimen. Los obras de Garcia Bellido son exponentes, por otro lado magistrales, de estos puntos de vista.

En ese orden de cosas, se relativiza la influencia fenicio-púnica que se ve como bloqueadora, como interferencia y pantalla opaca que impide que la luces griegas lleguen a iluminar esta parte del Mediterráneo. Que el rey Argantonio de Tartesos sea amigo y aliado de los griegos focenses no es irrelevante en este contexto; como no lo es que arqueológicamente  se pudiese descubrir una opulenta Tartesos.

Precisamente los hallazgos arqueológicos son los que van a inducir en los años sesenta una revolución en las investigaciones. la intención primera era encontrar Mainake, y con ello la huella de los griegos en el sur de la península; sin embargo, por el contrario, lo que se halló fue la innegable presencia de una colonización fenicia. 

Pero más importante aun que los resultados son la innovaciones metodológicas de ese periodo.  En la investigación histórica de la antigüedad se reproduce la contienda general de la guerra de las ciencias entre positivismo e historicismo, es decir la contienda entre aquellos que defienden la objetividad de los datos obtenidos en el trabajo de campo, y aquellos que defiende la especulación a partir de las fuentes. En los años sesenta los positivistas ganan terreno. En los setenta son el paradigma dominante. 

Pero estos años son suficientes para ver que los datos por sí solos no aportan información sobre una visión general de las culturas del pasado, sino solamente apuntes muy parciales que en definitiva se limitan a estratificar los hallazgos en función de los restos encontrados; básicamente, cerámica, monedas y huesos. 

En los años ochenta se desarrollan, para superar este defecto, teorías que den cuenta de los procesos sociales involucrados y que den explicaciones lógicas sobre las transiciones de unos estratos a otros. 

Resultado de imagen de geoarqueologiaAhora bien, eso se hace en general desde las teorías económicas marxistas, lo que significa que no salimos del positivismo en tanto que estas teorías teorías parten de una realidad económica objetiva. Si bien es cierto que la teoría marxista postula la existencia de una ideología, como sistema de creencias que responde a unos intereses de clase, es sin embargo precisamente la teoría marxista la que como ciencia objetiva rompe el velo ideológico que enmarcara la realidad para descubrir la verdad objetiva que nos es otra que la estructura económica determinada por las relaciones de producción. el sujeto del conocimiento se coloca ante el objeto, la estructura económica, en actitud claramente positivista.

No obstante, había ya en los ochenta otras teorías disponibles: la arqueoecología de la escuela de Cambridge, que pone el acento en la relación del hombre con el medio; y la geo-arqueología de la escuela de Chicago, centrados en la adaptación y transformación del medio. Lo que introducen estas teorías es el beneficio de la multidisciplinariedad, objetiva, y por lo tanto también positivista.

Imagen relacionadaQue la arqueología tradicional, la arqueoecología y la geoarqueología sean enfoques positivistas, en los que no entran en principio las distintas percepciones de los sujetos (los fenómenos) o sus intenciones; no significa que los resultados no sean sumamente interesantes, salvo que se les considere la forma más refinada de investigación histórica. Qué es entonces lo no positivista sin caer en la mera especulación: la hermeneutica.

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La pesca con vigía

Definir hermenéutica es un asunto no sencillo que no abordamos aquí más que por la vía del ejemplo. 

Un enfoque hermenéutico habrá de tener en cuenta la relación entre le sujeto y el objeto que forman un todo uno. Tomando el precedente muy temprano de Berkeley puede decirse que las cosas son en cuanto que son percibidas. 

Esta idea sencilla puede servir para desentrañar problemas históricos enjundiosos que han atribulado las mentes de generaciones de  especialistas.  

Para interpretar las fuentes antiguas no basta con atender a al literalidad de los textos, ni a las evidencias arqueológicas, hay que colocarse en la actitud de comprender las percepciones de aquellos que escribieron los textos y sobre todo de los protagonistas de los hechos que se narran. 

Sólo así, empiezan a tomar significado la toponimias antiguas, colocándose, por ejemplo, en el modo en que los navegantes antiguos percibían la costa. 

Viene muy al caso la interpretación sobre el topónimo hemeroscopeion.

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HEMEROSKOPEION=THYNNOSKOPEION. EL FINAL DE UN PROBLEMA HISTÓRICO MAL ENFOCADO

Francisco Javier Fernández Nieto 
Universidad de Valencia

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Resulta paradójico, dice Fernández Nieto, que la reflexión histórica no sepa en muchos casos distinguir las cosas evidentes y se refugie con frecuencia en dificultades y contradicciones, que suelen derivarse de la pobreza de los conocimientos precisos sobre un determinado problema y de la renuencia a seguir el camino más simple, que es casi siempre el más seguro y verdadero. La explicación más sencilla tiene mayor probabilidad de acierto: u
na serie de topónimos ligados a la presencia de griegos en Occidente, de la que forman parte Salauris, Lebedontia, Cipsela y Hemeroscopeion, no representan ningún tipo de asentamientos o colonias, sino que se trata de nombres descriptivos de circunstancias navales y de accidentes topográficos relacionados con el mar y el comercio; y que tales denominaciones, por aparecer expresamente indicadas en los rudimentarios mapas de navegación y de registro de la configuración costera, se tomaron por verdaderas colonias.

La pregunta correcta que desde el principio debería haberse formulado desde el s. XIX, era la siguiente: “atalaya, ¿de quién?, ¿para qué?, ¿con qué fin?”. Y habiendo eliminado, por altamente inverosímil, la posibilidad de que nos encontrásemos ante un puesto de vigilancia para prevenir los ataques desde el mar (de enemigos, de piratas), no se hacía demasiado complicado reparar en el difundido y organizado sistema de aprovechamiento de puntos idóneos para la detección de los bancos migratorios de peces, lugares cuya nomenclatura contiene siempre, en solitario o formando un compuesto, el vocablo skopei`on.

¿Cómo se capturaban los cardúmenes de atún entre los siglo VI y II a. de C.?

Existen testimonios antiguos (Claudio Eliano, Filóstrato, Opiano) de cómo se hacía en el mar Negro, que no podía ser muy diferente a cómo se hacía en el Mediterráneo occidental .

"las gentes que habitan toda esta región conocen a la perfección la fecha de la llegada de los atunes y, efectivamente, éstos llegan en el momento del año que saben esas gentes, y para entonces están preparados para atacarlos muchos instrumentos: naves, redes y una alta atalaya. Pues bien, esta atalaya, fijada en un lugar elevado de la costa, se levanta en un calvero que permite una buena visión en derredor por estar totalmente libre de obstáculos. 

Se fijan en el suelo dos altos troncos de abeto unidos entre sí con anchos tablones, que están pegados unos a otros de forma compacta y que son excelentes para que el vigía suba y se plante allá arriba. Las barcas tienen cada una a cada costado seis remeros jóvenes, que reman con gran vigor. Las redes son muy largas, no demasiado fofas ni retenidas por los corchos, sino más bien lastradas con plomo. Y resulta que las bandadas de estos peces nadan compactas al interior de este mar. Cuando empieza a relucir la primavera y los vientos traen ya brisas suaves y la atmósfera ambiente está radiante y como sonriente y las olas se hallan paralizadas y el mar tranquilo, el vigía, al ver a los atunes gracias a una habilidad inexplicable y a una condición de su vista que le hace ver con la mayor agudeza, dice a los pescadores de qué parte vienen, y también les hace saber si deben extender las redes hacia la costa. Y si deben extenderlas más adentro da, como un general, el santo y seña, o, como un corifeo, el tono. ¡Y ya podrá decir montones de veces la cifra exacta de cada bandada de atunes que llega, que no se equivocará ni una sola vez en el número! Y los siguientes hechos, ¡qué maravilla! Cuando el tropel de atunes se lanza a mar abierto, el que está al cuidado de la vigilancia y que tiene un conocimiento preciso de los citados peces, lanzando gritos agudos, les dice que los persigan allá y que remen derecho al mar abierto. Y los pescadores atando a uno de los dos troncos de abeto que sostienen al vigía una soga muy larga prendida a las redes, reman en las barcas que van en fila unas detrás de otras y pegando entre sí, porque, como es de comprender, la red se reparte también entre todas y cada una de ellas. La barca que va la primera suelta su porción de red y se retira; luego hace la misma operación la segunda y la tercera, y es ahora cuando la cuarta debe soltar su porción, mientras los que mueven a remo la quinta esperan todavía y los que van detrás de ésta no tienen que soltar aún su porción. A continuación reman alternativamente unos detrás de otros, llevan su porción de red y, tras esta operación, se quedan quietos. Y claro está, los atunes, como son retraídos e incapaces de llevar a cabo un rápido golpe de audacia, se quedan quietos y sin rebullir al verse acorralados. Y los remeros capturan, como si se tratara de una ciudad tomada, como diría el poeta, la población de los peces....".

Hemeroskopeion no es sino la atalaya para el vigía.

A partir de una época (en torno al cambio del siglo V al IV) todos los sistemas de captura utilizando atalayas se habrían extendido por el Mediterráneo y serían comunes a semitas y griegos, gracias a los viajes y a los contactos comerciales, aun cuando estos últimos dominaban con mayor pericia esta ciencia.
Que hubo un grupo de pescadores griegos en el promontorio de Denia me parece hallarse fuera de discusión, no tanto porque mantuviese el nombre de hemeroskopeion –pues los visitantes griegos podrían haber registrado esta denominación, sin darse la circunstancia de que ellos mismos trabajasen allí, sólo porque conocían la función que desempeñaba– cuanto por la noticia de Estrabón (Artemidoro) que le otorga filiación masaliota. Massalia se dedicaba a la captura y explotación del atún en la desembocadura del Ródano, de manera que no resulta insólito que, en un momento dado (¿siglos V/IV a. C.?), llegasen desde Massalia tanto un grupo de especialistas en la preparación de almadrabas como, desde luego, algunos profesionales en la explotación de los recursos obtenidos (fabricantes de salazones, comerciantes exportadores de las conservas), tal vez todos ellos asociados, que establecerían buenas relaciones con la poblaciones más cercanas.
El origen étnico de los habitantes tuvo que ser múltiple: situándonos a partir del siglo IV a. C., habría griegos para organizar la pesca y dirigir la factoría y las operaciones mercantiles –una parte de ellos no serían sino empleados y agentes de los ricos comerciantes que, teniendo casa de negocios en los grandes puertos (Sagunto, Ampurias, Massalia), traficarían con las conservas–; habría también semitas de las ciudades fenicias del sur de la Península o de Cartago, los cuales colaborarían tanto en tareas de pesca y conservación del pescado como en las operaciones comerciales (incluso como asociados de los griegos); habría por último algunos indígenas empleados como obreros en los arrastres.

Si el lugar estuvo tan indisociablemente ligado a la figura de Ártemis, pues Estrabón (Artemidoro) registra que la colina llevaba asimismo el nombre de Artemision, lo fue evidentemente porque la diosa recibía allí veneración. Su doble condición de observatorio y de lugar consagrado puede ser consecuencia de que la tarea del vigía no está lejos de representar un ritual secreto y religioso –ya vimos que posee una “sabiduría oculta”–, y de que éste es capaz de interpretar como un profeta o adivino. las señales que desde el mar remite la divinidad en forma de bancos. Creo que dentro de la religiosidad de los pescadores del atún en almadrabas habría que incluir los sacrificios de peces a Ártemis, e imagino que cada vez que el vigía subía a la atalaya/santuario, imbuido de respeto y misticismo (cuando no de tabúes y supersticiones), llevaría a cabo una ofrenda o una súplica a la diosa.

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martes, 22 de mayo de 2018

Navegación marítima y poder. Griegos en Iberia

Resultado de imagen de tartessosPuede constatarse con datos arqueológicos la existencia de relaciones, más o menos directas, entre las tierras del Egeo y las costas más occidentales del Mediterráneo, ya en tiempos tan remotos y alejados como los que transcurren durante la Edad del Bronce.

Los principios de la Edad del Hierro en el Egeo, hacia el 1150 a. de C.,  fueron acompañados de una intensa conmoción de orden étnico y cultural que hizo cambiar totalmente la faz de su historia (el colapso del sistema palacial micénico). Naturalmente esto no se cumplió sin graves repercusiones de toda índole. El período caótico y oscuro. La Edad Oscura, con que comienza Grecia a entrar en su Historia escrita, trae consigo una pérdida casi absoluta de aquellas viejas relaciones que durante la Edad del Bronce mantuvieron en contacto y relación ambos focos culturales extremos del Mediterráneo.

Después del colapso fueron únicamente los fenicios los que sin duda conservaron y fomentaron aquellas antiguas relaciones beneficiándose sobre todo del comercio de metales, cuyo emporio occidental era por entonces Tartessós.

Parece como si los griegos, ocupados en los comienzos de aquella nueva etapa en buscar acomodo dentro del nuevo ámbito geográfico, sede de sus futuras grandezas y miserias, hubiesen perdido totalmente la pasada noción de la existencia de aquellas tierras del occidente. 

Sin embargo los hechos posteriores demuestran que este olvido no fue total. Cuando el orden y la estabilidad política permitieron a los griegos tender su mirada por las tierras y mares vecinos, cuando pudieron intensificar sus relaciones exteriores, vuelven a arar el mar con sus naves en busca de las lejanas costas.

Hacia el 800 a. de C., navegantes jonios oriundos de Chalkís y Eretria,  fundan una colonia, Kyme, en pleno mar Tyrrhenio, frente por frente de Cerdeña. 

Es una prueba de que los intereses griegos creados por el nuevo estado de cosas (pasado lo peor de la Edad Oscura) miraban al lejano Occidente, a donde les conducían no sólo los recuerdos de viajes y emporios ancestrales, sino también el ejemplo de las navegaciones fenicias, que por entonces tenían ya una base comercial firme en Gadir, en las bocas del Atlántico y un cierto número de intereses en Sicilia.

A partir de entonces, los griegos, encabezados por los jonios chalkidios, comienzan a pulular por el nuevo mar, estableciendo en primer lugar nexos o lazos intermediarios entre la nueva colonia y la metropoli.

Hacia el 750 a. de C., o todo lo más tarde en el 700 a. de C.,  los griegos pudieron navegar por todo el Mar de Occidente, yendo de isla en isla y de estas a las más lejanas costas por donde se ponía el sol y donde, como sin duda sabían también, iban a recoger riquezas minerales los traficantes y marinos fenicios de mucho tiempo atrás.

Ya en aquella época eran conocidos los grandes navíos de cincuenta remos, los pentekóntoros, de sólida construcción, gran autonomía y bien dispuestos para las navegaciones largas y de altura. 

La aparición de aquellas potentes naves debió causar entonces una verdadera revolución en las cosas del mar. 

Resultado de imagen de penteconteros"El espíritu inquieto de los primeros navegantes helenos hubo de impulsarles de modo irresistible a explorar aquellas soleadas costas, idénticas en clima, frutos y aspecto a las suyas propias. Deseosos de adelantarse unos a otros en una no siempre noble competencia, sin miedo a lo desconocido, llevando como norte el afán del lucro, las fáciles ganancias o la arriesgada rapiña comenzaron a navegar por el mar Tyrrhenio, el mar Sardo, el mar Balear, el mar Tartessio, viendo gentes nuevas bien dispuestas al ventajoso intercambio, descubriendo caudalosos ríos, índices de tierras profundas y dilatadas, hallando grandes islas habitadas por pueblos bárbaros fáciles de dominar y explotar o frecuentadas rutas comerciales de seguras y ricas presas" (García y Bellido). 

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Una monografía ya clásica (1940):

Las primeras navegaciones griegas a Iberia (siglosIX-VIII a.C.) 

Antonio García y Bellido
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Rutas marítimas

Por dos vías marítimas podían llegar los griegos a las costas de la península ibérica: bien viniendo desde Córcega a las bocas del Ródano y de ahí a lo largo de la Provenza y el noreste peninsular; o bien, partiendo del sur de Italia o Sicilia, por el puente de islas (Cerdeña, Baleares) hasta el cabo de La Nao y de allí, en ruta costera, a las Columnas Herakleas y Tartessós. 

No era posible otra vía, pues la del África fue siempre virtualmente impracticable para los griegos, por costear feudos sujetos a Carthago. 

La ruta interinsular que, como un puente, lleva en línea recta de la Campania, o Sicilia, donde estaba la más vieja colonia griega de Occidente, al avanzado promontorio del cabo de La Nao, en la costa oriental de la Península Ibérica, fue evidentemente una de las primeras utilizadas por los griegos (chalkidios o rhodios) en sus viajes y prospecciones por los mares del occidente mediterráneo. Era, además de la más cómoda por ser directa, la más fácil por eludir las costas etruscas y ligúricas y ser el camino natural señalado por las corrientes y vientos.

En el Occidente, la ruta marítima del vado de islas está atestiguada por topónimos emparentados sin duda con algunos de Asia Menor.

Tan numerosos como en Italia y Sicilia son también en la península ibérica y sus islas mediterráneas los topónimos antiguos acabados en oussa

Partiendo indistintamente de uno o de otro foco colonial griego, el primer escalón o tramo del puente insular de la vía que llega hasta las costas de la península ibérica, era Cerdeña, que en tiempos remotos, dicen los textos, llevó el nombre de Ichnoussa.

El salto a las Baleares está atestiguado por los antiguos nombres conservados de sus islas. Así, los viejos testimonios escritos citan los de Meloussa, Kromyoussa, quizás Mallorca y Menorca respectivamente; Pityoussa, Ibiza, Ophióussa, Formentera; del archipiélago balear pasaba este itinerario en oussa a las costas de la península donde se situaba  Oinoussa? (en Livio, XXII, 20, 3, en forma de Onusa, pero que en Polyainós, VIII, 16, 6, aparece como Οινουσσα); sigue en el sur andaluz un supuesto "akra Pityousses" (Avienus, 435). Pasadas las Columnas Herákleias, una isla Kotinoussa, quizás Gades , y una bahía Kalathoussa, la de Huelva?. 

El mismo Tartessós (Tarschisch para los fenicios) muestra una terminación característica de la toponimia del sudoeste del Asia menor, precisamente en la zona continental más próxima a Rhodos. 


Como aquellos nombres en oussa tienen origen en Asia menor, se vio en ellos una excelente prueba de lo que los textos decían acerca de la colonización phókaia (focea) en el Occidente. 

Sin embargo, la ruta es muy anterior a los focenses y debe datarse en los tiempos de las primeras navegaciones de los chalkiclios y rhodios (siglos IX-VIII). 

Garcia Bellido da esta razones: 

En primer lugar los nombres en oussa parten en rigor de la colonia jonio-chalkidia de Kyme (en el sur de Italia), o de las sicilianas, donde abundan las terminaciones en oussa, siendo, por tanto, de los tiempos de la fundación de las colonias (siglo IX-VIII) y, por lo tanto anteriores a los focense

Históricamente hay, además, un argumento, dice Garcia Bellido, para considerar los topónimos en oussa como anteriores a los focenses: el establecimiento de los carthagineses en Ibiza a mediados del siglo VII (654 a. de C.).


Este movimiento estratégico amenazó de modo tan audaz esta antigua vía que los nautas griegos hubieron de abandonar la cómoda vía interinsular y buscar otra más segura por el norte, costeando las playas levantinas de la península para enlazar en el cabo de la Nao con la Vía Tartessia. Por lo tanto, esa ruta en oussa era anterior al año 654 a. de C.

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(Según García Bellido éste es precisamente el estado de cosas que refleja el periplo, base de la "Ora Marítima" de Avieno, el cual desconoce de modo harto sorprendente la verdadera composición del archipiélago balear y la existencia de una ruta comerial. Otros acercamientos más recientes a este tema relacionan la información que maneja Avieno con  rutas fenicias, p.e.)

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Se hace evidente a partir de todo esto el interés de los navegantes procedentes del Mediterráneo oriental por controlar las costas del Mediterráneo occidental. 

La llegada a la península ibérica de fenicios y griegos fue motivada por la enorme riqueza en metales de ella (riqueza ya explotada en parte en el Eneolítico y conocida en todo el Mediterráneo durante la Edad del Bronce).

Puede decirse que la fama de la Península en la antigüedad radicaba más que en otra cosa en su fabulosa riqueza mineral. 

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Las alabanzas a Hispania contenidas en los escritores helenísticos y romanos insisten singularmente en ella. Polybio, Artemídoro, Poseidonio, Strabon, Diódoro, Livio, Trogo, Marcial y Plinio dejaron frecuentes testimonios de la riqueza y desarrollo de la minería en este territorio. 

Imagen relacionadaEn la época romana será célebre el oro del noroeste (Str., III, 2, 8), que en un año, según Plinio (XXXIII, 78), produjo nada menos que 20.000 libras, en su mayoría de Asturias; el cinabrio y mercurio de Almadén, la antigua Sisapon; el hierro del Moncayo y de la Bética, así como el de Vizcaya, que es citado por Plinio, son también recordados.

El cobre de la región de Huelva (s. Estrabón) era explotado ya desde tiempos remotísimos y constituyó una de las bases económicas de Tartessós,

El plomo de la región de Linares es mencionado por Strabon  y Plinio; el estaño, de tanta importancia para la obtención del bronce, se explotaba en España desde tiempos atrás; la mayoría del estaño que se embarcaba en Tartessós por fenicios y griegos era de procedencia portuguesa, gallega y asturiana, donde hay que situar el primitivo emplazamiento de las Kassiterides.


Finalmente la fama mayor de la Península procedía de sus inagotables minas de plata. Acerca de ellas corrían en la antigüedad leyendas fabulosas, como la de los Pirineos, que tras un incendio en sus bosques manó abundante plata fundida, o narraciones más verosímiles, como la de los mercaderes fenicios, que por no desperdiciar peso partían de España con anclas de plata, o reales como los 1.500 kilos de plata que llevó a Samos el navarca Kolaíos (s. Heródoto).

Dice Polybio que los romanos obtenían de las minas de Cartagena, ya explotadas también por los Barcas intensamente, 25.000 drachmas diarias de plata y que en su tiempo (siglo II a. de C.) trabajaban ¡cuarenta mil hombres! en ellas. Estrabon dice que los turdetanos, es decir, los tartesios, tenían objetos de uso común, como toneles y pesebres, de plata.

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Queda clara pues la importancia que en la época romana tuvo la explotación minera de España y se puede deducir por ella la que pudo tener en la época de la colonización griega.

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En la Biblia se mencionan repetidamente las riquezas minerales que, en viajes regulares, solían traer las naves llamadas de Tarschisch. Oro, plata, plomo, estaño y hierro son los minerales enumerados. 

Entre los testimonios griegos más antiguos, contemporáneos de las primeras navegaciones al Occidente, se citan los mismos metales. Con una envoltura todavía mítica Hesíodo, coetáneo de las navegaciones anteriores a las phókaias, cita en su Theogonia (hacia el 700) "las hermosas manzanas de oro" del Huerto de las Hespérides, sito "más allá del ilustre Océano", a Chrysaor, "la espada de oro" , el palacio "con columnas de plata que llegan al cielo", mansión de la terrible Styx.

Hacia el 630, es decir, antes de que Stesíchoros escribiese su poema, había tenido ya lugar el famoso viaje del samio Kolaíos a Tartessos, de donde regresó cargado de más de 1.500 kilos de plata a Samos, en cuyo Heraion consagró por ello un gigantesco trípode a la diosa.

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El periplo base de la Ora Marítima de Avienus, anterior a Alalia (hacia el 535), citaría el Mons Argentarius  en la región de Tartessos y el río portador del estaño que lleva el metal hasta las murallas de Tartessos.

El mismo contenido que en el periplo vemos en una referencia de origen remoto contenida en un fragmento de Stephano de Bizancio, en el que el río Tartessos figura de nuevo como fluyendo de una montaña de plata y acarreando en sus aguas hasta la ciudad el preciado estaño. Éphoros (siglo IV), haciéndose eco de citas antiguas recuerda a Tartessos "que lleva el estaño arrastrado por el río, así como el oro y el bronce".
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En estas fechas, anteriores a las navegaciones phókaias (focenses),  había pues ya una clara referencia a los metales de la península ibérica. Ellos parecen ser entonces el objetivo principal de las arriesgadas aventuras marítimas de fenicios y griegos en el extremo occidental del Mediterráneo, y luego motivo de estrategias geopolíticas, que finalmente acabarán, a finales del siglo III a. de C., enfrentado a Cartago y Roma. 
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Con todo, las navegaciones de los focenses tienen interés por sí mismas.
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La colonización phókaia en España desde los orígenes hasta la batalla de Alalíe 

Garcia Bellido
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La nueva etapa de colonización del Mediterráneo occidental, en el siglo VII a. de C., no corresponde a los rodios sino a los focenses.

¿Cuál es el contexto en el momento en el que los focenses se deciden a emprender aventuras colonizadoras?

El sur de Italia y Sicilia están ya ocupadas por rodios y colonos de otras metrópolis.

Etruria y Cerdaña están prácticamente vedadas a la colonización.

Liguria es poco acogedora.

Sólo quedan pues la Provenza francesa y la península ibérica. Aunque existían algunas factorias ya establecidas, centros de intercambio comercial con los indígenas, parece que hay campo suficiente para entrar. No hay en estos territorios un monopolio comercial. Sin embargo el paso más allá de las columnas de Hércules, el estrecho de Gibraltar, es expuesto ya que sus márgenes están controladas por los cartagineses.

Desde el punto de vista técnico, los focenses aumentan sus posibilidades de aventuras más lejanas usando menos los barcos pesados de carga en favor de los pentecóntoros, navíos de cincuenta remos.

Una fecha clave será la fundación de Massalia (Marsella) en el año 600 a. de C.

Por otro lado, a pesar de las dificultades impuestas por los cartagineses, los foceses, si se atiende al relato de Herodoto, lograron una relación muy amistosa con el rey Argantonio de Tartesos.

La caída de Focea, la metrópolis de los focenses, en el año 546 en el que Jonia es conquistada por los persas, marca el final de la colonización focense. 

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Mainake, la colonia Focea perdida entre Málaga y AlmuñécarUna ruta tan larga, conpunto de destino en Tartessos, necesitaba de escalas. Mainake es la colonia griega más cercana a Tartesos. 

Otro punto de escala natural es Hemeroscopeion en el cabo de la Nao.

Lo que no lograron lo focenses nunca fue liberar el paso por el estrecho, siempre bajo control cartraginés. La ruta entre Mainake y Tartesos pudo ser principalmente terretre. Gadir (Cadiz) fue siempre púnica. 

Los puntos de control de los púnicos, conjuntamente con Gadir, son Ibiza (desde 654 a. de C.) y Cerdeña, bloqueando la ruta de las islas y el estrecho.

Resultado de imagen de alaliaLa fundación de Masalia, posterior a la de Mainake y Hemeroscopeion, en el 600 a.de C., puede entenderse como la preparación de una retirada estratégica hacia el norte.

Una vez desplazado el foco de atención hacia el norte, el posicionamiento en Córcega pasa a ser también importante. Ahí entra la fundación de Alalia (hacia el 560 a. de C.), que acabará generando un grave conflicto. Pero la intención de mantener relaciones con el sur de la península ibérica permanece y de ahí la fundación también de Ampurias en el 550 a.de C., y el establecimiento de puntos menores de escala, como Salauris (Salou), al norte del Ebro, en la ruta hacia el sur.

Estos movimientos de los focenses son en parte facilitados por una debilidad púnica como consecuencia de la pérdida de contacto con su Metrópoli fenicia, Tiro, en el año 573 a. de C.

Para Diodoro, entre ese año y el año de la batalla de Alalia (535 a. de C.) , en la que los focenses son derrotados por los púnicos, puede hablarse de una talasocracia focense, de 38 años de duración. 

Paralelamente a como Cartago sufre un debilitamiento al perder la metrópolis, lo mismo le sucede  a las colonia focenses como consecuencia de la pérdida de Focea en el 546 a. de C. Tanto es así que su aliado en Tartesos, Argantonio ofrece a Focea la posibilidad de que la población se traslade en masa a Tartesos, lo cual es rechazado. Se admite en cambio la ayuda económica, que no resultará eficaz.

Es clara la apuesta de Tartesos por los focenses como contrapeso a la presión de los púnicos en Gadir, que está demasiado cerca. La alianza permanece mientras Argantonio  (o su dinastía) vive, y decae después de su muerte. 

El paralelismo entre Focea y Tiro se extiende al papel que juegan Cartago y Masalia, como cabezas de los fenicios y focenses, después de la caída de las metrópolis respectivas, que quedan entonces los unos como cartagineses y los otros como masaliotas.

Se corresponde bien con la lógica de los acontecimientos que una vez que Massalia se pone a la cabeza de los focenses y se pierda la estrecha alianza con Argantonio, y que ésta se centre en su ámbito más cercano en el norte del Mediterráneo, se deje la posición de Mainake. La posición de Mainake no la heredan los cartagineses, que eligen Abdera, con más cercanía, incluso visual, a África.
----------------------------------------------------------------------------------------Para información arqueológica actualizada hasta 1990:

HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA Y AMERICA

DE LA PROTOHISTORIA A LA CONQUISTA ROMANA

Ed. Rialp. 

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Es compatible también con este contexto que a partir de la batalla de Alalia los focenses, ya encabezados por Massalia, empiecen a confinarse al norte del Ebro, con Ampurias como emplazamiento principal al sur de los Pirineos.

Es compatible también, no obstante, con que se conserve la posición de Hemeroscopeion en el cabo de la Nao, para mantener en la medida de lo posible una vía de comunicación terretre entre el cabo de la Nao y Tartessos, manteniendo el monopolio todavía sobre el comercio del mercurio.
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En el siglo V se produce la decadencia de Massalia.


Resultado de imagen de emporionPor el sur, el comercio púnico va ascendiendo hasta el Ebro y más arriba. Por otro lado, en el espacio propio de Massallia se introduce Alalia, ubicada en Córcega, (desde el 565 a. de C.). 

Ampurias (Emporion), sin embargo, se beneficia de esta nueva situación, encontrando un ámbito comercial marítimo y terrestre propio, que tiene que disputarse con el comercio púnico que va ascendiendo por la costa. Una disputa en la que parece que Ampurias es vencedora en su ámbito, de momento.

Pero ese no es desde luego el final. Cartago tiene aun mucho recorrido por hacer y por supuesto Roma, con complicados cruces de tratados y alianzas.
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Massalia se hixo pronto aliada de Roma. Después, en el 348 a. de C., Roma y sus aliados firman un tratado con Cartago.

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martes, 15 de mayo de 2018

SARTRE, MARCUSE Y EL MAYO DEL 68

Jean Paul Sartre y Herbert Marcuse fueron durante las revueltas de mayo del 68 en Francia, dos de las referencias principales de los estudiantes y también de los trabajadores. Ahora en el siglo XXI ambos, aunque aparecen en los manuales de filosofía, no son los filósofos que han quedado como los más influyentes del siglo XX, un lugar que está siendo ocupado por Heidegger. Por qué fueron influentes entonces y por qué han dejado de serlo ahora, es sin duda una cuestión a la que vale la pena acercarse.

La brecha generacional y Sartre

El contexto histórico de los años anteriores al 68, y especialmente el de ese mismo año, es sin duda apasionante. Pero el contexto social tiene aun si cabe más interés para el caso.

Lo que hay en ese momento es una clara brecha generacional entre la generación que había vivido la guerra y la generación que había nacido después de 1945. En 1968, incluso los estudiantes de último curso habían nacido ese años (Daniel Cohn Bendit, p.e.).

El distanciamiento entre esas dos generaciones se manifiesta sobre todo en los modelos, estereotipos o patrones de vida que unos y otros quieren seguir. Los que vivieron la guerra tuvieron muchos de ellos biografías frustradas, con proyectos vitales que no pudieron desarrollarse del modo en que hubieran deseado. Esa generación, que ahora son padres, quieren trasladar sus preferencias en cuanto a estilo de vida a la generación de sus hijos, algo que éstos no están dispuestos a asumir. Unos quieren que los otros sean lo que ellos no pudieron ser, los otros tiene sus propios proyectos vitales, que quieren ante todo que sean distintos de los que están disponibles para ser heredados.

Esta brecha generacional es especialmente intensa en los Estados Unidos, donde se expresará en forma de movimientos contraculturales. en Francia, tendrá sin embargo unos ingredientes específicos que harán estallar las revueltas en el mes de mayo de 1968.

El pensamiento filosófico de Jean Paul Sartre está en condiciones de aportar el soporte conceptual necesario para componer un discurso que permita hacer explícitas las reivindicaciones de la nueva generación de estudiantes.

Sartre toma la forma de expresarse y parte de la terminología de la fenomenología de Husserl y Heidegger, componiendo su propio aparato conceptual. Distingue entre modos de ser. El ser de un roca es distinto de ser humano. Para el primer modo vale la expresión SER EN SI; sin embargo el modo de ser de un humano es un SER PARA SI. Con esta segunda expresión quiere destacar el hecho de que los humanos tienen conciencia, una conciencia libre de dirigir su intencionalidad hacia un objeto que puede ser él mismo.

Por otro lado, no hay para Sartre un artesano de mundo (un dios), ya sea al estilo platónico o al estilo cristiano, que modele un ser humano y le dote de una naturaleza, de un esencia. No hay una naturaleza humana predefinida. No hay una esencia humana previa a su existencia. 

si unimos estos dos postulados, que la conciencia es libre y que no hay una naturaleza humana, entonces ya tenemos el apoyo que se necesita para defender que no hay patrones ni modelos que se correspondan con una autentica manera de ser humano, que hay libertad para elegir el propio proyecto de vida. De hecho, esa libertad es incluso imperativa. Sartre habla de la condena a la libertad, que ante la ausencia de modelos que seguir puede conducir a la angustia.

El texto en el que se expresa este pensamiento (de 1943) tenía ya más de veinte años en el tiempo de las revueltas y podía ser por lo tanto ampliamente conocido, no obstante, para que estas ideas pudieran se asimiladas por un colectivo extenso tenían que ir acompañadas de una narrativa existencialista desarrollada en el teatro, la novela, el cine y el arte en general, y por supuesto en la moda.

La crítica a la sociedad industrial y Marcuse

Un ingrediente todavía más importante que el existencialismo de Sartre es la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, en la versión de Herbert Marcuse.

Marcuse había escrito ya en 1955 un libro muy influyente, Eros y Civilización; un texto que tomada conceptos del psicoanálisis de Freud. 

Para Freud existe un malestar en la cultura debido a que el principio de realidad se impone al principio de placer como condición necesaria  para que una sociedad funcione. La que corrige Marcuse es que hay un exceso de represión en la sociedad industrial, que no es necesario coartar tanto las libertades para que sea posible la convivencia. Ese exceso de represión, la represión sobrante, beneficia a la clase dirigente y perjudica a conjunto de la sociedad.

Lógicamente, esta denuncia del exceso de represión, especialmente la referida a los comportamientos y estilo de vida, apoyaba el discurso de las revueltas. De hecho, la revuelta estudiantil tiene sus comienzos denunciando la compartimentación de residencias y colegios mayores, reivindicando la estancias mixtas. 

Pero el texto que representa mejor el discurso de las revueltas, sobre todo a medida que van pasando los días y se unen estudiantes y trabajadores, es un texto de 1964, El Hombre Unidimensional.

Aquí se hace una crítica profunda del modo de racionalidad vinculada con la sociedad industrial: la racionalidad técnico-instrumental, como la responsable del modo jerárquico en el que ésta se organiza. Esa racionalidad orientada a medios más que fines, favorece la existencia de elites tecnocráticas y somete a la indignidad a los trabajadores que son instrumentalizados, y que sienten esa indignidad como falta de respeto expresada en forma de salarios más bajos de lo que les correspondería en función de lo que verdaderamente aportan a la producción.

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El denominador común entre Sarte y Marcuse está en que ambos llevan un apellido. El existencialismo de Sartre es marxista y el Marcuse es un frankfurtiano marxista. Sartre cree que la libertad puede desarrollarse en un régimen comunista, mientra que Marcuse plantea el conflicto entre la elite tecnocrática y los trabajadores como lucha de clases. 

En la medida que las soluciones políticas iban vinculadas a los presupuestos filosóficos, las filosofías de Sartre y Marcuse quedan como filosofías periclitadas. Ahora bien, la libertad planteada en los términos en los que Sartre lo hace y la crítica a los modos de racionalidad que imperan en un sociedad industrial. son aparatos conceptuales potentes que no deben ser desechados sin más.

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jueves, 19 de abril de 2018

PEAK CAR. PLANIFICACIÓN A LARGO PLAZO Y CAMBIOS NO PREVISTOS DE TENDENCIA. INGENIERÍA SOCIAL Y PROSPECTIVA.


Resultado de imagen de grandes ciudades circulación rodadaExiste una relación evidente entre el tamaño posible de una ciudad y la velocidad del transporte, que se deriva de los tiempos máximos que se está dispuesto a dedicar en los desplazamientos, sobre todo en el desplazamiento desde la vivienda al trabajo. Este tiempo máximo se suele fijar en un hora.

Desde los años cincuenta el uso del vehículo privado ha hecho posible que se ampliase el diámetro del área ocupada por una gran ciudad.

También es evidente al día de hoy la relación entre transporte con vehículo privado y consumo de petroleo.

Por otra parte, sobre todo desde 2007, año en el que se consolida la aceptación del cambio climático, se añade a la preocupación por la reservas de petroleo, la preocupación por el efecto del transporte sobre la emisión de gases de efecto invernadero  (GEI) y por lo tanto sobre el calentamiento global del planeta.

Ambas cosas, la escasez y petróleo las emisiones de GEI, convierten el asunto del transporte en las grandes ciudades en un tema crítico.

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David Metz Centre for Transport Studies University College London 

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Resultado de imagen de londresDe la misma forma que se ha definido el concepto de  peak oil (cenit del petróleo), puede definirse análogamente el concepto de peak car. 

Las evidencias indican que ya ha pasado el punto más álgido del uso del automóvil, que habría tenido lugar en los noventa.

Los datos indican que en  Londres el desplazamiento en vehículo privado estaría en 2014 en un 37% del total de desplazamientos, frente al 50 % de 1994. Se espera que esta tendencia continúe de tal modo que en 2050 los desplazamientos en coche hayan bajado hasta el 27% del total de desplazamientos. Eso significa que aun teniendo en cuenta el aumento de la población, el transporte en coche sea en 2050 la mitad del actual.
Resultado de imagen de londres
Las observaciones parecen indicar que los datos de Londres son extrapolables a otras grandes ciudades.

El ejemplo de Londres sugiere que llevando el transporte en coche al 30% del total de desplazamientos, a costa de aumentar el ferrocarril-tranvía-metro-bus-bici, la ciudad podría funcionar.

Ahora bien, aunque la ciudad funcione en el sentido de que la gente puede ir de un sitio a otro en tiempo razonable ¿es esto suficiente desde el punto de vista del cambio climático? ¿se puede disminuir el total de desplazamientos?

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial la tendencia ha sido hacer la ciudad más extensa, menos densa ¿Se puede revertir este proceso? 

Para contestar esta última pregunta hay que analizar qué tipo de gente puede verse interesada en vivir en el centro.

En general, lo que hay que ver es cuáles son las tendencias en los cambios de comportamiento. Estas tendencias apuntan hacia una disminución del uso privado y con ello la disminución de gases de efecto invernadero. 

Si este factor del problema parece en principio favorable, ¿qué sucede con el factor tecnológico? ¿Son esperables innovaciones tecnológicas en los vehículos?

El factor tecnológico

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Desde el modelo T producido por Ford hasta ahora no se aprecian grandes cambios sustanciales. El camino hacia un vehículo eléctrico tiene una limitación importante en la recarga de la bateria.  la implantación del vehículo eléctrico tiene sin duda efectos directos sobre la emisión de GEI, pero habrá que ver de dónde procede en última instancia la electricidad para valorar el balance final. 
Resultado de imagen de tranvia futuro ciudades
Una innovación tecnológica interesante es la que anuncia vehículos autónomos, que las grandes ciudades podría traducirse en taxis conducidos por robots.


Con todo, las innovaciones que pueden inducir cambios más importantes son las que pueden venir de la sustitución de la circulación libre en la calzada, a la circulación guiada por carriles.
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Resultado de imagen de vivir en el centro o en las afueras
Planificación y cambios no previstos de tendencia

Planificar a largo plazo puede ser una tarea en la que se pueden cometer errores de bulto. 

Pueden quedar fuera de las variables con las que se planifica aspectos fundamentales que son difíciles de prever y que sólo se manifiestan cuando ya se están produciendo. 

Que se tienda a preferir menos el uso del vehículo privado y que se prefiera vivir en el centro de la ciudad no son tendencias que se previeran en los ochenta.

El problema es que los proyectos que hacen falta para cambiar por ejemplo de un esquema con grandes anchos de calzada a uno con circulación sobre raíles, suponen grandes inversiones y plazos dilatados. Equivocarse en una planificación de este tipo tiene graves consecuencias. 

Una opción es hacer ingeniería social, es decir, inducir la tendencia que se desea que sean seguidas, desde las instituciones controladas por el gobierno. Eso requiere diseñar un plan sofisticado que abarque muchos aspectos de la vida social. Requiere también constancia en el empeño (que no es lo normal en las democracias con alternancia de partidos); y sobre todo, tiene implicaciones éticas de calado.

La otra opción es hacer un análisis prospectivo de las tendencias sociológicas. Un análisis muy complejo que se vuelve casi inabordable cuando todo empieza a cambiar muy rápido y con muchos focos en los que se inician cambios. 

En la práctica, la tentación de la ingeniería social se vuelve irresistible para los gestores públicos, pero incluso más para los gestores privados que no quieren tampoco hacer grandes inversiones en algo que tenga demanda futura. El modo de asegurarse la demanda, tanto pública como privada, es forzar las preferencias, hacer que la gente sienta lo que se quiere que sienta, en todas las circunstancias de la vida. La publicidad (incluida la institucional) hace eso todo el tiempo.
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